{"id":99492,"date":"2022-07-26T05:16:21","date_gmt":"2022-07-26T09:16:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/?p=99492"},"modified":"2022-07-26T05:16:21","modified_gmt":"2022-07-26T09:16:21","slug":"resistir-al-idiomismo-y-promover-el-multilinguismo-en-la-ciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/2022\/07\/26\/resistir-al-idiomismo-y-promover-el-multilinguismo-en-la-ciencia\/","title":{"rendered":"Resistir al idiomismo y promover el multiling\u00fcismo en la ciencia"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La tesis: la supuesta condici\u00f3n del ingl\u00e9s como lengua de la ciencia internacional no es algo que beneficie en ning\u00fan sentido al conocimiento, que lo impulse particularmente o lo encauce hacia formas m\u00e1s sabias y beneficiosas para la humanidad, sino un programa de dominaci\u00f3n y colonialismo cultural, econ\u00f3mico y pol\u00edtico con una historia larga en ese sentido. Promovido desde los pa\u00edses angloparlantes (primero Gran Breta\u00f1a y fundamentalmente los Estados Unidos de Am\u00e9rica), en la actualidad apoyan ese programa fuera de los territorios angloparlantes bien sectores olig\u00e1rquicos aut\u00f3ctonos y autoridades locales, a sabiendas de la existencia de este programa pero interesados en su propio medro personal o profesional en \u00e9l, bien otros sectores de la poblaci\u00f3n que, sumidos en la ignorancia por esas mismas \u00e9lites y v\u00edctimas de su propaganda, creen de buena fe en los efectos beneficiosos para todos, inconscientes de estar colaborando en realidad con su propia dominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>UNA DESCRIPCI\u00d3N DEL FEN\u00d3MENO<\/strong><\/p>\n<p>Un mito avanza con botas de siete leguas, a grandes zancadas, en nuestro mundo: el mito del fin de Babel. Babel encarna la creencia de que la diversidad ling\u00fc\u00edstica (es decir, el multiling\u00fcismo) es un castigo divino para frenar la ambici\u00f3n humana de asaltar los cielos, un estorbo, un engorroso obst\u00e1culo. Esa creencia infundada tiene un duplicado exacerbado en la superstici\u00f3n del fin de esa maldici\u00f3n: la lengua inglesa parece la elegida por una mano prometeica e inocente para salvarnos del castigo de la incomprensi\u00f3n mutua y sostener nuestros esfuerzos por desalojar a dios de su fortaleza de nubes. Recomiendo leer el primer cap\u00edtulo de <em>Viaje ling\u00fc\u00edstico por el mundo<\/em>, del catedr\u00e1tico em\u00e9rito de la Universidad Complutense Enrique Bern\u00e1rdez, para comprender que ni el mito de Babel es m\u00e1s que un mito (y que por tanto la diversidad ling\u00fc\u00edstica, como la cultural o la biol\u00f3gica, viene de f\u00e1brica y no es un castigo de nadie, sino, muy al contrario, una riqueza) ni, por otro lado, el mito de su fin es m\u00e1s cre\u00edble. Tampoco es m\u00e1s beneficioso, si hemos de pensar como beneficioso en aquello que supone un salto cualitativo en el progreso de la Humanidad. Que la existencia de una lengua com\u00fan de la ciencia no implica nada particular puede probarse mediante una simple observaci\u00f3n hist\u00f3rica: pensemos que el \u201c<em>gran salto hacia adelante<\/em>\u201d de la ciencia europea no se produce mientras todos los eruditos comparten una misma lengua de comunicaci\u00f3n &#8211;el lat\u00edn&#8211; durante la Edad Media. Durante ese per\u00edodo hist\u00f3rico, la cultura europea, medida comparativamente con otras, como la \u00e1rabe o la china, estaba en franca desventaja, paralizada precisamente por la ideolog\u00eda que sosten\u00eda la influencia de esa lengua, el cristianismo.