Cada día que pasa, el gobierno pierde credibilidad y su debilidad aumenta en todos los aspectos. Ahora no solo son los movimientos sociales que amedrentan y humillan al gobierno, sino hasta la oposición, pues Jorge Quiroga cada vez que puede ataca al gobierno de manera desmedida y descontrolada. Estas situaciones muestran la fragilidad del gobierno y la tibieza en la hora de responder a estos ataques, que en muchos casos son injustificados y solo tienen la intención de desestabilizar el país.
La realidad es que el pueblo boliviano ya está aburrido del gobierno de Rodrigo Paz y todo indica que el mes de octubre será caracterizado por la anarquía y el caos. Si bien es cierto que se ha alargado el estado de excepción, creo que esta vez este no será de utilidad y mucho menos ayudará a detener las múltiples protestas lideradas por los movimientos sociales.
Para colmo, en su debilidad, nadie respeta al gobierno y eso hace que las convulsiones puedan aumentar de manera rápida. Paz no ha salido fortalecido con el fin de los más de 50 días de bloqueo, sino debilitado, y si es cierto que el tiro les salió mal a los actores de desestabilización, para el mes de octubre vuelven a contar con todas las “excusas” para paralizar el país.
Algo que se debe recalcar es que la salida de Paz ya no solo la piden sectores relacionados al masismo. Tal es así que hay presión por parte de sectores cívicos, partidos políticos e incluso (y pese a que no lo diga), Jorge Quiroga desea un adelantamiento de elecciones para postular una vez más a la presidencia. La realidad es que ya son muchos los actores políticos que calculan que este gobierno no terminará su “mandato constitucional”.
Para colmo, la población que respaldó a Paz en los días de bloqueo hoy tampoco está con los ánimos de apoyar al gobierno y no me sorprendería que muchos sectores se unieran a los pedidos de renuncia. En política, al final del día se paga muy caro por los errores y mucho más si el gobierno no logra transmitir orden y respeto, sino burla y desconfianza. Por lo que los desafíos que enfrentará el gobierno en este mes de octubre no estarán dirigidos a atender políticas puntuales, sino a su misma “supervivencia”. No me sorprendería que lo que se inició con bloqueos y paros para restaurar el precio del diésel termine convirtiéndose en pedidos de renuncia, en los cuales muchos actores ajenos al masismo estarán presentes de una u otra manera.
La única forma en la que el gobierno podía evitar enfrentarse a esta situación era actuar con prevención, pero también de manera ejemplar. En la “época de guerra”, las acciones valientes y de orden, si bien son necesarias, también pueden generar rechazo y un incremento de las tensiones. Empero, es en la época relativa de paz cuando acciones de prevención sí podrían haber funcionado y también haberle generado al gobierno el respeto que tanto necesita.
A qué me refiero puntualmente, a de una vez por todas sancionar a todos los generadores del caos. Se sabe muy bien quiénes fueron los que estuvieron detrás de las movilizaciones, siendo Mario Argollo el principal artífice. La mejor solución hubiera sido realizar las detenciones respectivas a las cabecillas de los bloqueos, finalizados los días de bloqueo, haciendo un énfasis en Mario Argollo, quien debería recibir la pena máxima por el daño que le ha hecho al país. De igual forma, proceder a disolver la COB y qué mejor que apenas finalizados los conflictos, un golpe repentino, pero que los hubiera dejado sin reacción alguna y acción que seguro celebraría el pueblo boliviano.
La supervivencia del gobierno dependerá de si esta vez pueden detener y castigar de manera ejemplar a los sectores que impulsan la convulsión; en caso contrario, la anarquía será ley en Bolivia y no sorprendería que estemos frente a un escenario de adelantamiento de elecciones.
¿El gobierno podrá afrontar otras convulsiones sociales?
Fabian Freire
- Advertisment -
