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Confusiones sobre la gubernamentalidad

Gonzalo Peñaranda Taida

Nos provocó desconcierto la confusión producida en un largo comentario nacional referido a la “gubernamentalidad” en el sentido acuñado por Michel Foucault.
Es cierto que para Foucault la gubernamentalidad es el conjunto de estrategias que el Estado aplica a través de la educación, la cultura, los discursos sociales, los medios de comunicación o las costumbres cotidianas para manipular o moldear la voluntad y conciencia de los ciudadanos, medios a los que llama “tecnología de la modernidad”, empleada en reemplazo de la tradicional violencia física o “carcelaria”.
En esa nota se dice que esta concepción es un “descubrimiento extraordinario”, cuando en realidad no es novedosa, puesto que desde Maquiavelo pasando por Marx, Weber o especialmente el anarquismo, nunca se dejaron de mostrar las formas en las que el poder se ocupa de controlar a la sociedad desde el “Estado de justicia” medieval y el “Estado administrativo” de los siglos XV-XVI.
La descripción que Foucault hace de esta metodología, hoy resulta técnicamente superada, puesto que esa “tecnología moderna” ha quedado rebasada.
Hoy, en el Estado neoliberal, global o tardío, dichos medios están más bien dominados por instrumentos tecnológicos digitales infinitamente más eficaces, como el internet, el celular, la computadora, la inteligencia artificial, que controlan la mente del individuo, volviéndolo indiferente, sin que deje de aplicar la tradicional violencia física o “carcelaria”.
Si Foucault resucitaría, quedaría pasmado al conocer los alcances de estos nuevos instrumentos de dominación mental.
Lo curioso del caso es que mientras son bienvenidas en dicho comentario las advertencias que realiza Foucault, al señalar que “la gubernamentalidad sirve para dominar la conciencia de las personas idiotizándolas”, en seguida, contradictoriamente, se señala que “es recomendable” que las acciones de la gubernamentalidad (a las que se critica) sean ejecutadas y cabalmente cumplidas por gobiernos y ciudadanos para el ejercicio del “buen gobierno” en Bolivia (¡!); es decir, en el fondo se insta a que todos los bolivianos se dejen idiotizar para ser “buenos ciudadanos” y que el gobierno embrutezca y mienta a la gente para ser “buen gobierno”.
La presente nota no es más que la introducción a un próximo artículo dedicado a mostrar la diferencia existente entre ‘gobernación ‘ y ‘gobernanza’, expresiones que frecuentemente van siendo empleadas indistintamente, cuando ambos conceptos son distintos, con profundas consecuencias sociales diferentes y aluden a otro tipo de fenómenos técnicos de administración estatal, distintos a los de ‘gubernamentalidad’ desarrollados por Foucault.

El autor es jurista.

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