Totalitarismo, autoritarismo y dictadura, son afines, desde todo punto de vista, representan la arbitrariedad, en el manejo de la cosa pública. El cercenamiento de la libertad, en todas sus manifestaciones. Hemos vivido, propios y extraños, esas experiencias funestas, asumidas por intereses particulares o de grupo. Algunos países de la región aún están sometidos a esos modelos gubernamentales.
En consecuencia: los contrarios a ese régimen conculcador, siempre han luchado enarbolando la bandera de la libertad, con la firme creencia en Dios y priorizando el bien común, tan subestimado hoy, por motivaciones político-ideológicas. Enemigos de todo avasallamiento externo, nunca fueron serviles a intereses externos, ni entreguistas de recursos naturales. Han combatido, ofrendando sus propias vidas, a los que pretendían imponer esas administraciones devastadoras de la especie humana. Esos “enviados” que, en la actualidad, buscan expandirse, aprovechando la democracia en nuestro continente, particularmente.
Pruebas al respecto abundan. En Venezuela, la dictadura post Chávez, habría acabado, utilizando fuerzas represivas, con miles de personas, posiblemente opositoras al sistema bolivariano. “Aproximadamente 9.465 personas fueron asesinadas en Venezuela por policías y militares del régimen chavista en los diez años que lleva Nicolás Maduro al mando del país” (1), se dijo. Esta denuncia, fue hecha por la ONG venezolana Provea (Programa Venezolano de Educación – Acción en Derechos Humanos).
“Sólo al hacerse totalitario en el curso del siglo actual (XX), el Estado ha puesto mano en todos los órdenes de la vida social, dirige la economía, violenta las conciencias por la propaganda y la coacción, quiere regir las costumbres, y hasta se mete a definir e imponer cánones en materia de arte. Todas las perturbaciones aludidas, y otras por el estilo, no sólo arruinan la libertad del ciudadano y la dignidad del hombre, convirtiéndolo en un esclavo de la empresa nacional que tan desproporcionados medios de poder detenta” (2), dijo un pensador.
El totalitarismo siempre ha impuesto una línea político – ideológica, que le permita aplicar sus designios particulares y nefastos, como reitera la memoria histórica. Ello ha ocurrido en aquellos países donde la “bestia” ha levantado cabeza, revestido ahora con un ropaje democrático. Lo hizo, y bien sabe la opinión pública, pisoteando la libertad, silenciando y asesinando a sus críticos.
Quienes intenten transgredir las disposiciones y los enunciados de ese sistema gubernamental, tenebroso y violento, tendrían que atenerse a las consecuencias que adopten los mandamases, que dicen ser socialistas. Consecuencias que serán duras y desastrosas, ciertamente.
En suma: ante esta situación habría que fortalecer la democracia.
NOTAS
(1) “Las fuerzas de Maduro mataron a 9.465 personas en 10 años”. EL DIARIO, La Paz-Bolivia, 17/4/2023.
(2) Francisco Ayala: “Tecnología y libertad”. Talleres Gráficos Editorial Castilla S. A., Madrid – España, 1959. Págs. 96 y 97.