<\/p>\n<p>El gran salto intelectual y cient\u00edfico europeo se produce, precisamente, a partir del Renacimiento, cuando los cient\u00edficos e intelectuales rompen paulatinamente con la lengua com\u00fan (y con la religi\u00f3n obligatoria) y se refugian en sus respectivas lenguas maternas, desarroll\u00e1ndolas hasta hacerlas capaces de suplir al lat\u00edn como idioma del pensamiento y de la ciencia. Es el desarrollo de las lenguas maternas (con la consiguiente mutua incomprensi\u00f3n entre las naciones europeas) la que espolea la revoluci\u00f3n cient\u00edfica, el esplendor de la novela o la cultura ilustrada. Y al rev\u00e9s: los \u00e1rabes, que salieron perdedores del enfrentamiento con Europa, se han aferrado a una lengua basada en el \u00e1rabe cl\u00e1sico, pero casi artificial, supuestamente com\u00fan, aunque m\u00e1s bien elitista, sin que eso les haya permitido recuperar en absoluto la relevancia cient\u00edfica anterior. De hecho, lo que les hab\u00eda permitido el \u00e9xito en la Edad Media fue un sistema organizado met\u00f3dicamente de traducci\u00f3n. Es por tanto la traducci\u00f3n la que obra el milagro: pero no de una sola lengua a todas las dem\u00e1s, sino de todas entre s\u00ed.<\/p>\n<p>El mito del fin de Babel se denomina t\u00e9cnicamente vehicularidad. Hay una distinci\u00f3n en socioling\u00fc\u00edstica aparentemente inocente, la que separa las lenguas gregarias de la vehiculares. La batalla por la \u201c<em>lengua vehicular de la educaci\u00f3n<\/em>\u201d ha popularizado estos t\u00e9rminos. El socioling\u00fcista franc\u00e9s Louis-Jean Calvet define as\u00ed dos \u201cpolos\u201d en nuestro uso de la lengua y de las lenguas:<\/p>\n<p>El polo vehicular define las formas que elegimos cuando queremos extender nuestra comunicaci\u00f3n al mayor n\u00famero posible de oyentes; el polo gregario define, al contrario, las formas que elegimos cuando queremos limitar la comunicaci\u00f3n a un n\u00famero peque\u00f1o, se\u00f1alar nuestra especificidad, trazar la frontera de un grupo [1].<\/p>\n<p>Bajo esa cobertura aparentemente t\u00e9cnica, de apertura o cierre del alcance de nuestro mensaje, la relaci\u00f3n vehicularidad\/gregariedad encubre sencillamente relaciones de poder: en el contexto en que la usa Calvet (por referencia al \u00c1frica Occidental) es dif\u00edcil no percibir un claro eurocentrismo al comprobar una relaci\u00f3n directa entre, por un lado, las lenguas vehiculares y las de las antiguas potencias coloniales (ingl\u00e9s, franc\u00e9s, portugu\u00e9s) y, por otro, entre las lenguas gregarias y las ind\u00edgenas de \u00c1frica. La coexistencia de unas y otras da lugar al fen\u00f3meno llamado \u201cdiglosia\u201d, que implica la existencia de una variedad \u201calta\u201d y otra \u201cbaja\u201d, con su respectivo rango jer\u00e1rquico y reconocimiento social. M\u00e1s que vehiculares y gregarias, ser\u00eda mejor denominarlas respectivamente, como sugiere el propio Calvet, lenguas dominantes y lenguas dominadas. Atentos al juego de palabras: el post-colonialismo se presenta as\u00ed como un neo-colonialismo sustentado en buena medida sobre las ruinas del paleo-colonialismo o colonialismo de toda la vida.<\/p>\n<p>Como resulta f\u00e1cil de advertir, la oposici\u00f3n lenguas vehiculares\/lenguas gregarias se articula por medio de la contraposici\u00f3n conceptual entre utilidad e inutilidad. Utilidad es la idea de alcanzar a m\u00e1s gente directamente, sin necesidad de la traducci\u00f3n.\u00a0 La contraposici\u00f3n mayoritario\/minoritario se convierte as\u00ed en criterio dominante al que se sacrifica todo lo dem\u00e1s, considerando prescindibles, decorativas y secundarias las cuestiones relativas a la identidad, a la \u201cespecificidad\u201d -como dice Calvet- o al desarrollo integral de las lenguas minoritarias. Como lengua s\u00faper-vehicular, el ingl\u00e9s pretende elevarse sobre cualquier forma de colonialismo, eludiendo cualquier cuesti\u00f3n relativa a los desequilibrios de poder, en nombre de la s\u00faper-utilidad: est\u00e1 ah\u00ed para nada menos que, generosamente, ayudarnos acabar con la maldici\u00f3n de Babel. El ingl\u00e9s existe poco menos que por nuestro propio inter\u00e9s. Pero si la vehicularidad es colonialismo encubierto, la s\u00faper-vehicularidad no es m\u00e1s que s\u00faper-colonialismo encubierto.