Sin duda, son sabores opuestos, ambos determinados principalmente por sensaciones químicas detectadas por el gusto (lengua), así como por el olfato (olor) y en particular por los sensores específicos existentes en diferentes partes de la lengua, llamados papilas gustativas. El humano posee unas 10.000 papilas que se distribuyen en zonas o áreas de la lengua, por ejemplo, los sabores dulces son percibidos con mayor intensidad en la punta, mientras que los salados en sus zonas laterales.
El mecanismo de sabor es muy sencillo, cuando ingerimos alimentos, al masticar, éstos se desmenuzan, desprendiéndose aromas que ascienden mediante la faringe a la nariz (causando la sensación de sabor-olorosa) y sustancias químicas que afectan a los sensores específicos de la lengua.
Hasta aquí, parece ser una clase de Anatomía, ciencia que estudia la estructura de los seres vivos, incluyendo su forma, la disposición y relación de sus partes y órganos. Sin embargo, por analogía, daré un “giro”, analizando a las personas catalogadas como “dulces o saladas”.
Comencemos por las “dulces”, que son de naturaleza afable, amable, cariñosa y considerada con los demás. Se caracterizan por tener gran capacidad para comprender y compartir los sentimientos de otros. Su presencia suele calmar y transmitir tranquilidad, con disposición constante a ayudar de forma voluntaria y sin esperar algo a cambio. Por otra parte, suelen ser personas con perspectiva más positiva y con actitud optimista ante la vida.
¿Y en el caso del que es salado? De forma coloquial, es una persona con mala suerte (*). Le caen todas las desgracias, no sale de un problema para entrar en otro, sus pensamientos serán muy negativos, padecerá de baja autoestima, será estresado hasta llegar a la ansiedad o depresión.
«¡Atiza!», diría una persona de nacionalidad española. Es una interjección coloquial que expresa sorpresa, admiración o contrariedad, similar a decir «¡Vaya!» o «¡Caramba!», ante la situación de ambas personas: una dulce y otra salada.
No diría contradictorias, ni antagónicas, son sencillamente conductas que en el caso de la primera (dulce), se lleva las palmas ante la posibilidad de interactuar para bien con las personas que necesitan que se les dé “una mano”, como es ayudar a una persona “salada”.
Tanto uno como otro sabor, o persona, no son excluyentes una de la otra. Una persona puede ser amable, atenta, pero también ésta puede verse afectada por malas rachas que pueden afectar diversas áreas de la vida, como la salud, el trabajo o las relaciones personales.
¿Solución? Brindar la mano al que la necesita, en el momento adecuado, sin necesariamente llegar al don máximo de la “dulzura”. Recuerde que saber conjugar lo dulce con lo salado es tan común como ingerir una pizza hawaiana con jamón y piña, el clásico melón con jamón, el queso con uvas o guisos de carne con salsas de vino dulce.
(*) Se usa este término en algunos países hispanoamericanos. En otros, se considera una persona “salada” como graciosa, ocurrente o con mucha chispa.
El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.
