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¿Frenando la inflación o acelerando el deterioro del PIB?

Oswaldo Irusta Diaz

Bolivia enfrenta un dilema que el propio Banco Central (BCB) reconoce en su último Reporte sobre Inflación y Política Monetaria (RIPoM): Mientras la inflación se desacelera con fuerza, la economía continúa hundiéndose.
En el primer semestre, el BCB retiró una cantidad extraordinaria de liquidez, al tiempo que la actividad económica acumuló una caída importante de −3,34% y el mercado laboral perdió más de 200 mil empleos. La política monetaria del BCB se ha convertido en el principal freno de la actividad económica. El problema es que ese freno se está aplicando con una intensidad mayor a la capacidad del país para absorberlo.
En lugar de equilibrar el ciclo, el ajuste corre el riesgo de profundizar la recesión justo cuando el Programa Monetario reformulado del BCB anuncia una contracción aún más severa para el segundo semestre. El desafío ya no es solo contener la inflación, sino evitar que el remedio acelere el deterioro del PIB. La política monetaria no debería actuar como un freno absoluto, sino convertirse en un freno inteligente coordinado con la política fiscal y con la agenda de oferta.
El BCB está usando simultáneamente toda su artillería para controlar la inflación: Operaciones de mercado abierto más agresivas, Encaje legal más alto, Ventanillas de liquidez más estrictas y Posición de cambios más rígida. Esto es un combo contractivo muy fuerte, aplicado en un momento en que la economía ya está debilitada por choques de oferta (escasez de diésel, bloqueos y logística). La pregunta no es si debe retirar liquidez, eso es necesario para evitar efectos de segunda vuelta, sino si debe hacerlo tan rápido.
La velocidad del retiro de liquidez no es coherente con una economía que ya está en recesión y con un mercado laboral deteriorado. El propio BCB reconoce en el documento que la economía acumula diez trimestres consecutivos de caída y el empleo es la variable más afectada, con deterioro en cantidad y calidad. El PIB podría caer –3,6% este año (sin considerar aún el programa del FMI y la amenaza de efectos climáticos que el mismo informa reconoce como un riesgo). Esto implica que el mercado laboral ya está absorbiendo el costo del ajuste. En ese contexto, cada punto adicional de contracción de liquidez golpea directamente al empleo formal y al crédito productivo.
Un retiro excesivo de liquidez podría empeorar el empleo, porque con encajes más altos y reportos más estrictos, los bancos reducen sus préstamos y priorizan liquidez. Las PYMES y el sector formal son los primeros afectados porque hay menor capital de trabajo, no hay dónde prestarse en el mercado formal y las empresas con márgenes estrechos tiene que recortar turnos y optar por contratos temporales en lugar de permanentes. Esto es exactamente lo que el RIPoM describe como “deterioro de la calidad del empleo”.
También está el efecto sobre las expectativas: si el sector privado percibe que el BCB continuará retirando liquidez con el ritmo actual, pospondrá inversión y contratación. En recesión, las expectativas pesan más que los datos. Un ajuste demasiado rápido puede profundizar la caída del empleo y del PIB.
Los riesgos inflacionarios persisten, pero no provienen de exceso de demanda, sino de oferta y expectativas. La Inflación por falta de diésel, amenazas de paros y bloqueos, logística rota o escasez de divisas no se corrige subiendo el encaje ni retirando liquidez compulsivamente: se corrige con gestión de abastecimiento, reglas de juego y seguridad jurídica.
Por último, conviene recordar que el Gobierno prevé activar el ajuste con el FMI en el segundo semestre. Ese programa exigirá una corrección fiscal significativa. Aplicar dos frenos simultáneos: el fiscal y el monetario, puede ayudar a estabilizar los precios, pero también se corre el riesgo de profundizar la recesión y deteriorar el empleo.
Las acciones que aplica el BCB parecen extraídas de los manuales clásicos para contener la inflación, pero el resultado no armoniza con la realidad que el propio RIPoM evidencia. En tiempos de crisis, la prudencia y la coordinación suelen ser más efectivas que cualquier política dura aplicada en solitario.
El autor es economista.

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