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En Bolivia aumenta la informalidad

Con optimismo naciones latinoamericanas hacen conocer datos sobre el crecimiento de industrias de diversa índole, la reducción del desempleo y, por tanto, de los niveles de pobreza. La situación es  radicalmente opuesta en Bolivia, donde las actividades formales van decreciendo.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en nuestro país el trabajo informal ha llegado a más del 80 por ciento de la fuerza de trabajo nacional. Por ello se calcula que 8 de cada 10 trabajadores son informales. Lo más preocupante es que entre los jóvenes, que son el capital humano del país, la informalidad llega a alrededor del 56%.

Esos trabajadores informales engrosan las filas del comercio minorista, del transporte, la construcción, la agricultura, y otros subsisten con empleos creados por ellos mismos. Estos informales carecen de seguro de salud, no hacen aportes para su jubilación, no tienen acceso al salario mínimo nacional y sus empleos son inestables.

Por otra parte, quienes deciden crear empresas formales se enfrentan con elevados costos, impuestos variados y engorrosos trámites. Debido a esta situación, es muy baja la creación de empleos formales, así como las inversiones privadas, por lo que predominan los autoempleos y las pequeñas empresas para hacer frente a graves problemas como la recesión y la inflación.

También es necesario considerar que en Bolivia la producción disminuye, mientras aumenta el consumo, particularmente de productos importados, inclusive de alimentos que, en el pasado, eran nativos y abundaban en mercados nacionales. Pero hoy, por falta de apoyo a la agricultura, especialmente en el occidente, van desapareciendo, como tubérculos, frutas, legumbres, etc.

Por todo lo mencionado, después de veinte años de gobiernos del MAS, que dilapidaron enormes cantidades de dinero proveniente de la venta de gas a países vecinos, principalmente, el mercado laboral formal cada vez es menor, en desmedro de nuevos profesionales y jóvenes ávidos de formar parte de la fuerza laboral del país.

Y es que en ese nefasto periodo de tiempo, los gobernantes masistas anunciaron, pomposamente, un proceso de “industrialización”, con el cual Bolivia llegaría a un desarrollo similar a países del primer mundo. Sin embargo, al término de ese ciclo de gobiernos populistas se comprobó que muchas de esas empresas estatales solo causaron pérdidas y deudas. Además, fueron copadas por militantes del MAS, generalmente sin contar con méritos académicos o técnicos.

Hoy como resultado, millones de bolivianos, campesinos, obreros y hasta profesionales, se han convertido en pequeños comerciantes o tienen empleos temporales. Y proliferan las zonas donde se vende ropa usada, objetos que ingresan vía contrabando y otros. En general se observa pobreza en muchas poblaciones, así como gobiernos pedigüeños. Lo más notable es que las erradas políticas de diversos gobiernos han puesto al país en esa dirección. Pocas palabras bastan para un buen entendedor.

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