Muchos años después de formar parte de un equipo de trabajo en una instancia determinada para la revisión de textos en el campo de las ciencias naturales y tras un curso a nivel internacional, comencé a escribir libros de textos para la enseñanza media, por supuesto, cada vez que se publicaba uno, me sentía muy contento, sobre todo por la utilidad que tenía, para mis discípulos “anónimos”, llamados así porque resultaba imposible conocer a los estudiantes que lo utilizarían (*).
Escribir textos para estudiantes, no es fácil –aunque seas ducho en el campo de las Ciencias Naturales–, pero con los años de experiencia, vas aprendiendo sobre la marcha, con el criterio de siempre, que el próximo texto será mejor.
Sin embargo, no me sentiría bien al escribir sobre Historia, entendida como “Disciplina que estudia y expone, de acuerdo con determinados principios y métodos, los acontecimientos y hechos que pertenecen al tiempo pasado y que constituyen el desarrollo de la humanidad desde sus orígenes hasta el momento presente”.
¿Por qué no me sentiría capaz? La velocidad con que cambian los acontecimientos y hechos hoy, resulta abismal, posiblemente comparado al desarrollo de la tecnología, y que conocemos a través de ella (redes, medios escritos y digitales), dado que lo que escribes hoy o das a conocer o conocer cambia en menos de 24 a 48 horas, con la opción de la credibilidad o no.
Lo anterior, nos conlleva a pensar que si bien los textos en un gran porcentaje, abarcan períodos que pudieran comprender siglos atrás (¿un par?), donde se retoma (al menos en América Latina y/o países de habla hispana) temas como: La colonización, guerras de independencia, intervenciones militares, principales acontecimientos mundiales, gobiernos, líderes, etc. Tales hechos resultan, como dijimos constantemente, cambiantes y, por supuesto, no abarcan todo lo que quisiéramos conocer o haber conocido cuando ya sumamos más años de vida.
Y, ¿cómo tener retrospectiva histórica de lo que no conocí?, al sentir curiosidad por la vida de…, por construcciones arquitectónicas, por lo que físicamente existió (personajes del mundo de la cultura, las artes, el cine, la televisión, etc.). La respuesta: en las redes –otro lado amable–, donde encuentras maravillas, y sería interesante por parte del profesorado, incluirlas (previa investigación) como materiales didácticos complementarios, al igual que textos impresos o digitales, que abarquen la vida de personajes literarios, científicos, cuentos, elaborados por profesionales, siendo “sine qua non” la investigación de años, realizada por una o varias personas, muy profesionales, donde expresan lo sucedido en tiempo pasado, debiendo ilustrarse, lo que afianzaría sus relatos y que, por supuesto, resulta un criterio particular del autor.
Suele ser común (como queja) que nuestros estudiantes de hoy, no saben mucho de Historia, inclusive hay países que para aplicar a carreras universitarias, realizan exámenes (entre otros) de esta disciplina. Hecho último que aplaudo, pero como educador me siento insatisfecho, ya que aún queda mucho por hacer: programas televisados, artículos periodísticos, documentales que si bien existen, elaborados por otros países, de muy buena calidad (aunque “enlatados”), se requiere productos nacionales.
Casi para finalizar, te remito para que reflexiones la cita siguiente: “La historia es cuestión de supervivencia, Si no tuviéramos pasado, estaríamos desprovistos de la impresión que define nuestro ser”.
(*) El término de conocer a quienes no lo usaban, no era absoluto, ya que conocí a padres de familia que fueron mis exalumnos y hoy sus hijos lo utilizan.
El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.