<\/p>\n<p>Para comprender qu\u00e9 supone realmente el \u201cregalo\u201d de una lengua, la difusi\u00f3n del lat\u00edn por las provincias del imperio romano puede servir de oportuna ilustraci\u00f3n. No he encontrado nunca nada mejor que un cap\u00edtulo de la <em>Vida de Agr\u00edcola<\/em>, el librito que escribi\u00f3 el historiador Cornelio T\u00e1cito a finales del siglo I para relatar la biograf\u00eda de su suegro, el famoso general Gneo Julio Agr\u00edcola. En ese libro se narra la conquista de &#8211;mira por d\u00f3nde&#8211; Britania a mediados de aquel siglo, bajo la terrible tiran\u00eda de Domiciano. Durante el invierno, las legiones, como los osos, estaban acuarteladas y evitaban el combate. En el cap\u00edtulo 21 T\u00e1cito describe la pol\u00edtica que el general romano pone en pr\u00e1ctica durante la temporada de la niebla y la lluvia en Inglaterra. Su relato suena como cuando se sorprenden hoy las confesiones de un pol\u00edtico que no sabe que tiene el micro abierto. Con absoluta desinhibici\u00f3n, T\u00e1cito describe la clase de pol\u00edtica que sigue su suegro con el objetivo de extirpar de los britanos cualquier actitud rebelde. Para ello emplea una sutil y elocuente t\u00e9cnica de control social: para que se acostumbren a la <em>pax<\/em> romana, Agr\u00edcola pone a la gente a trabajar. En concreto recurre a la industria de la construcci\u00f3n: los pone a construir templos, mercados o viviendas. La actividad econ\u00f3mica y laboral debe sustituir a la actividad b\u00e9lica. El m\u00e9todo predilecto para conseguirlo era el est\u00edmulo de la competitividad, de la rivalidad entre ellos mismos. Para describir de qu\u00e9 modo se practicaba un control que parec\u00eda una competici\u00f3n voluntaria por la excelencia, hay una brillante frase que describe el esp\u00edritu de la estrategia de Agr\u00edcola: \u201cla competencia por el premio se convirti\u00f3 en una exigencia\u201d [2]. Divide et impera.<\/p>\n<p>Un elemento fundamental de esa pol\u00edtica de control civil era la lengua latina, que, en efecto, jam\u00e1s trat\u00f3 de imponerse por la fuerza, ni legal ni f\u00edsica, sino como parte del sistema de oportunidades de promoci\u00f3n personal que describe T\u00e1cito. Engrasado con adulaci\u00f3n y paternalismo, ese sistema de oportunidades, naturalmente, encubr\u00eda la sumisi\u00f3n:<\/p>\n<p>[Agr\u00edcola] instru\u00eda a los hijos de sus l\u00edderes en estudios liberales y ponderaba los talentos britanos por encima de la ciencia de los galos, logrando as\u00ed que quienes hasta hac\u00eda poco rechazaban la lengua de Roma suspiraran por dominarla. Tambi\u00e9n adquiri\u00f3 prestigio nuestra forma de vestir y la toga se puso de moda. Poco a poco los britanos cedieron a la seducci\u00f3n de los vicios: tiendas y termas y fiestas elegantes. Y entre aquellos incautos se llamaba \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d a lo que no era sino parte de su esclavitud [3].<\/p>\n<p>Podemos extraer algunas conclusiones r\u00e1pidas de ese pasaje:<\/p>\n<p>&#8212; Exactamente igual que hoy el ingl\u00e9s, el lat\u00edn se fomentaba asociado a la modernidad, a la elegancia y al entretenimiento. Tambi\u00e9n a la alta cultura: los \u201cestudios liberales\u201d son el equivalente de la ciencia, aunque, por entonces, esos estudios superiores fueran de letras.<\/p>\n<p>&#8212; N\u00f3tese que hay una discriminaci\u00f3n social clara en el texto de T\u00e1cito: se habla de la clase alta del pa\u00eds invadido (sus l\u00edderes, los principes) como la m\u00e1s propensa al <em>soft power<\/em>, la primera interesada en colaborar con el invasor y \u201cbeneficiarse\u201d del statu quo de la derrota. Son ellos quienes ponen a sus hijos a estudiar en lat\u00edn. Podr\u00eda decirse que las \u00e9lites locales empiezan a comportarse como franquicias del imperio (y esto se entender\u00e1 mejor luego).