Desde los bloqueos ocurridos entre los meses de mayo y junio pasados, el cocalero Evo Morales Ayma estuvo alentando un movimiento subversivo, aprovechando la sucesión de manifestaciones, marchas y bloqueos que se producían entonces en varias regiones.
Solucionados esos conflictos, Morales no se dio por vencido y creyó que se habían dado las condiciones para una acción más violenta que desestabilice al gobierno actual, que debía ser favorable para sus intenciones de volver al poder o, por lo menos, que asuma la presidencia del país alguno de sus seguidores más fieles.
Para el caudillo atrincherado en el Chapare todo conflicto social resulta útil para sus ambiciones. Se embarcó, entonces, en otra conspiración desde bambalinas, con mayor sigilo, pero no con menos intereses para recuperar lo perdido. De paso, quiere poner fin al angustioso encierro que sufre, por su propia cuenta, en Lauca Ñ.
Las perspectivas de la actual realidad le hicieron ver que se aproximaba una nueva crisis y que ésta llegaría a altos niveles, como para crear una rebelión de grandes alcances. Sus seguidores afirmaron que octubre era el mes para la rebelión y caída del poder de Rodrigo Paz Pereira. Es más, se dedicó a alentar ese posible suceso, con declaraciones directas e indirectas, que eran el signo de que algo de mayor volumen se estaba preparando.
Pero, finalmente, llegó octubre y no se movió el tablero político y cuando el mes ya está por terminar, nada de lo pronosticado se produjo, lo que dejó a él y sus adeptos con los crespos hechos. En efecto, ni una de sus consignas dio resultado. Es más, algunos gremios que habían anunciado apoyarle, se replegaron a sus cuarteles de invierno.
El anuncio de repetir el “octubre negro” cayó en el vacío. No hubo alguna manifestación de apoyo al pedido de salvación. Algunas organizaciones sociales que habían afirmado que saldrían a las calles para repetir una subversión, declararon recientemente que no lo harían, porque no hubo varias medidas previas. En esa forma, el anuncio del “Octubre Negro” se esfumó como una broma pesada y nada más. Ni una sola alma salió a cumplir lo que pedía el decadente cocalero.
Todo eso en torno a los hechos. Pero el análisis llega mucho más allá. Efectivamente, el fracaso del plan del “Octubre Negro” revela varias cosas, entre ellas, primero, que ya nadie le hace caso a Evo Morales; segundo, que sus consignas son desconocidas, que está equivocado, que ya ha pasado su cuarto de hora y que santo que pasa fiesta ¡a un rincón!
En fin, el hecho que no se haya producido otro “Octubre Negro”, revela que su ciclo político ya ha concluido y que era solo un fantasma que asustaba cuando golpeaba el suelo con su bastón. Se debe reiterar que ya nadie le hizo el menor caso. Más bien, hubo actos de desprecio a sus sueños descabellados.
En esa forma, ha concluido la presencia periódica del cocalero Morales en el país. No ha sido necesario ni un solo tiro de escopeta. El castigo le cayó por obra de su propia mano. Solo queda proceder a un entierro piadoso y en silencio.
