La reconstrucción nacional, con base en la estabilidad económica, será la tarea compleja e inmediata, que deberá emprender el gobierno que surja, en las elecciones de agosto venidero. Sea cual fuere su color político o tendencia ideológica. Ello significará acabar con la escasez de combustibles, con la ausencia del dólar y el elevado costo de la canasta familiar. Si no se trabaja en esa dirección, Bolivia colapsaría, según sostienen entendidos. He ahí el desafío más grande que tendrá que asumir. No podrá soslayar ese objetivo. Para ello se requerirá de un gobierno fuerte y sólido, con una bancada parlamentaria mayoritaria. La expectativa nacional e internacional está volcada en las medidas que aplicará con esa perspectiva. Sin vacilación ni cálculo político. El propósito será siempre encaminar el cambio, con hechos y no con actitudes distraccionistas ni discursos demagógicos.
Bolivia, en su bicentenario, requiere un profundo sentimiento patriótico, para avanzar hacia el crecimiento sostenible. Ese es el proyecto que acaricia la población. Fundada, en consecuencia, en el entendimiento de públicos y privados. Con una amplia cobertura hacia la región productiva del oriente. Porque no hay otro sector similar en el país. Sin menoscabar ni estigmatizar a quienes son oriundos de ese jirón patrio. Acá deberá acabarse el regionalismo y la suspicacia por el bien común. Lo básico será buscar la unidad nacional, previo acercamiento y reconciliación, para encarar los retos emergentes de la economía del país, tan complicada y controvertida.
En un “proceso de cambio”, tan decantado en los últimos tiempos, los pobres se han multiplicado de una manera increíble. No obstante que algunos sostienen lo contrario. E inclusive han masificado la actividad del comercio informal. Están inmersos, por consiguiente, en la incertidumbre, debido que el precio de la canasta familiar se hizo inalcanzable. Pero hay otros que, valiéndose de ciertas influencias, amasaron fortuna, en nombre de aquellos que viven ajustándose el cinturón. Los nuevos ricos, indudablemente, son los que surgieron aprovechando la época del auge de los hidrocarburos, en democracia. He ahí un panorama de la realidad social boliviana.
Nadie se animará a invertir en un país donde la iniciativa privada está en vilo. Donde las limitaciones y restricciones recaen sobre las instituciones que generan empleo, producen, exportan y atraen dólares. Donde el intervencionismo y avasallamiento, vulneran el principio de seguridad jurídica. Donde la amenaza y la zancadilla crean una situación incierta en el sector de la libre empresa. En este tiempo han sido creadas empresas públicas para competir con aquellas privadas que contribuyen al bienestar social, inclusive en momentos difíciles.
En suma: la población boliviana espera días mejores, en el marco de un verdadero cambio, con alimentación, medicamentos y educación, al alcance de todo bolsillo. Ello debido que los resultados del “proceso de cambio” de los últimos 19 años fueron frustrantes. Totalmente.
Reconstruir es tarea compleja
Severo Cruz Selaez
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