Podemos definir la pobreza como: la situación de los individuos en una sociedad, que carecen de recursos necesarios para afrontar las necesidades de la vida. Esa carencia o limitación se da también en una sociedad organizada o país, de donde tenemos países ricos y otros pobres. Lo contrario de la pobreza es la riqueza individual o colectiva, de donde se infiere que se es individuo pobre o rico, país rico o país pobre.
Para establecer la riqueza o pobreza de las sociedades, se han dado varios parámetros que tienen que ver con la cantidad de ingresos económicos, calidad de vida de los individuos, acceso a bienes y servicios, nivel de educación, etc. Es éste último, a nuestro juicio, uno de los más importantes para determinar el grado de pobreza o desarrollo.
El nivel de educación es una variable social y económica importante en una sociedad, pues determina no solo la cantidad y calidad de conocimientos, sino los modos de comportamiento que hacen a la cultura y determinan la calidad y nivel de vida de la sociedad y dentro de ésta, de los individuos que la componen.
La educación fue ya promocionada en la antigua Grecia, y tenía como finalidad la ética, es decir la conducta del individuo en su relación con la sociedad en la que vive. Y la ética responde a valores, de ahí que los valores éticos son apreciados en una sociedad culta o los anti valores en una sociedad descompuesta. Ya el sabio Platón en su clásica obra “La República” propuso que el Estado debía educar, en especial a las clases que estaban destinadas a gobernar y defender a la sociedad.
Superado el feudalismo de la Edad Media, se dieron las corrientes históricas de la Ilustración y el Iluminismo, en las que se exalta la razón como medio para el conocimiento, pero fue con las revoluciones liberales de Estados Unidos y Francia en el Siglo XVIII, con las que se superó la monarquía absoluta y se consagró la igualdad de todos ante la ley. Es decir, la ciudadanía para ejercer derechos, entre ellos a la propiedad de la tierra, que estaba restringida a los nobles. Esta igualdad social también incluía el derecho a la educación, que fue atribuida como obligación del Estado.
Educar al individuo en la sociedad, ha sido la preocupación de los destacados estadistas que hemos tenido como gobernantes en nuestro país (muy pocos) y líderes sociales, pero la no disponibilidad de recursos necesarios ha limitado esta tarea, de tal suerte que pese a contar con todo tipo de recursos naturales renovables y no renovables y una reducida población, estamos considerados, según criterio de las organizaciones mundiales, como país poco desarrollado.
La Revolución Nacional, con la Reforma Educativa y el Código de la Educación (plenamente vigente), dio acceso a todos los bolivianos a la educación, pues con las medidas revolucionarias, entre ellas el Voto Universal y la Reforma Agraria, otorgó todos los derechos ciudadanos a la mayoría de la población de ese tiempo, los campesinos de origen indígena. El proceso de incorporar a la cultura occidental ha tomado algún tiempo, y hoy el habla del idioma español ha sido uno de los vehículos de igualdad, aunque aún padecemos de limitaciones, entre ellas un sistema educativo todavía deficiente.
La Encuesta Latinoamericana de Hábitos y Prácticas Culturales, publicada en el desaparecido matutino Página 7, en septiembre de 2014, dice: “En Bolivia el 47% de las personas “nunca o casi nunca” lee. Además, se publicó que en nuestro país las personas leen un promedio de 3.7 libros al año, en relación a 6 libros en México y 5.4 en Uruguay. A este cuadro habría que agregar que ahora con la adicción a las redes sociales, y la televisión distractiva, la lectura ha bajado aún más, lo que determina que estamos en un rango de colectivo con altos índices de bajos conocimientos, pues la lectura es el mejor vehículo hacia el conocimiento.
Otro factor de atraso en nuestra sociedad, son los malos gobiernos que no atienden o atienden mal a la educación y salud, los dos pilares del desarrollo. No olvidemos que el patriota norteamericano Benjamín Franklin sentenció: “La mejor inversión es en la educación” y nosotros afirmamos que: “Un pueblo culto es un pueblo libre”.
El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.
