El año 2026 marca el VIII centenario (800 años) del paso de San Francisco de Asís a la vida eterna, ocurrida el 3 de octubre de 1226 en la Porciúncula de Asís. El papa León XIV se sumó a este gran acontecimiento religioso, declarando el año jubilar Franciscano del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027, un año de gracia en la Iglesia Católica y de renovación del legado de paz, fraternidad y amor por la naturaleza, que sigue vigente ocho siglos después.
La conmemoración del tránsito de San Francisco de Asís, es una celebración mundial y tiene como objetivo espiritual recordar su paso de la vida terrenal a la vida eterna, a la que llamaba “hermana muerte de la que nadie puede escapar”. Por lo tanto, en el pensamiento franciscano la muerte no es un final trágico, sino un puente de tránsito hacia la vida eterna y el encuentro definitivo con Dios. Por ello la existencia y la muerte en la filosofía franciscana debe ser vivida con serenidad, esperanza y alegría.
Francisco en sus últimos momentos, pidió ser acostado desnudo sobre la tierra desprovista de cualquier comodidad o bien material, en el pequeño templo de la Porciúncula en Asís – Italia, y con este gesto quiso regresar a los brazos del Padre tal como vino al mundo y por imitación a Jesucristo, pobre y crucificado. Vivió el Evangelio de manera coherente, “vivir la vida sin aferrarse a nada”, porque el ser humano viene desnudo al mundo y debe transitar hacia la muerte terrenal libre de vanidades, u obsesiones por las cosas materiales. Más bien debe priorizar el amor de Dios.
San Francisco de Asís, dejó un importante legado pedagógico a la humanidad: el amor a toda la creación, y desde su conversión a Cristo consagró su vida a la fraternidad universal, viendo a los animales, plantas y toda criatura como salidos de las manos de Dios y por eso les llamaba hermano, hermana. La misión de cada uno de nosotros es seguir el ejemplo del Poverello de Asís, amar la creación universal reconociendo el mundo como un don de Dios y asumir una relación de cuidado, respeto, reverencia y fraternidad universal con todo lo que existe. Por lo tanto, es un cambio de pensamiento integral para evitar la cultura del descarte y profundizar en el paradigma de la conversión ecológica del cuidado, porque si hoy no cambiamos nuestra actitud con la naturaleza, algún día puede ser tarde.
La fraternidad universal, también es el amor al ser humano, el reconocer a todas las personas como hermanos, sin importar diferencias de raza, religión, cultura o nacionalidad. Francisco de Asís, fue uno de los que promovió la cultura del encuentro, que implica salir de uno mismo para dialogar, escuchar y ser empáticos con los demás. Por eso él decía “haz el bien a los demás, y encontrarás la felicidad”. Por lo tanto, significa vivir con sencillez, humildad, amor al prójimo y un profundo respeto por los más débiles y pobres de nuestra sociedad.
Otro legado importante, el saludo de paz y bien, nuestra sociedad llena de egoísmo necesita de este consuelo, de personas que lleven el amor donde reina el odio y perdón donde hay ofensas. Por lo tanto, esta expresión es un profundo mensaje de San Francisco de Asís, él es el instrumento de Dios, en él se realiza la historia de la Salvación.
Este centenario debe permitir renovar nuestra fe en Dios, acogiendo el Evangelio, abrazando la paz…
El autor es docente.
