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Cortinas de humo en Boca Ratón

La política boliviana es una coreografía del disimulo, donde las crisis más profundas suelen sepultarse bajo el estruendo de escándalos. En los últimos días, los bolivianos hemos vivido una seguidilla de escándalos, a cual más ruidosos. En las últimas semanas, la agenda mediática y la opinión pública han permanecido absolutamente hipnotizadas por las revelaciones del Departamento de Estado de EEUU y el revuelo diplomático por la revocación de visas estadounidenses a altos funcionarios. Sin embargo, detrás de esta incesante tormenta informativa, se esconde una maniobra de distracción colosal que logra desviar la atención de un hecho éticamente devastador: el misterioso desvío del avión presidencial a la lujosa costa de Boca Ratón, en Florida.
La estadía de tres días de la aeronave oficial del Estado en este lujoso balneario, tras la participación del presidente Paz Pereira en la ONU, ha sido catalogada por el Ejecutivo como una simple “escala técnica”. De confirmarse que el mandatario aprovechó un viaje oficial para vacacionar o coordinar intereses económicos particulares, estaríamos ante un flagrante uso indebido de bienes y recursos del Estado, una afrenta directa a un país sumido en la crisis económica.
Hasta ahora, el gobierno no se ha distinguido por la transparencia. Cuando la prensa cuestiona a ministros o al mismo presidente sobre asuntos escabrosos que los comprometen, aquellos suelen responder con evasivas o saliendo por la tangente, lo cual termina generando más dudas. Hasta ahora, se han acumulado ya varias cuestiones, como la de Cerimedo o la de las narcomaletas, sobre las cuales el gobierno tendría que pronunciarse claramente.
El verdadero peligro de esta coyuntura no radica únicamente en el presunto abuso del patrimonio público, sino en la facilidad con la que la sociedad muerde el anzuelo de la farándula judicial. Cada nuevo escándalo es circo para la atención pública. Lo grave de eso es que los asuntos estructurales y de fondo se dejan de lado. En este sentido, el periodismo serio tiene mucho trabajo por delante y la ciudadanía debe reflexionar sobre a qué hechos hay que darles importante.
Mientras los titulares se desgarran discutiendo conspiraciones cibernéticas y vetos migratorios, el núcleo del debate sobre la transparencia y la fiscalización del mandatario y sobre la cultura política o las empresas deficitarias, se diluye por completo. No se puede debatir nada con estabilidad y profundidad si cada semana la atención de todos vira hacia un nuevo escándalo político. La opinión pública boliviana ¿está condenada a sufrir de amnesia selectiva, atrapada en un bucle donde el último escándalo siempre absuelve al anterior? Si permitimos que el show mediático tape el uso discrecional de los recursos estatales, habremos convalidado la idea de que los bienes de la nación no son más que el transporte privado para los negocios de la familia real de turno.

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