Quienes se sienten deteriorados políticamente no desean elecciones. Como también aquellos que no lograron enamorar con su discurso a la población. En medio de crisis política, social y económica. La opción para ellos sería un compás de espera para recuperar el terreno perdido o para formalizar pactos con fuerzas partidarias afines. Como en tiempos del neoliberalismo, cuyo mérito fue haber generado la riqueza gasífera. Con el propósito de asumir con decoro los retos de la consulta popular. Al parecer no estaría descartada la posibilidad de convulsiones sociales, a fin de alterar la agenda respectiva. Con uno u otro motivo, obviamente. Los políticos siempre tienen una carta bajo la manga por intereses mezquinos. En esa tarea se esmeran los asesores.
Estarán en juego intereses de índole no solo nacional sino internacional en el venidero electoral. Como el servicio incondicional a la Patria o el servilismo a ciertas corrientes ideológicas. El sentimiento patriótico o la consigna foránea. La inquietud por una libre empresa o el modelo de tinte socialista. En este contexto se trata de asfixiar a los privados con medidas restrictivas. El Estado busca la supremacía en los rubros productivos y de exportación, en desmedro de aquellos. Sin tomar en cuenta que ellos generaron empleo no solo ahora, sino en los momentos más difíciles del país. Reducidos inclusive en la época más dura de la pandemia de origen chino. Y seguirán ofreciendo empleo, pese al mal tiempo que empaña el horizonte patrio. Continuarán atrayendo dólares para responder a las necesidades del país.
No se trata de rostros venerables o jóvenes, ni de adjetivaciones o calumnias. Menos de las descalificaciones. Se trata de propiciar el debate esclarecedor de la coyuntura adversa que agobia a los bolivianos. Con respeto de los unos a los otros, sin menosprecio alguno. Señalando con nombres y apellidos a los autores del descalabro para que el veredicto de la historia caiga con todo el peso posible sobre ellos. En una perspectiva que irradie paz, confianza y esperanza. Al mismo tiempo se trata de cotejar propuestas de interés común. Encaminadas a salvar Bolivia del atolladero económico, del retroceso y la postración que nos legaron los gobiernos de turno. Que permitan captar dólares para adquirir suficiente diésel. Para ofrecer una canasta familiar accesible a los sectores de menores ingresos. Conglomerados sociales que viven pendientes del costo de los artículos de consumo. Preocupados por el alza reciente del precio del arroz. Para crear empleo digno y seguro. Acá se trata de construir bienestar, ahora que la moneda nacional ha perdido poder adquisitivo. Una Bolivia abierta e inclusiva en sus relaciones con países y organismos financieros del mundo. Que rompa el aislamiento, puesto que vive en contacto con vecinos grandes y pequeños.
En suma: los políticos deberían actuar priorizando los supremos objetivos nacionales. Deponiendo intereses particulares, a fin de impulsar el crecimiento. Y profundizar la democracia boliviana.
No desean elecciones
Severo Cruz Selaez
- Advertisment -
