InicioSeccionesNacionalMujeres encuentran en la cerámica rota una forma de crear y...
Cochabamba

Mujeres encuentran en la cerámica rota una forma de crear y reconstruir

En Cochabamba hay un grupo de mujeres que renace. Se trata del colectivo Kuska. El arte se convirtió para ellas en un espacio para fortalecer su autonomía económica, sanar heridas, resolver conflictos y crear comunidad.

Trabajan con cerámica desechada: cada fragmento roto adquiere una nueva forma y un nuevo sentido, mientras ellas también encuentran una oportunidad para reconstruirse.

María René Camacho y Yolanda Siles son parte de esta historia que comenzó hace más de 13 años en el Centro Cultural Martadero. Cuando terminó el financiamiento inicial del proyecto, las integrantes tuvieron que decidir si cerraban el taller o continuaban con aquello que les apasionaba. Decidieron seguir adelante y conservar el nombre Kuska, que en quechua significa “juntas”. Desde entonces, sostienen el colectivo, elaboran mosaicos, murales y cuadros, y comercializan sus obras de manera independiente.

“Estamos dando una segunda oportunidad a pedazos de cerámica que estaban en desecho. Creo que también son segundas oportunidades que nos damos en la vida”, expresa María René.

La frase resume el sentido de su trabajo: rescatar materiales que otros descartan y convertirlos en composiciones en las que cada pieza, por pequeña o irregular que sea, encuentra un lugar. En ese proceso, las mujeres también afianzaron sus capacidades y el valor de lo que podían construir juntas.

El camino no estuvo libre de prejuicios. La cerámica y el mosaico eran oficios que algunas personas asociaban con los hombres, por lo que las integrantes tuvieron que demostrar que podían dominar la técnica y vivir de sus creaciones.

Con el tiempo, sus obras ganaron reconocimiento y hasta quienes al principio dudaban del proyecto terminaron por convertirse en aliados. El taller dejó de ser solo un lugar para trabajar con las manos: también se convirtió en un espacio para compartir experiencias, aprender y fortalecer la confianza.

A esa experiencia se sumaron talleres sobre el cuerpo, las emociones, el cuidado personal y la resolución pacífica de conflictos.

Como un merecido homenaje, la historia de Kuska forma parte del libro Voces que construyen paz, que reúne experiencias de la Iniciativa para la Consolidación de la Cultura de Paz en Bolivia, implementada por ONU Bolivia a través de ONU Mujeres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Como parte de esa iniciativa, ONU Mujeres y la Fundación Aguayo impulsaron actividades orientadas a el liderazgo y el bienestar de las participantes.

“Aprendimos a reconocer nuestro cuerpo y a darle más valor a nuestras manos. Antes hacíamos muchas cosas forzándolo; ahora trabajamos con más conciencia y más cuidado”, cuenta Yolanda.

Para Mary Laso, quien forma parte del colectivo desde hace tres años, uno de los aprendizajes más importantes fue “valorarnos como mujeres y a querer nuestras manos, porque son nuestro instrumento de trabajo”.

Sus manos no solo dan forma a la cerámica: también les permiten desarrollar un oficio, generar ingresos y expresar lo que llevan dentro.

En Kuska, la paz no significa que desaparezcan las diferencias, sino aprender a resolverlas con respeto.

“La paz es respeto mutuo. Siempre hay conflictos, pero aprendemos a resolverlos y seguimos adelante”, dice Yolanda.

María René también reconoce el valor de ese espacio compartido: “Cuando vuelven a sus casas, vuelven con más paz porque aquí pudieron dejar muchas cosas atrás”.

Lo aprendido en el taller acompaña a las integrantes en sus relaciones familiares y comunitarias. Mary, por ejemplo, tiene en la entrada de su casa una imagen de un pájaro que representa la paz y la utiliza para hablar de ese valor con los niños de su barrio.

Un mural colectivo reúne parte de la historia del grupo. Cada rostro representa a una de sus integrantes y cada pieza aporta a una obra común.

Mary muestra el mural a su familia y señala su imagen con orgullo: “Esa soy yo”. Verse representada en una creación colectiva le recuerda que forma parte de algo que construyó con otras mujeres.

Ahora, las integrantes quieren compartir sus conocimientos con más personas, enseñar la técnica del mosaico y ofrecer a otras mujeres un lugar donde desarrollar su creatividad y sus proyectos.

La historia de Kuska cobra un significado especial en octubre, mes en el que Bolivia conmemora el Día de la Mujer Boliviana, cada 11 de octubre, en homenaje al nacimiento de Adela Zamudio, escritora y educadora cochabambina. Instituida mediante decreto en 1980, la fecha reconoce el papel de las mujeres en la historia del país.

En el taller, ese aporte toma forma en el trabajo cotidiano, la independencia que buscan y el apoyo que construyen entre ellas.

“Que las mujeres no se queden en su casa. Que salgan, luchen por lo que les gusta hacer y cumplan sus propósitos”, es el mensaje que comparten las integrantes.

Como los fragmentos de cerámica que unen para dar vida a una obra, ellas han construido, pieza por pieza, un espacio propio donde crear, sostenerse y abrir camino para otras. Como la flor de loto, que emerge del lodo y despliega sus pétalos sobre el agua, las mujeres de Kuska han encontrado en el arte una forma de crecer, fortalecerse y florecer a pesar de las dificultades. (ABI)

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES