La normalidad en la provisión de carburantes que pregona la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) contrasta drásticamente con la realidad que viven día a día los conductores en el eje central del país. Largas e interminables filas de vehículos son recurrentes en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, evidenciando un persistente problema de acceso a diésel y gasolina que la estatal petrolera insiste en minimizar.
En la sede de Gobierno, la situación es cada vez más tensa. Las estaciones de servicio que aún operan se ven desbordadas por una demanda que supera con creces su capacidad.
Conductores paceños relatan horas de espera infructuosa, llegando incluso a pasar toda la jornada en una fila con la incertidumbre de si podrán finalmente llenar los tanques de sus vehículos.
“Llevo desde las siete de la mañana aquí y son casi las tres de la tarde. Dicen que ya va a llegar la cisterna, pero nadie nos asegura nada”, comentó visiblemente molesto un taxista en la zona de Miraflores. Peor aún, estaciones de servicio estratégicas como las ubicadas en la calle 21 de Calacoto y la avenida 35 de Cota Cota permanecen inexplicablemente cerradas, exacerbando la desesperación de los ciudadanos.
La situación en Cochabamba no es menos preocupante. Si bien el Día del Peatón de ayer ha provocado el cierre temporal de los surtidores, la realidad es que las filas ya eran extensas en los días previos.
Ahora, la preocupación de los transportistas se centra en la incertidumbre de si podrán abastecerse el lunes, temiendo que la demanda acumulada prolongue aún más las esperas.
“Es increíble que tengamos que vivir con esta angustia constante. Uno no sabe si mañana podrá trabajar o siquiera movilizarse”, lamentó un transportista cerca de la avenida Blanco Galindo.
Santa Cruz, motor económico del país, tampoco escapa a esta crisis. Conductores que salían de un surtidor en el segundo anillo y la avenida Santos Dumont confirmaron esperas superiores a las dos horas. Este testimonio se suma a las crecientes denuncias de largas colas en diferentes puntos de la ciudad, afectando la productividad y generando malestar en la población.
Mientras la ciudadanía sufre las consecuencias de este aparente desabastecimiento, la insistencia de la ANH e inclusive de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) en calificar la situación como “normal” resulta, cuanto menos, desconcertante.
Largas filas por combustible en eje central contradicen versión oficial de ANH
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