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Biotecnología

El fin de la vejez

Por: Yara Alejandra Calderón Pereyra

Hace unos 10 años las arrugas y el color de las canas, eran un símbolo de experiencia, una expresión de una cantidad de secretos y leyendas que nuestro cuerpo expresaba a través de sus formas. Una normalidad dentro de nuestro ciclo biológico.

Pero hoy, envejecer ha dejado de ser un proceso natural. Las arrugas ya no cuentan historias de risas, preocupaciones o sabiduría; al contrario, intentamos prevenirlas y borrarlas, inclusive desde edades muy tempranas, ocultando bajo nuestras máscaras el temor a envejecer.

La tecnología llegó para instalarse en nuestras vidas, reforzando entre otras variantes, el culto a la juventud y la belleza, en la cual los estándares son tan altos, que nos obligan a vivir en una constante y agotadora carrera contra el tiempo, tomados de la mano del monstruo de la industria estética que nos vende productos e ilusiones, facturando millones con la idealización de vernos más jóvenes, inundando el mercado de fármacos y tratamientos de todo tipo.

Los factores de Yamanaka

En esta competencia contra el tiempo, el descubrimiento de los factores de Yamanaka, galardonado con el Premio Nobel de Medicina, está marcando un antes y un después en la biología, en un avance hacia el rejuvenecimiento que está transformando la visión del envejecimiento, conceptualizándolo como una enfermedad tratable y, sobre todo, como un capital biológico renovable.

Estableciéndose que el envejecimiento no solo se debe a daños genéticos acumulados, sino a la pérdida de información epigenética, que es el software que le dice a los genes cómo comportarse.

Los factores de Yamanaka introducen un cambio profundo demostrando que las células adultas pueden ser reprogramadas parcialmente, borrando el daño sin alterar su identidad y a través del rejuvenecimiento epigenético, devolviéndolas a un estado funcional joven.

Esto quiere decir que la juventud biológica dejará de ser una etapa temporal de la vida para convertirse en un capital bio económico. La capacidad de restaurar las funciones en tejidos envejecidos (músculos, piel, neuronas, retina), u órganos, podría significar que la vitalidad funcional será mantenida u optimizada a lo largo de décadas adicionales, alargándose el tiempo de vida cronológica, libres de enfermedades como el Alzheimer y otras enfermedades metabólicas y cardiovasculares asociadas a la edad, estableciendo una verdadera reingeniería de la esperanza de vida saludable.

La medicina preventiva está buscando generar terapias, muchas de ellas basadas en estos factores de Yamanaka, que podrán administrarse de manera preventiva para reiniciar órganos específicos antes de que sufran fallos sistémicos.

La juventud será un recurso programable y recuperable. Sin embargo, tratarla como un capital biológico introduce desafíos éticos sin precedentes que la humanidad deberá regular, existiendo grades retos, como el de una administración segura y controlada, y salvarse el dilema del acceso limitado o ilimitado de toda la población a este recurso en un marco de igualdad que beneficie al conjunto de la humanidad y no solo a unos pocos.

En tanto, mientras miramos perplejos y anonadados cómo la ciencia nos rebasa a paso agigantado, debemos mantener nuestros organismos fuertes, comprendiendo que la capacidad de adaptación al cambio, la asimilación de la novedad, la resiliencia de nuestro sistema nervioso y la plasticidad de nuestro cerebro que aprende y reaprende, nos ayudará a retornar a un estado de calma detrás de la tormenta.

Pero, sobre todo, es importante entender que la juventud no reside en la rigidez de una piel sin marcas, ni en la simetría perfecta de un filtro digital, ni en un cuerpo perfecto, sino en la naturalidad con que nos desenvolvemos y disfrutamos de nuestras vidas, eligiendo habitar cada una de nuestras etapas en este tiempo lineal que continúa su marcha. Dejando espacio a la imperfección, el descanso no planificado y la risa espontánea, que continúan siendo la medicina regenerativa más potente y accesible que existen para mejorar nuestro estado de ánimo, restaurando nuestra energía vital, devolviéndonos la juventud del alma, mientras nos sorprendemos con cada avance que el futuro nos trae.

“El bien de la vida no se halla en su duración, sino en su aprovechamiento”

(Séneca)

 

Sobre la autora: Es Comunicadora Social, Coach Empresarial, Consultora Tech, Especialista en Marketing Digital y Contenidos Multimedia; y Terapeuta Holística e Integrativa.

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