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La gran constitución

Oscar Espinosa García

I

 

Han pasado 250 años desde que las colonias que tenía Gran Bretaña en la costa este de Norte América, se declararan como un estado independiente, firmando sus representantes el 4 de julio de 1776, la constitución que sentaría las bases de la democracia moderna. El proceso comenzó el año 1763, cuando terminó en América la guerra (que comenzó en 1754) de Gran Bretaña contra Francia y sus aliados indios, con la victoria de los británicos. En Europa, Gran Bretaña estaba también desde hace siete años en guerra, de la cual el conflicto en América era una parte. Ambas guerras significaron para el Gobierno Británico el agotamiento de sus recursos y la adquisición de una enorme deuda. El Parlamento trató de conseguir recursos aumentando los impuestos a los ciudadanos británicos, pero éstos se resistieron realizando fuertes protestas y logrando que el Gobierno retire los incrementos a sus impuestos. Todavía urgentemente necesitado de recursos, el Gobierno puso su mirada en las colonias que poseía en América.

El Parlamento Británico puso fuertes cargas impositivas a varias mercancías que se necesitaban en las colonias, como azúcar y molasas. Emitió la ley monetaria mediante la cual las colonias no podían emitir su propia moneda, todas las transacciones debían realizarse con oro, lo que hacía a las colonias financieramente dependientes de la corona. Adicionalmente reactivó la Ley de Navegación de 1651, que estipulaba que los bienes que se importaban o exportaban por las colonias británicas (incluyendo las de Asia y África) tenían que ser transportadas por barcos construidos por británicos. Los bienes de las colonias debían ser llevados a la metrópoli por barcos británicos.

Otra ley de navegación de 1660 establecía que los colonos podían comerciar mercancías como tabaco, arroz o índigo solamente con otras colonias británicas o con Gran Bretaña. Otras leyes prohibían la manufactura de productos como sombreros o hierro en las colonias.

El Parlamento impuso tarifas a importaciones de las colonias como cristales, plomo, pinturas y té. Los colonos protestaron y el Parlamento levantó las tarifas a las importaciones, excepto la tarifa al té. El encarecimiento del costo del té produjo un profundo resentimiento en las colonias. Cuando un cargamento de medio millón de libras de té llegó a los puertos de Philadelphia, New York y Boston, en los dos primeros los colonos no dejaron que atraquen los barcos y en Boston mientras los barcos estaban atracados en el puerto, Samuel Adams, Paul Revere y más de 100 patriotas (algunos vestidos como nativos americanos) abordaron los barcos y echaron al agua 340 fardos de té.

La rebelión comenzó en Massachusetts, en septiembre de 1774 el Gral. Thomas Gage mandó tropas para rescatar cañones y pólvora almacenados en Cambridge y Charleston. La Asamblea de Massachusetts decidió desafiar las órdenes de Gage, reconstituyéndose como Congreso Provincial. Comenzó a reunir equipo militar en Concord y en toda la colonia los hombres comenzaron a realizar entrenamientos militares. El Gral. Thomas Gage recibió órdenes de tomar acciones para restaurar la autoridad real en Massachusetts. Gage decidió tomar el depósito de armas de Concord y capturar a los líderes patriotas Samuel Adams y John Hancock, que estaban en Lexington cerca de Concord. Gage quiso tomar por sorpresa a los patriotas, pero éstos ya tenían pleno conocimiento de su campaña y la iban observando en su avance.

La columna británica estaba compuesta por 700 hombres, al mando del coronel Francis Smith. Llegó a Concord, encontrando que Adams y Hancock se habían retirado y que la mayor parte del armamento y municiones había sido retirada y ocultada. Mientras tanto una gran cantidad de milicianos se reunió en torno a Concord. En North Bridge, una brigada disparó contra los británicos matando o hiriendo a 18. El coronel Smith ordenó la retirada, la que fue atacada ferozmente por los milicianos. Solamente la llegada a tiempo de una brigada de mil hombres al mando del Gral. Earl Percy, salvó a la columna de Smith de su aniquilamiento.

El sentimiento por la independencia creció gradualmente. Pese a que en el Parlamento Británico hubo miembros que apoyaban la causa americana y peticiones de asociaciones de mercaderes que se pacifiquen las colonias, el rey Jorge III, el Parlamento y el Gobierno declararon que en América se había manifestado un movimiento abierto de rebelión. Para presionar a las colonias, el Gobierno Británico cortó el comercio con ellas, con el fin de arruinar sus economías. Comenzó a formar un ejército para que vaya a combatir la rebelión, incluso reclutando mercenarios alemanes. Con estas medidas, los americanos claramente veían que sus derechos y libertades ya no estaban garantizados dentro del Imperio Británico.

El sentimiento por la independencia se asentó en las colonias americanas, especialmente en aquellas que estaban ya en la lucha contra el dominio colonial. Las colonias comenzaron a llamarse estados. Un congreso fue llamado para discutir la independencia, a llevarse a cabo en Philadelphia. Las colonias de Massachusetts, Carolina del Norte y del Sur, Georgia y Virginia propusieron directamente la separación de Gran Bretaña. En junio de 1776, el Congreso debatió la independencia por varios días. El primero de julio se realizó la primera votación. Nueve colonias apoyaron la independencia, South Carolina, Delaware, Pennsylvania y New York retuvieron sus votos. El 2 de julio, Caesar Rodney llegó y con su voto puso a Delaware en la columna del sí. La abstención de Robert Morris y otro colega cambió el balance de la delegación de Pennsylvania en favor de la independencia. Cuando se recontaron los votos, doce colonias habían votado por la independencia. Solo faltaba el voto de New York, que se había abstenido esperando instrucciones de la colonia, hasta que llegó la decisión de apoyar la independencia. Con ello la votación a favor de la independencia fue unánime.

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