{"id":445582,"date":"2026-11-07T07:25:15","date_gmt":"2026-11-07T11:25:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/?p=445582"},"modified":"2026-11-07T07:25:15","modified_gmt":"2026-11-07T11:25:15","slug":"el-genio-atormentado-y-el-refugio-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/2026\/11\/07\/el-genio-atormentado-y-el-refugio-de-la-fe\/","title":{"rendered":"El genio atormentado y el refugio de la fe"},"content":{"rendered":"<p>Los fil\u00f3sofos y artistas tienen una propensi\u00f3n natural a la tristeza cr\u00f3nica o la depresi\u00f3n debido a que, a diferencia de las personas del com\u00fan, se encuentran rumiando constantemente la realidad. Poseen, por lo general, una mirada esc\u00e9ptica del mundo, cuando no una totalmente pesimista. Este peso del saber sucede incluso en uno de los escritores de la Biblia, el Eclesiast\u00e9s, quien advierte al lector que la acumulaci\u00f3n de conocimientos puede ser angustiante y que la reflexi\u00f3n cr\u00edtica de la realidad suele asemejarse a \u201ccorrer tras el viento\u201d.<br \/>\nPensar y repensar problemas o fen\u00f3menos los lleva a caer en bucles de pensamientos negativos y en procesos infinitos de autocr\u00edtica. Nunca se conforman con una teor\u00eda o una obra; siempre contin\u00faan explorando lo desconocido, el misterio, las ambivalencias y el sufrimiento individual y colectivo, exponi\u00e9ndose a crisis de sentido. Adem\u00e1s, vivir materializando obras art\u00edsticas o formulando teor\u00edas los obliga a mirar siempre hacia el interior, analizando miedos, vac\u00edos e incoherencias del inconsciente. Estos rasgos de personalidad, que potencian su talento creativo, aumentan tambi\u00e9n su vulnerabilidad psicol\u00f3gica.<br \/>\nEn \u00faltimo t\u00e9rmino, todo creador es un poeta, porque fabrica obras de la nada. Su materia prima es la magnificaci\u00f3n de la alegr\u00eda o el dolor, que lo lleva a cimas de \u00e9xtasis o simas de tristeza. Algo similar ocurre con el fil\u00f3sofo, que en su f\u00e1ustica labor no conoce de descansos. Al pretender abarcarlo todo \u2014arte, religi\u00f3n y ciencia\u2014 se mete en una empresa que al comienzo parece una hermosa ascensi\u00f3n, pero termina siendo un laberinto irresoluble. Por eso, toda gran obra es un proyecto inacabado: es decir, un fracaso anticipado.<br \/>\nEl pensador vive buscando certezas donde pararse con seguridad; para ello debe desafiar normas de su propia \u00e9poca, creencias establecidas y valores aprendidos en el hogar, lo que le genera inseguridad y desesperanza. Por otro lado, su trabajo es terriblemente solitario; escribir demanda silencio y reclusi\u00f3n. El artista y el pensador son frecuentemente t\u00edmidos o socialmente torpes, lo que los condena al aislamiento.<br \/>\nEs por eso que Erasmo de Rotterdam asever\u00f3 en El elogio de la locura que la ignorancia y la carencia de aptitudes reflexivas protegen a las personas del sufrimiento existencial. Elogi\u00f3 la necedad, pues \u00e9sta ser\u00eda el escudo perfecto para no sufrir por el exceso de conocimientos. Las personas sencillas no se preocupan por la muerte, el sentido de la vida o el futuro de la especie, liber\u00e1ndose de la constante ansiedad. Al carecer de ambiciones intelectuales, viven vidas de placeres simples y sin el agobiante peso de la autocr\u00edtica. Su superficialidad les permite encajar mejor en la sociedad.<br \/>\nEl fil\u00f3sofo se da cuenta de que la historia universal es una ingrata cr\u00f3nica de sufrimientos; por tanto, el estudio revela la condici\u00f3n humana llena de miserias, lo cual derrumba las ilusiones necesarias para vivir esperanzado. El estudio ser\u00eda, pues, la entrada a un mundo de desilusiones, y la estupidez se presenta como la verdadera benefactora de la humanidad para una vida feliz.<br \/>\nVarios pensadores pagaron caro su talento. Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche sintieron en el tu\u00e9tano la soledad y la incomprensi\u00f3n; sus obras son el testimonio de esp\u00edritus acongojados por el sufrimiento innato de la existencia. Artistas como Vincent van Gogh son el ejemplo de melancol\u00edas devastadoras; los colores vibrantes de su obra fueron un refugio para guarecerse de su tormento. Incluso titanes de la ciencia como Newton o Einstein tambi\u00e9n fueron v\u00edctimas de la ansiedad o el estr\u00e9s.<br \/>\nFrente al abismo, mentes literarias como la de Franz Kafka se refugiaron en la monoton\u00eda de un trabajo de oficina rutinario y burocr\u00e1tico, o en las aguas profundas del cristianismo, como fue el caso del atormentado. Le\u00f3n Tolst\u00f3i. Tras a\u00f1os de una b\u00fasqueda intelectual agotadora y luego de soportar una depresi\u00f3n que lo llevaba al abismo, el autor de Ana Karenina decidi\u00f3 lo m\u00e1s inteligente: entregar su vida al Evangelio y abandonar las elucubraciones sofisticadas para llevar una vida campestre y sencilla, como la de los mujiks, que tambi\u00e9n sufr\u00edan, pero al menos mor\u00edan en paz. Abrumado por la complejidad de la realidad y el vac\u00edo de una vida intelectual sin el Nazareno, Tolst\u00f3i dio el paso de la fe, hall\u00e1ndole sentido a la vida.<\/p>\n<p>Ignacio Vera de Rada es polit\u00f3logo y comunicador social.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los fil\u00f3sofos y artistas tienen una propensi\u00f3n natural a la tristeza cr\u00f3nica o la depresi\u00f3n debido a que, a diferencia de las personas del com\u00fan, se encuentran rumiando constantemente la realidad. Poseen, por lo general, una mirada esc\u00e9ptica del mundo, cuando no una totalmente pesimista. 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