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Explotaciones inmisericordes (Irán)

Bolivia posee un gran número de minerales raros (es decir, elementos químicos estratégicos que sirven para fabricar artefactos tecnológicos) que a nivel mundial son muy codiciados. En una reciente exposición de la Fundación Milenio en torno al potencial minero que tiene Bolivia, el experto en minería Jaime Villalobos dijo que Bolivia posee 31 de los 38 minerales estratégicos identificados por Estados Unidos para la transición energética.
En los últimos días, el Gobierno boliviano abrió las puertas a Irán para explotar tierras raras en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Según informó el viceministro de Minería, Ismael Rodríguez, Irán podrá explorar tierras en Ayopaya (Cochabamba), Palca (La Paz) y el cerro Manomó (Santa Cruz). A cambio, según el Gobierno nacional, Irán proveerá a Bolivia tecnología y capacitación de personal. No obstante, la iniciativa despertó alertas por el impacto ambiental que todo ello pueda ocasionar, pues los reactivos químicos que puedan generar desechos tóxicos serían una amenaza para los pobladores de esas regiones. Como la falta de transparencia es una de las características de este régimen, no se puede saber a ciencia cierta cuánto pueda ser el daño ocasionado, en caso de concretarse aquellos acuerdos.
Desde 2009, durante el Gobierno de Morales, Bolivia se fue acercando a Irán, una autocracia fundamentalista criticada por países con democracias liberales, debido a sus políticas que vulneran derechos humanos (como el matrimonio infantil) y por tener un ambicioso programa nuclear. Y el Gobierno del MAS, en todos estos años, ha predicado en el país y el extranjero un discurso de defensa de la Pachamama (Madre Tierra) y los derechos humanos, achacando la culpa de la degradación del medioambiente y los derechos de los marginados al capitalismo colonialista y al imperio. Sin embargo, a la hora de la hora, el discurso se quedó solamente en eso: palabras huecas que nada tienen que ver con la conducta real.
Los regímenes autocráticos de Rusia, China y ahora Irán han puesto los ojos en los recursos naturales de Bolivia, y el régimen boliviano les ha ido abriendo las puertas solamente porque aquellos dicen ser de izquierdas. Es decir, por pura ideología. No importa que aquellos regímenes no brinden estudios de impacto ambiental serios y transparentes, lo que interesa es el dinero rápido. Al final, el uso de la razón utilitaria se impone, colocando los fines trascendentales en un plano muy inferior, o en ninguna parte.
La empresa rusa Uranium One Group y el consorcio chino CBC ya suscribieron contratos con el Gobierno de Arce para la explotación de carbonato de litio, sin que aspectos técnicos como el impacto ambiental o la inversión o devolución a las compañías extranjeras estén claros. Y hasta ahora los esfuerzos de algunos legisladores y activistas por el medioambiente han sido insuficientes para frenar la iniciativa de las empresas y el MAS “arcista”. Todo esto es ciertamente consecuencia directa de la falta de democracia que se vive Bolivia en estas últimas décadas.

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