En los últimos días se ha logrado dar un paso decisivo hacia las elecciones generales de agosto venidero. Se inscribieron cinco alianzas y once partidos políticos, ante la Secretaría de Cámara del Tribunal Supremo Electoral (TSE), en el marco del cronograma respectivo, según informaciones proporcionadas por las autoridades correspondientes.
Lo hicieron en medio de amenazas que buscarían paralizar el proceso electoral. Con tal actitud parece que estuvieran respaldando subrepticiamente el prorroguismo. Que da a entender un retroceso en materia política e ignorar el Estado de Derecho, vigente desde hace aproximadamente 40 años. E interrumpir la alternabilidad en el Poder. Entorpecer el histórico curso de la democracia boliviana, recuperada el 10 de octubre de 1982. Sistema que fue restituido gracias a la heroica participación del movimiento popular, en épocas de dictaduras. Lo hizo con gloriosas acciones, no con discursos demagógicos, arriesgando la propia vida, inclusive. Soportando persecución, encarcelamiento y ostracismo. Entonces sobrevino la transición pacífica de la dictadura a la democracia.
Amenazas que tendrían como trasfondo aceptar precarias condiciones de vida, por la pérdida del poder adquisitivo. La elevación del precio de la canasta familiar. Los sueldos y salarios no cubren las necesidades más elementales ante una devastadora crisis económica. Las irrisorias rentas de los sectores jubilados, quienes están sometidos a un régimen de austeridad. La ausencia del dólar que provoca serios problemas al comercio, a la industria y a los productores. La escasez de hidrocarburos, entre otras cosas. Los deficientes servicios de salud, que tocan fondo. El encarecimiento de los medicamentos, que provoca pavor en las personas que adolecen males crónicos.
La población espera, en este marco, desprendimiento de quienes alientan actitudes regresivas, que no condicen con la inquietud democrática ciudadana. Aplazar las elecciones no es una solución a la crisis económica, que golpea duramente a sectores de escasos recursos. Urge cambiar esta situación, por el bien común. Ello se logrará profundizando la democracia boliviana, mediante justas electorales, cuya perspectiva es y será ofrecer mejores condiciones de vida a la población y, en particular, a las personas necesitadas. La democracia debería estar al servicio del ciudadano de a pie y no de quienes se enriquecen con recursos fiscales. Los intereses creados, mezquinos y particulares, no deberían interceptar los históricos retos, que se ha propuesto el sistema vigente.
“El pueblo es sabio”, sostiene el dicho popular. Esa sabiduría le ha permitido identificar a sus amigos y a sus enemigos. A quienes conspiraron contra su bienestar y contra su futuro en democracia. Ha templado, también, el espíritu de lucha, para derrotar a fuerzas oscuras, que trataron de destruir las proyecciones históricas del país. Ahora, gracias a esa sabiduría saldrá ganando espacios, con la celebración de elecciones generales libres y democráticas.
En suma: quienes pretenden paralizar las elecciones deberían actuar pensando siempre en el bien común. Ojalá Dios los ilumine.
Un paso decisivo
Severo Cruz Selaez
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