La startup Interlune, creada por exejecutivos de Blue Origin y un astronauta del Apolo, tiene programado iniciar sus operaciones en 2027 para obtener este valioso isótopo, que se utiliza en la computación cuántica.
La búsqueda de recursos lunares ha dejado de ser una idea de ciencia ficción. Interlune, una compañía estadounidense, ha presentado un plan concreto para extraer helio-3 de la superficie lunar, un isótopo extremadamente valioso tanto para la computación cuántica como para la fusión nuclear. Este proyecto marca un avance significativo en la comercialización del espacio y anticipa un futuro en el que los recursos del espacio complementen los disponibles en la Tierra.
Según informa Popular Science, Interlune fue fundada en 2020 por Rob Meyerson y Gary Lai, exejecutivos de Blue Origin, junto con Harrison Schmitt, el único geólogo que ha caminado sobre la Luna durante la misión Apolo 17. La empresa ha recaudado ya 18 millones de dólares y recientemente recibió una subvención de 375.000 dólares del Departamento de Energía de EE. UU.
La Luna se presenta como un lugar ideal para la extracción de helio-3 debido a que, al no tener un campo magnético, ha sido bombardeada durante miles de millones de años por viento solar que contiene este isótopo, quedando atrapado en el regolito lunar. En la Tierra, este elemento es extremadamente raro, con un precio estimado de 20 millones de dólares por kilogramo.
La misión «Prospect Moon», programada para 2027, utilizará el programa CLPS de la NASA e incluirá un sistema para muestrear el regolito, un procesador mecánico y dispositivos destinados a identificar las concentraciones más prometedoras de este valioso isótopo en diversas regiones lunares. El robot funcionará durante el día lunar mediante células fotoeléctricas y entrará en modo de hibernación durante la noche.
Este proyecto se apoya en una ley estadounidense de 2015 que permite a las empresas privadas reclamar recursos de cuerpos celestes, aunque no territorios. Se suma a otras iniciativas, como los planes de la NASA para construir una planta nuclear en la Luna, lo que evidencia un creciente interés por los recursos lunares.
Los desafíos son numerosos: determinar la concentración exacta de helio-3, resolver cuestiones legales sobre la propiedad extraterrestre y abordar el impacto ambiental. Este último aspecto generó controversia tras los comentarios de Clive Neal, consultor de Interlune, quien cuestionó la necesidad de preservar el entorno lunar.
El interés no se limita al helio-3. Desde que la NASA descubrió agua lunar, varios proyectos han considerado utilizar estos recursos para futuras misiones espaciales, facilitando así la creación de asentamientos permanentes y reduciendo la dependencia de suministros terrestres.
Si Interlune logra alcanzar sus objetivos, estaríamos ante el inicio de una auténtica economía interplanetaria. El éxito de esta primera explotación minera lunar no solo proporcionaría materiales escasos como el helio-3, sino que también establecería precedentes técnicos y legales para futuras operaciones en otros cuerpos del sistema solar, abriendo así las puertas a una nueva era de recursos espaciales.