<\/p>\n<p>&#8212; T\u00e1cito desvela el doble punto de vista sobre la dominaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica: el de los dominadores y el de los dominados. A esa particular forma de servidumbre encabezada por la oligarqu\u00eda del pa\u00eds derrotado se la vend\u00eda (dice T\u00e1cito con una iron\u00eda rayana en el cinismo) como humanitas: \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d traduzco yo. Al desvelar ese doble punto de vista sobre el \u00ab<em>regalo<\/em>\u00bb de la lengua, T\u00e1cito hace patente tambi\u00e9n hasta qu\u00e9 punto los dominados colaboran sin saberlo con una estrategia ajena y le hacen el juego.\u00a0 El gran historiador romano hace su particular retrato del que en otros contextos se ha llamado \u201ctonto \u00fatil\u201d: cuanto m\u00e1s cre\u00edan aquellos \u201cincautos\u201d que luc\u00eda su talento y su cultura, m\u00e1s apretados ten\u00edan los grilletes.<\/p>\n<p>La psicolog\u00eda del acceso a ese mercado de oportunidades ling\u00fc\u00edstico por parte de quienes sufren la \u201cdominaci\u00f3n simb\u00f3lica\u201d, de las v\u00edctimas de esa imposici\u00f3n, ha sido descrita por el soci\u00f3logo franc\u00e9s Pierre Bourdieu con particular comprensi\u00f3n y precisi\u00f3n pensando, justamente, a partir de la homogeneizaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica en su pa\u00eds. Esa descripci\u00f3n subraya cuidadosamente la ilusi\u00f3n de voluntariedad o falta de resistencia que tiene su v\u00edctima:<\/p>\n<p>Sobre todo por parte de quienes la sufren, toda dominaci\u00f3n simb\u00f3lica implica una forma de complicidad que no es ni sumisi\u00f3n pasiva a una coacci\u00f3n exterior, ni adhesi\u00f3n libre a los valores (\u2026) Se inscribe en las disposiciones que se inculcan insensiblemente (\u2026) por medio de las acciones del mercado ling\u00fc\u00edstico, disposiciones que se ajustan, pues, independientemente de todo c\u00e1lculo c\u00ednico y de toda coerci\u00f3n conscientemente sentida, a las oportunidades de beneficio material y simb\u00f3lico que las leyes caracter\u00edsticas de la formaci\u00f3n de precios en un cierto mercado brindan objetivamente a los poseedores de cierto capital ling\u00fc\u00edstico [4].<\/p>\n<p>Es el mercado, amigo. No hay violencia perceptible. Nadie parece forzarte, no sientes ninguna pistola en la sien, todo parece un sencillo c\u00e1lculo de oportunidades\u2026 y, sin embargo, elegir en esas condiciones una lengua equivale a sufrir una violaci\u00f3n aprovech\u00e1ndose de tu estado de semi-inconsciencia.<\/p>\n<p>Quisiera ilustrar apropiadamente esta idea a trav\u00e9s de las circunstancias en que se transmite y difunde en la actualidad el conocimiento universitario. Imaginemos un animado congreso cient\u00edfico, de convocatoria internacional. A fin de cuentas, un congreso cient\u00edfico es lo m\u00e1s parecido al mercadillo de los martes en mi pueblo: uno pone all\u00ed su chiringuito con su mercanc\u00eda y se la ofrece a los compradores, que pasean aburridos de puesto en puesto. En unos puestos se congrega mucha gente, en otros, muy poca. De cuando en cuando, alg\u00fan conocido te saluda. Imaginemos tambi\u00e9n que en ese congreso hay dos mesas o \u201cpaneles\u201d, como debe decirse ahora. Una de esas mesas te permite dirigirte al p\u00fablico en tu lengua nativa, mientras la otra se reserva para intervenciones en ingl\u00e9s. Puedes elegir entre una u otra mesa. En un mundo, el acad\u00e9mico, donde el conocimiento de la lengua inglesa es de facto obligatorio, \u00bfc\u00f3mo lo decides? Como cualquiera te aconsejar\u00eda con buena intenci\u00f3n, lo id\u00f3neo es ampliar el auditorio y no restringirte a quienes hablan tu idioma. \u00bfPor qu\u00e9? Porque de ese modo tus ideas se difunden m\u00e1s. Es puro pragmatismo. Pero, si as\u00ed fuera &#8211;podr\u00edamos preguntarle a su vez a nuestro buen consejero con ingenuidad&#8211;, \u00bfqu\u00e9 ganan mis ideas con difundirse m\u00e1s? La respuesta es sencilla: lo mismo que ganan tus lechugas, tus repollos, tus berzas o tus coliflores con que las compren m\u00e1s: nada. Ganas t\u00fa, gana tu renombre, tu importancia. La elecci\u00f3n de lengua de expresi\u00f3n en el mercado cient\u00edfico no se gu\u00eda, pues, por el prop\u00f3sito de que la calidad del producto en s\u00ed gane, sino de que ganes t\u00fa, su propietario.