El famoso dramaturgo inglés Guillermo Shakespeare (1564-1616), autor de “Romeo y Julieta”, “Hamlet” y “Otelo” entre otras, hace pronunciar a uno de sus personajes la siguiente frase: “Algo anda mal en Dinamarca”, cuando en un reinado ocurrían muchas anormalidades.
Si alguien en el “País de las Maravillas” escribiría algún drama inspirado en el texto del poeta inglés, tendría que hacer expresar así a su personaje: “Algo anda en Chuquiago Marca” (con rima incluida).
¿Y por qué esta ocurrencia? Sencillamente por todos los acontecimientos públicos que vemos y oímos cotidianamente; y todo, amplificado por medios de comunicación muy especialmente en los escalofriantes noticieros de TV (afines y no afines al…).
¿Y cuáles son esos hechos que ocasionalmente originan este comentario?
LISTA
– En sus grandes letreros de identificación, los obreros mineros de la COB, ostentan el retrato de un político y guerrillero que vino de Cuba; y no el de María Barzola, una palliri que murió víctima de las balas de una represión, envuelta en una bandera boliviana en un mitin de protesta en el año 1942 (una tontería, primero siempre se prefiere a lo extranjero).
– Agresiones, chillidos e insultos en pleno parlamento, donde unos sólo levantan las manos y otros nunca abren la boca.
– Muchos discursos, desfiles y “entradas” folklóricas con “salidas” escandalosas.
– Excesiva propaganda política subvencionada con dinero del Estado (¿habrá credibilidad?).
– En una población altiplánica, muchos niños de no más de siete años desfilaron enmascarados y marcialmente, portando metralletas de madera (¿Preparación de futuros terroristas?).
– Atraco a mano armada a entidades bancarias y privadas.
– Cotidianas denuncias públicas relativas a millonarias “coimisiones”, sobreprecios en obras públicas y hasta enriquecimiento ilícito de hábiles políticos. Y lo más interesante: sólo son apresados y exhibidos públicamente los denunciantes. Los “ofendidos” denunciados, pasean felices y todo orondos en calles y plazas de la ciudad. ¿Y por qué este reclamo?, mientras ocurren esas injusticias, grupos de campesinos y sus familias llegan a mendigar en calles paceñas.
– En la actividad deportiva: sueldos millonarios (y en dólares) a directores técnicos y futbolistas extranjeros y no así a los bolivianos. Y por añadidura, trato excesivamente preferencial, “endiosamiento” y adulonería por parte de relatores y comentaristas hacia estos ciudadanos visitantes que, en sus países de origen, muchos de ellos “no suenan ni truenan”.
– A pocos meses de subida al poder, muchos “nuevos ricos” aparecen como hongos. ¿Ese dinero lo obtienen trabajando honradamente o les cae del azulado cielo paceño, como maná en el desierto?
– Ya nadie puede evitar los famosos bloques de calles y carreteras, la destrucción de parques y jardines.
– Los “peces chicos” son aprehendidos por la policía y exhibidos públicamente, dando sus nombres y apellidos. De los “peces gordos” solo son anunciadas las iniciales de sus nombres.
– Para la obtención de cargos públicos, se necesita solamente el carnet de militancia partidaria. Ningún otro mérito es tomado en cuenta (ni el título profesional).
– El tema de la administración de justicia ya es reiterativo. Hay poquísima o ninguna credibilidad. Solamente los ilusos e ingenuos creen en ella. Aquí se impone la voluntad del empleador (el Estado). Y lo que es denunciado en forma cotidiana: que en la balanza pesa más un grueso fajo de “verdes” con los retratos de Jorge Washington, Benjamín Franklin y el general Grant. De ahí el dicho popular: “No creer en lágrimas de cocodrilo, la renguera del perro y la justicia boliviana” (¡uf!).
– Y la causa predominante: la aplicación implacable de la “Ley del Embudo”.
OTROSÍ
Ese es más o menos el panorama de la realidad diaria que vemos y sentimos en este suelo, riquísimo solamente en recursos naturales. Sobre lo demás es preferible callar.
Ojalá algún día en Bolivia cambie este aspecto negativo y en vez de escribir “algo anda mal en Chuquiago Marca”, gritemos a los cuatro vientos: “todo anda bien en Chuquiago Marca”.
El autor es dibujante, escritor y periodista.
