Pasado el notable ciclo de existencia de yacimientos de gas y algo de petróleo, Bolivia estaría ingresando a una etapa de crisis final, puesto que se ve obligada a importar gran cantidad de gasolina y diésel para abastecer la demanda de combustibles, particularmente por transportistas y sectores productivos. El problema se agrava porque el país no cuenta con suficientes divisas para adquirir en la cantidad requerida esos dos derivados.
En innegable que los grandes yacimientos descubiertos hace alrededor de cincuenta años, están en proceso de agotamiento y, a la par, países compradores de nuestro gas han dejado de hacerlo. Es el caso de Argentina que de Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén, extrae más del 70 por ciento del gas natural de ese país, por lo que ha dejado de ser importador.
Por lo demás, Bolivia en ningún momento fue país productor de petróleo, capaz de abastecer el consumo interno, debido a que esa materia prima, liviana, no reunía las condiciones para producir, por ejemplo, gasolina de alto octanaje. Es más, se estableció que Bolivia es sobre todo un país gasífero.
En realidad, no hay condiciones materiales ni políticas para salir de tal situación, por lo que se deberá pensar en iniciativas diversas ante la crisis energética actual, agravada por la inopia de los gobiernos que pasaron por el Palacio Quemado durante los veinte años pasados. No es menor el problema que ahora se encara, con agravantes en diversos niveles.
De momento, el gobierno no podrá contar con combustibles propios y los precios de los importados son cada vez más altos. También es posible considerar, que para solucionar la crisis actual deberán pasar por lo menos de ocho a diez años y siempre que sean allanadas dificultades enormes, como la subida del precio del petróleo por la guerra entre Estados Unidos e Irán, la falta de capitales propios, de inversiones extranjeras, el agotamiento de los yacimientos antiguos y otros factores. A todo ello se añade un absurdo orden de cosas interno, que impide avanzar, por ejemplo, haciendo posible una Asamblea Constituyente para hacer cambios profundos en una nefasta estructura gubernamental dejada por el masismo.
Por otro lado, los escollos que son encontrados en el camino son también enormes, como la demora del gobierno de Rodrigo Paz para reformar la Constitución Política, es decir, la posibilidad de dictar nueva legislación, con la finalidad de poner de pie a Bolivia, con una población agobiada por numerosos problemas de orden económico, político y social, entre otros.
En todo caso, el gobierno imperante, caracterizado por sus buenas intenciones, pese a los abrumadores conflictos que soporta el país, hace esfuerzos para hallar soluciones, como levantar la onerosa subvención al diésel y disponer la reactivación de dos refinerías para producir en alguna cantidad combustibles.
En todo caso, se ha dado algunos pasos para avanzar de manera positiva hacia el futuro, pero no son suficientes todavía, falta mayor orientación a la población sobre las medidas asumidas y conseguir más recursos económicos de libre disponibilidad.
El ciclo energético y su agotamiento
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