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Democracia y libertad

Democracia y libertad se complementan, en el proceso evolutivo de la humanidad. En consecuencia: quienes lucharon por el fortalecimiento de la democracia, lo hicieron también pensando en obtener una libertad amplia e irrestricta. Que permita vivir, pensar y actuar sin amenazas ni intimidaciones. Que garantice, particularmente, la difusión de ideas e ideales, sin cuestionamientos. Que estimule sueños y esperanzas, por el bien común. Persuadidos de que la libertad, en democracia, se remozaba, se entregaron íntegramente nuestros mayores a ese propósito. No escatimaron en derramar sangre por la libertad. Priorizaron, en su momento, esa histórica alternativa, para construir un futuro más llevadero.
“Expresar fundadas esperanzas y reafirmar el propósito de vivir en democracia y libertad que, para nosotros, constituye la médula de la dignidad humana”, aseguró el presidente constitucional Víctor Paz Estenssoro (1).
La libertad, por lo visto, tiene en el sistema democrático, a su mejor aliado. Éste tendrá a su cargo ensanchar, en todo caso, los caminos por donde ella tendrá que transitar, no solo en la región, sino en el mundo. En el socialismo, de antaño y hogaño, tiene a su peor enemigo, por cuanto conculcará la democracia, con fines políticos. Este es un tema recurrente, ciertamente.
“El socialismo no puede más que aniquilar, en el más amplio sentido de la palabra, la libertad. Quiere coronar la obra de emancipación y no puede evitar que se produzca el más completo sometimiento del individuo. La experiencia y la razón confirman de modo tan aplastante la certeza de estas afirmaciones, que todo socialista honrado, del matiz que fuere, debería aceptar la alternativa de cargar abiertamente con todas las consecuencias”, reiteró, hace más o menos 66 años, el estudioso Wilhelm Röpke (2).
Hoy esa realidad no ha cambiado. La libertad está siendo estropeada, por autoritarios que se aferran al Poder. Que pisan y pasan, que manipulan los procesos electorales, con el fin de perpetuarse en el Poder. Que dividen a sus pueblos, sembrando odio, regionalismo y racismo. No les conviene preservar la libertad, porque no quieren escuchar voces contestatarias. La opinión pública, de acá y de allá, está muy bien informada al respecto.
El socialismo, que ha renunciado a la lucha armada, recurre, en esta coyuntura política, a las urnas electorales, para ganar espacios de Poder. Aprovechando la potabilidad democrática. El indigenismo es parte de su estrategia. Una realidad que se advierte no solo en el país, sino en otras latitudes de Latinoamérica. En este contexto han surgido los “redentores”, que dicen ser indígenas, manejando un discurso de animadversión. Alentando actitudes irracionales, en desmedro de la unidad nacional. Confrontando a rurales y citadinos, a orientales y occidentales. Inventando historias y símbolos de dudoso origen.
En suma: no habría que perder tiempo, ahora más que nunca, para reivindicar la libertad.

Notas
(1) “Paz Estenssoro afirma que costo social fue bajo”. Ultima Hora, La Paz – Bolivia, 2 de enero de 1987.
(2) Wilhelm Röpke: “La crisis social de nuestro tiempo – Segunda edición –“. Imp. Viuda de Galo Sáez, Madrid – España, 1956. Pág. 109.

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