Los economistas estadounidenses Robert E. Hall y Michael Woodford fueron galardonados con el Premio Nobel de Ciencias Económicas de 2026 por sus contribuciones al desarrollo de modelos que permiten comprender cómo las decisiones de los hogares y las empresas influyen en la economía y cómo las autoridades pueden aplicar políticas más eficaces para estabilizarla.
La Real Academia Sueca de Ciencias anunció en Estocolmo, el 12 de octubre de este año, a los ganadores, cuyo reconocimiento destaca los “fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica”. Sus investigaciones contribuyen a comprender cómo los gobiernos y los bancos centrales pueden responder a las perturbaciones económicas. Analizan cómo las decisiones de consumo, ahorro e inversión, así como las expectativas de hogares y empresas, influyen en las fluctuaciones económicas.
John Hassler, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas, destacó que sus aportes permiten analizar cómo las decisiones y expectativas influyen en la inflación y la producción, y ayudan a afrontar crisis económicas y energéticas.
Este reconocimiento se lo entrega con los demás premios Nobel y se lo conoce formalmente como el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. Fue creado en 1968 por iniciativa del banco central sueco y se concedió por primera vez en 1969, en homenaje a Alfred Nobel, empresario y químico sueco del Siglo XIX, conocido, entre otros aportes, por la invención de la dinamita y por establecer los premios que llevan su nombre.
Robert E. Hall nació en Palo Alto, California, en 1943, y es profesor emérito de la Universidad de Stanford. Michael Woodford nació en Chicopee, Massachusetts, en 1955, y es profesor de Economía Política en la Universidad de Columbia.
La investigación de los galardonados desarrolla modelos que reconocen que los hogares y las empresas consideran sus expectativas sobre el futuro antes de tomar decisiones. En lugar de basarse únicamente en relaciones estadísticas entre variables como inflación, producción y consumo, Hall y Woodford apostaron por un enfoque microeconómico que explica cómo las decisiones individuales influyen en el conjunto de la economía.
Los galardonados recibirán 12 millones de coronas suecas, equivalentes aproximadamente a US$1,2 millones, que se repartirán en partes iguales. Desde su primera concesión, en 1969, el Premio de Ciencias Económicas ha distinguido a numerosos investigadores por sus contribuciones al conocimiento económico. Solo tres mujeres han recibido este reconocimiento.
Hassler explicó que el trabajo de Hall y Woodford proporcionó una base teórica sólida a los modelos que hoy utilizan bancos centrales y gobiernos de todo el mundo. Sus efectos se reflejan en aspectos cotidianos, como el costo de una hipoteca, la velocidad con que se desacelera la inflación o la profundidad de una recesión.
Durante muchos años, la política económica se aplicaba cuando la economía se enfriaba o se calentaba. Hall y Woodford contribuyeron a cambiar esa visión al establecer los “fundamentos microeconómicos” de la estabilidad macroeconómica, considerando cómo los hogares y las empresas deciden comprar, ahorrar o fijar precios. Este enfoque es la base de la corriente conocida como “nuevo keynesianismo”.
El comité del Nobel señaló que “la investigación de los galardonados hizo posible gestionar grandes crisis macroeconómicas de manera mucho más eficaz que antes. Ha sido enormemente beneficiosa durante la pandemia y las crisis energéticas de los últimos años”.
Los bolivianos vivimos estas situaciones en carne propia: cuando la economía se desploma, la gente pierde el empleo; cuando los precios se disparan, se consume el sueldo. No hace falta entender las ecuaciones para sentir sus efectos al solicitar un crédito o enfrentar la incertidumbre económica de las familias.
Un ejemplo cotidiano: si sabes que tu empresa dará aumentos en seis meses, comenzarás a gastar de forma más holgada. Si crees que los precios seguirán subiendo, pedirás un aumento, mientras los locatarios elevarán los precios en el mercado.
Los galardonados sostienen que lo que la gente espera que ocurra mueve la economía casi tanto como los hechos mismos. Por eso, las autoridades deben comunicar claramente sus planes. Woodford lo resumió así: estabilizar la economía no es tirar de palancas sin considerar lo que la gente entiende.
Cuando un banco central comunica anticipadamente la orientación de sus tasas de interés, no solo informa al público: sus anuncios influyen en las expectativas de hogares, empresas y mercados financieros, modificando sus decisiones incluso antes de que las medidas entren en vigor.
El autor es economista, Académico de número de la ABCE y presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
