InicioSeccionesOpiniónConseguir el bien mayor, razón de ser de la Iglesia

Conseguir el bien mayor, razón de ser de la Iglesia

Alcanzar el bien del pueblo fue, innegablemente, uno de los mayores objetivos que Jesús, Nuestro Señor, impuso a su vida. Él fue fuente inagotable de amor y misericordia desde el día de su nacimiento hasta el de su ascensión a los cielos. El amor de Jesús se ha traducido en el amor, la dedicación y la preocupación por su pueblo que su Iglesia ha mostrado a través de los siglos y conseguir el bien para todos. Un objetivo por el cual la Iglesia y sus apóstoles ha sufrido torturas, persecución y maltratos por parte de quienes no aprobaron su misión puesto que los contrarios a ella, sostenían que su labor sólo debería ser religiosa cuando la realidad hecha apostolado por Dios mismo fue: amar y servir, guiar y orientar, cuidar y aconsejar, predicar y mostrar los caminos señalados por Jesús fueron rutas o caminos por el bien común, por conseguir el bienestar y perfeccionamiento espiritual y material de los seres humanos que Jesús impuso como deber ineludible a su Iglesia.
Todas las propuestas, mensajes y orientaciones difundidas por Jesucristo se han cumplido mediante sus hijos, sacerdotes y religiosos, aunque en medio de grandes yerros y extravíos por su condición falible de seres humanos. El bien común, es misión que todo cristiano debe llevar adelante en su vida; de otro modo, abrirá caminos para que la maldad se apodere y cunda la serie de males que a diario atacan a la humanidad. Hay gobiernos que siguen consignas políticas contrarias al catolicismo que consideran inapropiado que la Iglesia cumpla con los hombres y que su misión debe concretarse a la atención espiritual y dejar que los gobiernos cumplan su parte de atención de todo lo que significa política partidista. Quisieron imponer que la Iglesia Católica –al igual que otras confesiones que siguen a Jesús– se dedique a la “vida conventual y de púlpito”. Falsa posición porque la Iglesia cumple con la misión de amar y servir a la humanidad, encarar en lo posible sus urgencias y necesidades y atender tanto como le fuera posible el espíritu y la buena conservación física de los hombres que son hijos de Dios y nadie, por poder que tenga, puede privarla de esa misión.
Conseguir el bien común luchando por la paz y la concordia entre todos los pueblos y hombres, velar por la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales; guiar, aconsejar y orientar las labores de gobernantes y predicar por el bien general es función de la Iglesia y sus ministros. Esta es realidad predicada por el Vaticano y si no se cumple, se peca contra Jesús y se traiciona sus mensajes de buscar, con amor, fe y esperanza, el bienestar de los pueblos. Es misión que nadie debe rehuir su cumplimiento en aras de la unión, la concordia y la paz entre los hombres y entre los pueblos. En estos momentos de convulsión y guerra, promovidas por las ambiciones de políticos sin principios ni valores de ninguna clase, todos los hombres y las naciones deben reunirse para cumplir el mensaje cristiano y combatir lo que atente contra la paz, la concordia, el amor y la comprensión que son síntesis de servicio al bien común.

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