{"id":371336,"date":"2026-02-26T05:49:44","date_gmt":"2026-02-26T09:49:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/?p=371336"},"modified":"2026-02-26T05:49:44","modified_gmt":"2026-02-26T09:49:44","slug":"coto-colorao-mato-a-su-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eldiario.net\/portal\/2026\/02\/26\/coto-colorao-mato-a-su-mujer\/","title":{"rendered":"\u00bfCoto Colorao mat\u00f3 a su mujer?"},"content":{"rendered":"<p>\u201cCoto Colorao mat\u00f3 a su mujer, con un cuchillito m\u00e1s muto que \u00e9l, le sac\u00f3 las tripas y las fue a vender, \u00a1pa qu\u00e9 quiero tripas de mala mujer!\u201d, era el dicho frecuente entre los muchachos de mi barrio, cuando todav\u00eda yo no hab\u00eda cumplido los diez a\u00f1os. Discut\u00edamos a gritos los amigos, sentados en una viga que hab\u00eda frente a la casa de mi t\u00edo abuelo C\u00e9sar Cronelmbold, que era donde viv\u00eda mi t\u00eda Albertina; si hab\u00eda existido o no Coto Colorao. Y si el sujeto hab\u00eda destripado a su mujer, por facilona, porque le hab\u00eda puesto cuernos, mientras \u00e9l se hab\u00eda amanecido tocando su tambor en una casa de mala reputaci\u00f3n, donde sus compa\u00f1eros se resignaron a dejarlo borracho, bravo, loco de deseo, ofreci\u00e9ndole la plata que le hab\u00edan pagado a una camba petacuda, piernuda y peluda, que al parecer ya ten\u00eda due\u00f1o.<\/p>\n<p>Mi abuela dec\u00eda que era mentira lo de Coto Colorao, que era un invento para asustar a la gente; pero su vecina, juraba que era verdad, que ella lo sab\u00eda por una t\u00eda de la mujer de Coto Colorao. As\u00ed que yo, chismoso, escuchaba a las dos partes y sal\u00eda corriendo al corredor de t\u00eda Albertina, donde estaba la viga, a contarles a mis amigos que me esperaban ansiosos.<\/p>\n<p>Mi abuela insist\u00eda que Coto Colorao no hab\u00eda existido, que era una patra\u00f1a popular, m\u00e1s la se\u00f1ora de enfrente le contestaba que a ella le hab\u00edan contado todo de Coto Colorao; que era un tipo alto, flaco y desdentado, que ten\u00eda un coto enorme y rojo como una cresta de gallo, bocio que le quer\u00edan operar, sac\u00e1rselo, pero que \u00e9l se negaba rotundamente diciendo que Dios lo hab\u00eda enviado as\u00ed al mundo y que las mujeres le sobaban el coto, lo besaban, y lo mord\u00edan cuando entraban en furor.<\/p>\n<p>Dec\u00edan que era tamborero en una banda y que solo trabajaba para el carnaval con los \u201cPichilines\u201d que pagaban por adelantado; y para los entierros importantes, que era donde la gente decente y dolorida no enga\u00f1aba. Odiaba tocar en matrimonios o cumplea\u00f1os, porque se chupaba el novio o el cumplea\u00f1ero y no hab\u00eda quien pague y acababan todos los m\u00fasicos de la banda con la trompa morada de tanto soplar, netos de tanto beber y hambrientos de solo haber comido las sobras, ya mondadas, de costillas de puerco, arroz fr\u00edo y restos de salpic\u00f3n, cuando no los sacaban de la fiesta a patadas por pedig\u00fce\u00f1os.<\/p>\n<p>Llegaba yesca a su casita por El Pari y su Crisanta le dec\u00eda que no hab\u00eda plata ni para el pan del desayuno. Coto Colorao sin hablar y a tropezones se tiraba en su catre a dormir y eso era hasta la noche. Sus ronquidos ya eran conocidos en el vecindario. Su pobre mujer le daba una patada al tambor y se iba, maldiciendo, donde alguna de sus comadres y se hac\u00eda invitar un caf\u00e9, y se las arreglaba para comer algo el resto del d\u00eda.