{"id":380941,"date":"2026-03-31T00:29:56","date_gmt":"2026-03-31T04:29:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/?p=380941"},"modified":"2026-03-30T22:30:31","modified_gmt":"2026-03-31T02:30:31","slug":"el-valor-del-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/2026\/03\/31\/el-valor-del-silencio\/","title":{"rendered":"El valor del silencio"},"content":{"rendered":"<p>El problema del silencio de Dios en el Huerto de Getseman\u00ed ha ocupado un lugar central en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica contempor\u00e1nea, especialmente en un contexto hist\u00f3rico marcado por la incertidumbre, el sufrimiento y la aparente ausencia de sentido. Lejos de constituir una negaci\u00f3n de la presencia divina, este silencio puede ser comprendido como una forma m\u00e1s profunda de comunicaci\u00f3n, una pedagog\u00eda que invita al ser humano a trascender la superficialidad de lo inmediato y a abrirse a una experiencia m\u00e1s radical de la verdad.<\/p>\n<p>Es en este sentido que la reflexi\u00f3n del Papa Benedicto XVI resulta, particularmente, significativa. Su pensamiento insiste en que Dios no es un ser que compite con el ruido del mundo, sino una realidad que se revela en la interioridad, en la escucha atenta, en el recogimiento; para \u00c9l, el silencio no es ausencia, sino el espacio en el que la Palabra adquiere sentido.<\/p>\n<p>La modernidad, con su \u00e9nfasis en la tecnolog\u00eda y la inmediatez, ha generado una cultura del ruido que dificulta profundamente la experiencia de lo trascendente. La saturaci\u00f3n de est\u00edmulos, de discursos y de opiniones impide el desarrollo de una verdadera escucha; en este contexto, el silencio aparece no s\u00f3lo como una pr\u00e1ctica espiritual, sino como una necesidad antropol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Benedicto XVI, se\u00f1alaba que la crisis del hombre contempor\u00e1neo es, en gran medida, una crisis de escucha; el ser humano ha perdido la capacidad de percibir lo esencial porque se encuentra atrapado en lo accesorio. El silencio, por tanto, no es un lujo, sino una condici\u00f3n indispensable para recuperar el sentido de la existencia.<\/p>\n<p>Esta perspectiva se vincula con una tradici\u00f3n espiritual que ha entendido el desierto como lugar privilegiado de encuentro con Dios; el despojo de lo superfluo, la confrontaci\u00f3n con el propio vac\u00edo y la experiencia de la soledad no son fines en s\u00ed mismos, sino medios para acceder a una verdad m\u00e1s profunda. En el silencio del desierto, el hombre aprende a reconocerse y, en ese reconocimiento, se abre a la trascendencia; el silencio, en este sentido, no es mera ausencia de palabras, sino una actitud interior que implica una disposici\u00f3n a acoger, a dejarse interpelar, a renunciar al control absoluto de la realidad. Esta actitud contrasta con la l\u00f3gica dominante de la modernidad, que privilegia la afirmaci\u00f3n constante del yo y la imposici\u00f3n de la propia voluntad.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre silencio y verdad tambi\u00e9n tiene profundas implicaciones \u00e9ticas, pues vivimos atrapados entre la manipulaci\u00f3n del lenguaje y la banalizaci\u00f3n del discurso. Es por esta raz\u00f3n que el silencio puede convertirse en un acto de resistencia; no se trata de callar ante la injusticia, sino de evitar la reproducci\u00f3n acr\u00edtica de discursos vac\u00edos. La dimensi\u00f3n prof\u00e9tica de la palabra exige, precisamente, esta preparaci\u00f3n en el silencio; el profeta no es simplemente quien habla, sino, quien, primeramente, ha sabido escuchar.<\/p>\n<p>El silencio, sin embargo, no debe ser confundido con la evasi\u00f3n o la indiferencia. Existe un silencio c\u00f3mplice que legitima la injusticia y un silencio fecundo que prepara la acci\u00f3n; la diferencia entre ambos radica en la intenci\u00f3n y en el horizonte que los orienta, el silencio aut\u00e9ntico conduce a la verdad y, por tanto, a la justicia. Desde esta perspectiva, el silencio se convierte en una forma de compromiso; no es una retirada del mundo, sino una manera distinta de habitarlo. Quien ha aprendido a escuchar en el silencio est\u00e1 mejor preparado para actuar con responsabilidad y coherencia.<\/p>\n<p>Siguiendo esta l\u00ednea de pensamiento el silencio de Jes\u00fas no muestra debilidad, al contrario, es sin\u00f3nimo de gallard\u00eda. Construir ideas con base en el silencio y en la intervenci\u00f3n oportuna brinda calidad a la postura defendida, en cambio el improperio y la verborrea s\u00f3lo logran ahondar diferencias y miserias. Esta concepci\u00f3n tiene profundas implicaciones para la vida personal y comunitaria; recuperar el valor del silencio implica replantear las prioridades, cuestionar los ritmos de vida y abrir espacios para la interioridad, no se trata de una tarea f\u00e1cil, pero s\u00ed de una necesidad urgente.<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia, el silencio no es un fin en s\u00ed mismo, sino un medio para acceder a la verdad. Una verdad que no se impone, sino que se revela; que no se posee, sino que se acoge; es en este proceso que el ser humano se descubre, no como due\u00f1o de la verdad, sino como su eterno buscador.<\/p>\n<p>El silencio termina siendo uno de los instrumentos favoritos de Dios. La Pascua de Cristo es ejemplo de ello, parecer\u00eda que Dios al quedarse en silencio ante el dolor de su hijo lo deja s\u00f3lo, el clamor desde la Cruz \u201cPadre, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u201d refleja soledad y desesperaci\u00f3n.\u00a0 Es de esta manera que el silencio de Dios en la crucifixi\u00f3n se convierte en una sinfon\u00eda en la resurrecci\u00f3n, no permanece callado, habla en los momentos necesarios.<\/p>\n<p>As\u00ed, el silencio deja de ser interpretado como ausencia para convertirse en un lenguaje; un lenguaje que no se expresa en palabras, pero que comunica con una profundidad que trasciende cualquier discurso. En \u00e9l se gesta una palabra aut\u00e9ntica, capaz de anunciar la verdad y de denunciar la injusticia, contribuyendo as\u00ed a la construcci\u00f3n de un mundo m\u00e1s justo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El autor es te\u00f3logo, escritor y educador.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El problema del silencio de Dios en el Huerto de Getseman\u00ed ha ocupado un lugar central en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica contempor\u00e1nea, especialmente en un contexto hist\u00f3rico marcado por la incertidumbre, el sufrimiento y la aparente ausencia de sentido. 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