La corrupción y el narcotráfico erosionaron nuestro presente. Empañaron la imagen del país, en el contexto internacional. Estigmatizaron a las instituciones más representativas. Dañaron la esencia democrática. Ni en las dictaduras, desplazadas en 1982, se llegó a tales extremos. Hubo un exmandatario, de esa época, encarcelado, por excesos gubernamentales, pero no por narcotráfico. Los tiempos y los protagonistas de la historia, cambian, ciertamente.
La histórica perspectiva, pese a los percances de la coyuntura, debería girar en torno a la construcción de un país competitivo, acorde con los tiempos actuales. A fin de disputar con los vecinos que alcanzaron esa meta. No podemos seguir siendo rezagados, mientras otros avanzan. Acá, desgraciadamente, estamos enfrascados en inútiles peleas internas. Desafío que deberíamos encarar, multiplicando esfuerzos y aunando voluntades, en convivencia democrática. Sobre todas las diferencias político ideológicas, étnicas, de índole regionalista y credos religiosos. Hoy se debe asumir tales señales, con decisión y sin dubitaciones. Ese es el reto más inmediato, al que debemos responder. Aprovechando el respaldo internacional que nos rodea. Ni en tiempos del “pachamamismo”, se logró ese supremo objetivo. Posiblemente la “Pachamama” no quiso, porque la “mesa” no estuvo bien servida.
Los problemas del momento no deben distraernos de ese propósito. Ni desviar nuestra mirada, en la circunstancia histórica. Aquellos pasarán como el soplido de la brisa. Que no se constituyan, en una rémora que perjudique el avance. Debemos contar con vías expeditas, en lo político, para lograr lo que nos hemos propuesto. Un país fraccionado, por asuntos domésticos, no tiene la posibilidad de alcanzar el nivel de competitivo.
En los veinte años pasados no se priorizó aquella inquietud. Se dio prioridad a intereses políticos y afanes de perpetuarse en el Poder. Afanes de seguir medrando con recursos fiscales. Prueba de ello son los nuevos ricos, que surgieron a la sombra del Estado Plurinacional. Se despilfarró el dinero que generó el auge gasífero. Se ignoró, en consecuencia, la proyección histórica de la Patria. Despropósitos que están registrados en nuestra historia política.
La mayor preocupación debería ser, en adelante, trabajar con dedicación, por una Bolivia competitiva, sea quien fuere gobierno. Hacer de Bolivia un país competitivo, con capacidad de generar alta productividad. Predispuesta para atraer inversión extranjera directa, que permita reactivar la economía nacional. Que permita avanzar empleando tecnología de última generación. Con creación de empleos. Además, reduciendo los índices de la pobreza. Ofreciendo certidumbre a la juventud, a fin de que no migre a otros países en busca de trabajo. Mejorar el bienestar y la calidad de vida de la población de manera sostenible. Tal como ocurre en países que son competitivos en la región.
En suma: no permitamos que Bolivia quede rezagada en el subcontinente. Hagamos esfuerzos para que ella tenga un destino mejor.
Competir con los vecinos
Severo Cruz Selaez
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