Desde mis primeros años de formación como Ingeniero, empecé a construir la tesis de que la Energía es el Corazón del Desarrollo, puesto que en todas las estadísticas de los países responsables con el crecimiento de su PIB se observa que, a medida que aumenta éste, se incrementa proporcionalmente su demanda de energía y esto ha ocurrido desde hace muchos años y sigue ocurriendo. En consecuencia, se puede concluir que la Energía y la Economía van de la mano.
En ese contexto, cuando se quiere estudiar la energía desde una perspectiva económica, se debería primero dar respuesta a qué es la energía en cuanto y en tanto objeto de estudio de la economía. Es fundamental tener en cuenta que la producción, transformación, distribución y consumo de energía tienen como finalidad la satisfacción de necesidades. Tales necesidades energéticas se han traducido históricamente en ciclos de desarrollo sucesivos que estuvieron asociados a diversas fuentes: la madera, el viento, la hidráulica, el carbón, el petróleo, el gas natural, la energía nuclear, la energía solar, etc. Por lo dicho, la energía es un medio para la satisfacción de necesidades que se manifiestan en las siguientes cinco grandes categorías: necesidades térmicas, de fuerza motriz, de iluminación, de materias primas y tecnológicas, incluyendo la IA.
Es decir, que la energía es un bien que puede contribuir en combinación con otros bienes y servicios a la satisfacción de las necesidades del hombre que vive en sociedad. La energía, desde este enfoque, se la puede considerar actividad de base de la economía. Es decir, una actividad que sostiene todas las labores productivas, así como los consumos finales. Consiguientemente, la energía tiene una serie de características que hacen conveniente enfocar su estudio desde varias dimensiones que se interrelacionan: la dimensión económica, la dimensión política, la dimensión legal, la dimensión física, la dimensión tecnológica, y la dimensión ambiental.
Finalmente, debemos concluir –en concordancia con el Banco Mundial– que la energía es el pilar de una economía moderna. Posibilita las inversiones, las innovaciones y las nuevas industrias que impulsan el empleo, el crecimiento inclusivo y la prosperidad compartida en un planeta habitable. Es necesario ampliar el acceso a la energía y, al mismo tiempo, cumplir con los objetivos climáticos aumentando las inversiones en eficiencia energética y energías renovables que permitan la reducción gradual de los combustibles fósiles.
El autor es M.Sc. Ingeniero.
