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Destacan unificación cambiaria; pero dudan de la acumulación de reservas

Destacan la unificación cambiaria aplicada por el gobierno, tras la eliminación del tipo de cambio fijo, en junio pasado, pero todavía no ven claro la forma de acumular reservas sostenibles, cuya situación deja en duda la credibilidad de la medida.

La transición de Bolivia a un tipo de cambio más flexible ha contribuido en avanzar en un programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI), según la empresa calificadora Fitch Ratings. Sin embargo, no está claro si esta medida forma parte de un programa de ajuste de política monetaria más amplio, suficiente para impulsar una acumulación de reservas duradera.

Según Fitch Ratings, aunque Bolivia unificó los mercados cambiarios, la trayectoria de acumulación de reservas internacionales sigue siendo poco clara, escribe el consultor financiero Mauricio Ríos García en su cuenta @riosmauricio.

“El mayor riesgo es que las buffers de liquidez externa permanecen muy estrechos. La unificación del tipo de cambio (devaluación del orden del 30-40% y paso a un régimen más flexible) es un avance positivo, pero no garantiza por sí sola la reconstrucción sostenible de las reservas. Estas siguen dependiendo en gran medida de desembolsos multilaterales (incluido el acuerdo a nivel de personal con el FMI), de la recuperación de exportaciones y de una disciplina fiscal que aún enfrenta desafíos”, explica.

Sin una acumulación clara y sostenida de reservas líquidas, el nuevo régimen cambiario podría perder credibilidad y mantener elevados los riesgos de vulnerabilidades externas y de capacidad de servicio de la deuda, advierte.

La entidad recuerda que Bolivia, con una calificación CCC, puso fin al tipo de cambio fijo el 29 de junio de 2026, que estuvo vigente por 15 años, y adoptó el régimen cambiario flexible, en donde el Banco Central de Bolivia (BCB) establece un tipo de cambio oficial diario basado en el promedio ponderado de las transacciones del sistema financiero.

“La transición se había anunciado con la publicación por parte del BCB de un tipo de cambio de referencia diario desde principios de 2026, y el nuevo régimen se lanzó con un tipo de cambio de 9,73 BOB por dólar, lo que debilitó el boliviano un 28% con respecto a los 6,96 BOB anteriores. En las semanas siguientes, se depreció aún más, un 19%, hasta los 12 BOL/USD.

El nuevo régimen busca reequilibrar la oferta y la demanda de divisas para restablecer la estabilidad macroeconómica. El mantenimiento del tipo de cambio fijo había provocado escasez de divisas y la aparición de un mercado cambiario paralelo, lo que elevó los costos de las importaciones y, en consecuencia, disparó la inflación (20% interanual a finales de 2025), señala la calificadora.

En medio de esos cambios cambiarios, las reservas de divisas (excluido el oro) cayeron a 472 millones de dólares hasta finales de julio, desde los 897 millones registrados en mayo, tras la emisión de 1.000 millones en bonos. Las reservas totales de 3.700 millones incluyen principalmente oro, que el Banco Central de Bolivia (BCB) está legalmente obligado a mantener como reserva estratégica.

Las reservas de divisas fuertes han vuelto a subir a 800 millones de dólares al 14 de agosto, pero no está claro si esto representa el inicio de un aumento sostenido, dada la escasa visibilidad sobre la dinámica del nuevo mercado cambiario, sostiene.

Persisten los informes sobre la escasez de combustible, lo que podría indicar una fuente demanda de divisas. El BCB ha autorizado una intervención formal en el mercado cambiario para contener la volatilidad excesiva, pero no ha indicado si el reciente aumento de las reservas se debe a sus propias compras o a otros factores, como el endeudamiento externo soberano.

Unas reservas líquidas persistentemente bajas limitarían la capacidad del BCB para gestionar la volatilidad cambiaria bajo el nuevo régimen cambiario, así como los recursos disponibles para el servicio de la deuda externa, advierte.

Es probable que el nuevo régimen cambiario también haya sido una medida previa clave para lograr un acuerdo a nivel técnico con el FMI sobre un Servicio Ampliado del Fondo (SAF) de tres años por valor de 1.900 millones de dólares, anunciado el 29 de julio. A corto plazo, es probable que las reservas se vean reforzadas por los desembolsos del FMI y el efecto catalizador del nuevo programa sobre los desembolsos de otros organismos multilaterales, aunque aún se desconocen su magnitud y el momento de su implementación. El programa requerirá la aprobación del Congreso boliviano, que recientemente censuró al Ministro de Economía y Finanzas, señala la entidad.

Un proceso sostenido de acumulación de reservas dependerá de ajustes de política, más amplios para complementar el nuevo régimen cambiario y reequilibrar fundamentalmente la oferta y la demanda de divisas.

La calificadora menciona que un ajuste fiscal es el más crucial de esos ajustes que se deben implementar, pero las perspectivas para su implementación son inciertas.

La administración del presidente Rodrigo Paz, que asumió el cargo en noviembre pasado, ha establecido un déficit fiscal de 9% con respecto al Producto Interno Bruto, en el Presupuesto General de 2026.

En 2025, el país terminó con un déficit de 10,3%. En diciembre, duplicó los precios internos de los combustibles para reducir el gasto en subsidios (5% del PIB), pero este costo ha vuelto a aumentar debido al alza de los precios de la energía a raíz de la guerra entre Estados Unidos e Irán y la decisión del gobierno de congelar los precios de los combustibles hasta finales de 2026 ante el descontento social.

La reconstrucción de las reservas internacionales, una vez recibidos los fondos del FMI, respaldada por avances en los ajustes macroeconómicos, será clave para cualquier mejora en la calificación soberana de Bolivia, concluye el reporte de la empresa.

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