El despiadado y carismático magnate europeo: un arquetipo claramente diferente de sus homólogos estadounidenses, una figura aún más grandiosa, casi mítica, en el contexto de la extraordinaria transformación que vivió el continente durante la posguerra. En la actualidad, en 1950, nos encontramos con Anatole “Zsa-zsa” Korda (Benicio del Toro): uno de los hombres más ricos de Europa y uno de los negociadores más codiciados de todos los continentes; capitalista despiadado, industrial y diplomático de facto; un trotamundos con varios pasaportes, pero sin domicilio fijo, sujeto a pocas fronteras y aún a menos reglas. Aunado a lo anterior, un hombre de gusto exquisito y curiosidad sin límites; un coleccionista incansable de antigüedades y tesoros naturales que recorre el mundo siempre acompañado de un libro y un tutor personal (además de, por si se presenta la necesidad, una caja de granadas de mano).
Dotado de calma, elegancia, astucia y talento, Zsa-zsa evoca a varios magnates ladrones estadounidenses del siglo XX que construyeron ferrocarriles y acapararon mercados, y a los titanes extranjeros que transportaron petróleo a través del desierto —creando los primeros modelos de los bucaneros multimillonarios que aún dominan las industrias hoy en día. “Un cierto tipo de empresario que siempre quiere cambiar de rumbo”, dice el escritor, productor y director Wes Anderson, “y que tiene muy poco compromiso de honrar la verdad”. Zsa-zsa es inescrutable e incognoscible, como muchas representaciones cinematográficas de impresionantes hombres de la industria, siendo el gigante de todos ellos Orson Welles como Charles Foster Kane, entre muchos otros en la historia del cine (incluido el menos conocido señor Arkadin en la película homónima dirigida por Welles, un personaje aún más misterioso que Kane). Los personajes son amalgamas de gánsteres, de aquellos que mueven los hilos entre bastidores, de camaleónicos y brutos que consiguen lo que quieren por su voluntad y una legalidad cuestionable; a veces hombres horribles, pero a veces redimibles y, a menudo, incluso heroicos. Aunque, por ahora, queda por ver qué es Zsa-zsa.
“El principio de la historia fue intentar inventar algo sobre uno de estos magnates europeos de los años cincuenta como Onassis o Niarchos”, señala Anderson. “Yo había leído sobre Árpád Plesch y Calouste Gulbenkian, y también sobre Gianni Agnelli”.
Lo que comienza como la historia de un héroe solitario, muy pronto se revela como algo mucho más rico y profundo. En muy poco tiempo conocemos a Liesl, y lo que resulta evidente de inmediato es que este será el viaje de dos personas con caminos separados, pero completamente entrelazados. En términos sencillos, esta es la historia de la nueva relación entre un padre y una hija. “Zsa-zsa decide estratégicamente que necesita recuperar a su hija porque ella le será útil para sus intereses económicos”, afirma Anderson. “A lo largo de la película, a medida que sigue siendo amenazado y lucha contra las circunstancias cambiantes y los nuevos enemigos, su estrategia comienza a desmoronarse y es sustituida por la aspiración de ser un padre”.
Del Toro es mucho más directo en su análisis: “La relación padre-hija es el tema central de la película”. Recuerda una escena clave entre Zsa-zsa y Liesl en la que Anderson le pidió que mirara directamente a la cámara, a pesar de que Threapleton estaba sentada a su lado. Funcionó maravillosamente. “Es casi como si estuviera hablando con el público. Hago que todos los espectadores sientan lo que Zsa-zsa siente por Liesl”.
Además de las inspiraciones de la vida real y las cinematográficas, Wes Anderson tenía una conexión personal con el tema que añadió otra capa a la creación de Zsa-zsa Korda. “Ese tema podría tener algo que ver con el hecho de que tengo una hija”, afirma “y supongo que los aspectos padre-hija también reflejan al padre de mi esposa Juman, el empresario libanés Fouad Malouf; y las experiencias de ella con él, y también las mías propias. En cierto modo, él es la primera inspiración para la película. Hay algo en Zsa-zsa que está totalmente arraigado en Fouad”.
Los pintorescos personajes que habitan el mundo de Zsa-zsa, fundamentales para el esquema, también se inspiraron en parte en personas del entorno de Fouad Malouf, a quien está dedicada la película. Anderson expresa: “Esto se inspiró en parte en el círculo de colegas de Fouad, y se nos ocurrió que algunos de ellos se especializarían en determinadas tareas de este gran proyecto de infraestructura: un magnate naviero, un reino, ferroviarios. Él tenía su empresa, su equipo y una serie de colegas. Le pregunté cómo eran y me respondió: ‘Todos ellos, unos leones’”.
Ha habido otros personajes decididos en las películas de Anderson, cuyo propósito (y búsqueda de la redención) a menudo se anuncia con su nombre en el título: Royal Tenenbaum y sus hijos, el cazador de tiburones Steve Zissou y el vengativo señor Fox. Pero todos sus deseos juntos no pueden igualar la magnitud de lo que Zsa-zsa desea. Esta es una nueva creación, instantáneamente icónica, de Anderson.
