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Falta de dólares tiende a empeorar

Uno de los indicadores de la crisis económica que sufre el país es la escasez cada vez mayor de dólares, tanto para sectores del Estado Plurinacional como para comerciantes y consumidores privados. Pero, si bien el hecho en sí mismo es alarmante, no se lo podría entender y solucionar si no se toma en cuenta el origen de este fenómeno económico, ni las proyecciones que conlleva. En esa forma es oportuno señalar que el asunto no es de origen reciente y que se prolongará por mucho tiempo, lo que implica la urgencia de buscar oportunamente remedios para la grave situación que se aproxima.
La escasez de dólares se debe principalmente a la caída de los precios del gas y otras materias primas que exportamos a mercados internacionales. Al parecer, la reducción sería de alrededor del 50 por ciento. Sin embargo, lo notable es que los gobiernos de las dos primeras décadas de este siglo, no tuvieron ni la menor voluntad para prever el derrumbe de los ingresos, dedicándose, por el contrario, a despilfarrar una millonaria cantidad de recursos.
No se esmeraron en acumular reservas económicas para gastarlas oportunamente de manera apropiada, como demandaron en forma reiterada expertos en economía mediante los medios de comunicación. Por tal descuido, miles de millones de dólares fugaron del país. A esa causa se sumaron otras, como la parálisis de la producción en los sectores industriales, artesanales, mineros y otros.
Los gobiernos del MAS-IPSP, pese a que fueron advertidos a tiempo y con insistentes argumentos, continuaron con el despilfarro de dinero, lo que en este momento los sectores de la economía nacional deben lamentar. En particular, la agricultura nacional que abastecía a las poblaciones urbanas fue aniquilada por políticas agrarias feudales y coloniales. Por ello la reforma agraria de 1953 quedó anulada totalmente, a tal extremo que hoy Bolivia casi solo se alimenta con productos importados. Es más, como fruto de e esas medidas los gobiernos entre 2006 y 2023 se han visto obligados a fomentar el contrabando y las importaciones de toda clase de alimentos, produciendo una fuga de capitales, valores humanos, divisas y otros.
La situación es muy grave y no se sabe qué medidas está tomando el gobierno para enfrentarla. Ni siquiera los créditos que esperan aprobación en el Congreso podrán solucionar la falta de dólares, pues esos 800 millones serán gastados bajo supervisión de los bancos prestamistas.

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