<\/p>\n<p>La lengua de la ciencia no es ning\u00fan beneficio para la ciencia. La promoci\u00f3n personal es el anzuelo mediante el cual se domina al colectivo. Se concentra el mensaje sobre cada individuo aislado, habl\u00e1ndole de las ventajas que puede obtener personalmente; se oculta que, en ese leg\u00edtimo inter\u00e9s, las consecuencias ser\u00e1n negativas para todos. T\u00e1cito vuelve a darnos la clave del proceso en otro pasaje del Agr\u00edcola, esta vez en referencia a la resistencia armada de los britanos: <em>Singuli pugnant, universi vincuntur<\/em> [Combaten cada uno por separado \u2013 los derrotamos a todos juntos] Y de nuevo la iron\u00eda de la historia. T\u00e1cito lo dec\u00eda a prop\u00f3sito de los britanos: hoy, los brit\u00e1nicos pueden pensarlo tranquilamente de todos los dem\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>Desde los a\u00f1os 90 del siglo pasado, la obra de Robert Phillipson viene denunciando la existencia de lo que describe como imperialismo ling\u00fc\u00edstico ejercido en nombre de la lengua inglesa. En un libro de ese t\u00edtulo, <em>Linguistic Imperialism<\/em>, Phillipson propon\u00eda el t\u00e9rmino <em>linguicism<\/em> (que yo propongo traducir como) y que, como el racismo, el sexismo, el clasismo y otros feos ismos, denota una actitud inicua que debe combatirse o resistirse. Phillipson ofrece una definici\u00f3n operativa del imperialismo ling\u00fc\u00edstico del ingl\u00e9s, derivada de su propia definici\u00f3n de imperialismo ling\u00fc\u00edstico en general:<\/p>\n<p>El dominio del ingl\u00e9s se afirma y mantiene mediante el establecimiento y continua reconstituci\u00f3n de desigualdades estructurales y culturales entre el ingl\u00e9s y otros idiomas [5].<\/p>\n<p>Por desigualdades \u201cestructurales\u201d entiende Phillipson las condiciones materiales en sentido amplio (por ejemplo, instituciones, dotaciones financieras y presupuestarias, etc.) y por desigualdades \u201cculturales\u201d, las caracter\u00edsticas inmateriales o ideol\u00f3gicas (por ejemplo, actitudes, principios pedag\u00f3gicos, etc.) Phillipson observa de este modo que el aspecto cultural y el estructural de la expansi\u00f3n del ingl\u00e9s se desconectan en el discurso ortodoxo, reduciendo la cuesti\u00f3n a asuntos t\u00e9cnicos, esto es, \u201cal idioma y la educaci\u00f3n en sentido estricto, excluyendo cualquier alusi\u00f3n a cuestiones sociales, econ\u00f3micas o pol\u00edticas.\u201d[6] Pero como nos recordaba el gran estudioso de la conexi\u00f3n entre colonialismo y conocimiento, el palestino Edward Said, estas dos esferas, la cultural y la pol\u00edtica, no s\u00f3lo se encuentran conectadas: en \u00faltima instancia, son lo mismo. La separaci\u00f3n, la desconexi\u00f3n de los supuestos beneficios que gu\u00edan las pol\u00edticas ling\u00fc\u00edsticas de unos pa\u00edses de los objetivos de dominio pol\u00edtico y cultural por parte de otros resulta un espejismo intencionado. Con ayuda de la descarnada mirada tacitiana, en cambio, es el imperio (ya que no el emperador) el que queda desnudo. Phillipson se pone en su libro las \u201cgafas\u201d que le prestaT\u00e1cito, por as\u00ed decirlo, y permite seguir en detalle la historia de esta estrategia imperialista: la historia del establecimiento y continua reconstituci\u00f3n de desigualdades