El fútbol femenino como nunca antes va ganando fuerza a nivel nacional, hay una creciente cantidad de jugadoras que mejoran su nivel y además poco a poco las asociaciones van dando el espacio a torneos de esta rama; pero internacionalmente aún falta, estamos detrás y “años luz”, con falta de trabajo en conjunto, porque jugadoras hay. La selección boliviana Sub-17 quedó última en el sudamericano disputado en Uruguay. Varias goleadas encima y con apenas dos goles anotados en cuatro partidos. Claro, son los números, así de fríos y básicos. En la radio, un comentario: “otro fracaso, la Federación se trajo a un desconocido”, deja ver un punto de vista muy simple, como la síntesis del pasado párrafo, así de frío y sin conocer más. Empero, la selección boliviana femenina pasó por mucho, así es siempre. Poco interés dirigencial en su mejoría, sin el presupuesto adecuado, y muy pocos días de trabajo. Hasta dos semanas antes del Sudamericano no se sabía del entrenador. Llegó Francisco Escuin, de origen español, con experiencia de 20 años en el fútbol femenino. Uno de los que puso la piedra para la revolución de esta categoría en su país. Fue así que ellas trabajaron, en busca de dar la cara a una guerra. Sorprendieron, el juego boliviano se notó a nivel internacional. La intención, garra, coraje, actitudes que ya casi no se ven en el futbol masculino. Si bien los resultados (numéricos) fueron negativos, cualitativamente hay mucho para ilusionarse. Ahora Bolivia no cuenta con entrenador, Escuin dejó su cargo, al mismo tiempo que la FBF le “bajó el pulgar”. Todo en discordia y comentarios irresponsables echando la culpa a los que viajaron a Uruguay, en lugar de ver el problema de fondo. Se viene el Sudamericano Sub-20 en abril, otra vez Bolivia irá con actitud, pero huérfana…
Erwin Quispe Perca,
es periodista