<\/p>\n<p>La vecina de mi abuela contaba que, para el \u00faltimo carnaval, Coto Colorao sali\u00f3 con su banda de \u201cJausis y Hermanos\u201d y que dieron unas diez vueltas a la plaza animando a los \u201cPichilines\u201d y que en la noche fueron a una casa de espera, despu\u00e9s salieron a comer patasca, y luego cuando ya no quedaban m\u00e1s que cinco \u201cPichilines\u201d en pie, acabaron tocando en un quilombo hasta las seis.<\/p>\n<p>Coto Colorao lleg\u00f3 a su casa y le ladraron sus dos perros flacos. Los abraz\u00f3, se hizo lamer la cara y el coto, y les dijo que les buscar\u00eda unos huesos en el mercado. Se fue directo a su catre y lo encontr\u00f3 ocupado por su amigo el carnicero Jos\u00e9; el ma\u00f1azo, que estaba con todas sus gorduras al aire. Mir\u00f3 por todos lados en busca de su mujer para pedirle cuentas y no la vio. \u201c\u00a1Carajo! \u00a1Qu\u00e9 pas\u00f3 aqu\u00ed!\u201d, grit\u00f3. Jos\u00e9 salt\u00f3 amilanado y se puso sus calzoncillos pidiendo perd\u00f3n y ofreci\u00e9ndole una res entera como indemnizaci\u00f3n; Crisanta asom\u00f3 debajo del gordo, con los ojos abiertos y sorprendidos como los de una lechuza. Coto Colorao se fue tambaleando a la cocina, que estaba a dos pasos, y trajo el cuchillo m\u00e1s grande que encontr\u00f3, mientras el carnicero hu\u00eda llev\u00e1ndose su ropa en el hombro. Crisanta se puso de pie y le dijo que hab\u00eda cometido pecado con ese sinverg\u00fcenza a cambio de unas tripas de res y un coraz\u00f3n, de yapa, como s\u00edmbolo de amor, que el ma\u00f1azo Jos\u00e9 acababa de traerle. \u201cEs que ya no hab\u00eda qu\u00e9 comer\u201d, le dijo con los ojos aguados.<\/p>\n<p>Todo el barrio se alborot\u00f3 a esa hora, m\u00e1s cuando el carnicero Jos\u00e9 sali\u00f3 en calzoncillos, arrasando con todo, luciendo su obesidad, diciendo que el marido le hab\u00eda abierto la panza a la mujer. Pero Coto Colorao le dijo a Crisanta que la pr\u00f3xima vez la matar\u00eda por puta, y que no estaba de humor para matar a nadie ese d\u00eda, aunque tampoco aceptaba el regalo humillante del ma\u00f1azo.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 con las tripas y las ofreci\u00f3 en el mercado. El coraz\u00f3n se los dio a los perros. Todos creyeron que eran las tripas de su mujer, que Coto Colorao la hab\u00eda matado, y, horrorizados, nadie del barrio de El Pari quiso comer carne de res ese d\u00eda, ni el siguiente, hasta que Crisanta sali\u00f3 de su tapera, risue\u00f1a y cantando, con un c\u00e1ntaro sobre su cabeza para traer agua del pa\u00faro. El que no apareci\u00f3 m\u00e1s fue Coto Colorao, que, avergonzado, se fue con su tambor a Chiquitos. Y todo se hizo leyenda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cCoto Colorao mat\u00f3 a su mujer, con un cuchillito m\u00e1s muto que \u00e9l, le sac\u00f3 las tripas y las fue a vender, \u00a1pa qu\u00e9 quiero tripas de mala mujer!\u201d, era el dicho frecuente entre los muchachos de mi barrio, cuando todav\u00eda yo no hab\u00eda cumplido los diez a\u00f1os. 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