entre el ingl\u00e9s y las dem\u00e1s lenguas. Esa historia incluye los or\u00edgenes y el desarrollo de la pol\u00edtica promocional del ingl\u00e9s, tanto brit\u00e1nica\u00a0 como estadounidense, desde la creaci\u00f3n del British Council al servicio del \u201cnegocio de los mil millones de libras\u201d, como se le ha denominado, hasta que la lengua inglesa se convirtiera para Estados Unidos en un instrumento fundamental de su <em>soft power<\/em>, de su \u201cpoder blando\u201d, complemento indispensable de los \u201cpoderes duros\u201d que la sostienen: un dominio militar, pol\u00edtico, econ\u00f3mico y tecnol\u00f3gico incontestables. Para ese neo-imperialismo, como escribi\u00f3 el soci\u00f3logo estadounidense Norman Birnbaum, en l\u00ednea con Nebrija, \u201cel triunfo m\u00e1s exquisito de la dominaci\u00f3n imperial es la imposici\u00f3n de un idioma\u201d [7]. Dicho de forma breve y resumida, la promoci\u00f3n de la lengua inglesa ser\u00eda la t\u00e1ctica de invierno de los estrategas y generales del Pent\u00e1gono.<\/p>\n<p>La lectura de los trabajos de Phillipson sirve para probar una subtesis de mi tesis principal: en este momento, gracias al \u00e9xito de esa estrategia, la lengua inglesa se encuentra, a escala planetaria, exactamente en el mismo punto que la lengua latina tras la rendici\u00f3n de las poblaciones b\u00e1rbaras en el occidente; no tiene que hacer el menor esfuerzo en imponerse \u2014 son las propias \u00e9lites de los pa\u00edses subalternos, sus autoridades pol\u00edticas, econ\u00f3micas y acad\u00e9micas, las que se encargan de su promoci\u00f3n y entronizaci\u00f3n. Como resume de forma di\u00e1fana el ling\u00fcista Enrique Bern\u00e1rdez:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El ingl\u00e9s es la lengua \u00fanica de la ciencia (\u2026) porque un n\u00famero muy elevado de anglohablantes se niegan a aprender una lengua extranjera y disponen de los medios coercitivos para que sean los dem\u00e1s quienes hablen, lean y escriban ingl\u00e9s (\u2026) Lo malo es, adem\u00e1s, que muchos grupos de poder pol\u00edtico, econ\u00f3mico, social y cient\u00edfico de otros pa\u00edses aceptan sin queja, sino m\u00e1s bien gustosos y convencidos, esa exclusividad del ingl\u00e9s, y la promocionan ellos mismos [8].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS BIBLIOGR\u00c1FICAS<\/strong><\/p>\n<p>[1] L.-J- Calvet, La guerre des langues, Hachette, Par\u00eds 1999, p. 79.<\/p>\n<p>Todas las traducciones en este art\u00edculo son m\u00edas.<\/p>\n<p>[2] T\u00e1cito, Vida de Agr\u00edcola, C\u00e1tedra, Madrid 2013, p. 88: honoris aemulatio pro necessitate erat.<\/p>\n<p>[3] \u00cdbidem.<\/p>\n<p>[4] P. Bourdieu, \u00bfQu\u00e9 significa hablar?, Akal, Barcelona 2001, p. 25.<\/p>\n<p>[5] R. Phillipson, Linguistic imperialism, Oxford U. Press, 1992, p. 47.<\/p>\n<p>[6] \u00cdbidem p. 48.<\/p>\n<p>[7] N. Birnbaum, \u201cReflexiones de un imperialista involuntario\u201d, El Pa\u00eds, 7-6-02.<\/p>\n<p>[8] E. Bern\u00e1rdez, El lenguaje como cultura, Alianza, Madrid, 2008, p. 77.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Juan Luis Conde, Universidad Complutense de Madrid, Unidigna.<\/em><\/p>\n<p><strong>Ibercampus<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 La tesis: la supuesta condici\u00f3n del ingl\u00e9s como lengua de la ciencia internacional no es algo que beneficie en ning\u00fan sentido al conocimiento, que lo impulse particularmente o lo encauce hacia formas m\u00e1s sabias y beneficiosas para la humanidad, sino un programa de dominaci\u00f3n y colonialismo cultural, econ\u00f3mico y pol\u00edtico con una historia larga [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-99492","post","type-post","status-publish","format-standard","category-opinion"],"acf":{"antetitulo":""},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.5 - 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