Unos y otros presumen de “salvadores” ahora. Pregonan a medio mundo sus “fórmulas de salvación”. Provienen del flanco derecho e izquierdo. Creen que son los “enviados” para revertir el desastre. Entre ellos se incluyen quienes causaron la ruina. Posiblemente lo harían de un plumazo. Usarían varita mágica para transformar la situación. En circunstancias de incertidumbre económica, que eleva el costo de vida y profundiza la desesperanza. Cuando la escasez de combustibles provoca controversias en todo nivel. Que pone en riesgo la producción de alimentos y genera confrontación política, en deterioro de la paz y armonía.
El momento requiere de unidad para avanzar. Deponiendo intereses particulares, para construir un país competitivo. Pide humildad al servicio de Bolivia, jamás al servicio de algún gobierno. Está en juego el destino nacional y no el destino de un régimen. Acá se debe trabajar por el bienestar de los bolivianos y nunca por el bienestar de quienes gobiernan coyunturalmente. Sea cual fuere su tendencia ideológica. Exige el renunciamiento a los apetitos personales y, básicamente, al cálculo político. Desterrar, asimismo, la mezquindad política o “ver que hacen con la situación nacional”. Las “fórmulas de salvación” deberían estar al alcance de propios y extraños para su conocimiento. Y debatidas de cara al pueblo. Por gobernantes y gobernados, obviamente.
Cuestionar enarbolando “fórmulas de salvación” es de calculadores. Es una manera de buscar protagonismo político. Es una forma de enviar el mensaje de que uno está vivo. Un procedimiento para motivar y reagrupar a los seguidores, con miras electorales. Es una actitud eminentemente política, sin un adarme de amor a la Patria. Una señal oportunista, sin lugar a dudas. Es la mentalidad que cultivan muchos hombres y muchas mujeres que practican la política a tiempo completo. Que viven y lucran con la política, ya en el gobierno o en la oposición. Prueba de ello son los nuevos ricos que surgieron tanto en dictadura como en democracia. Políticos metalizados que ocasionaron la postergación nacional.
Pocos políticos ratificaron su patriotismo en la historia. Los más velaron sus intereses particulares. Lo primero que hicieron es engordar, sin escrúpulo, la billetera, en el pasado mediato e inmediato. Ostentaron la mal habida riqueza, como una afrenta a la pobreza. Raros son aquellos que abandonaron el gobierno, pobres, sin un motorizado y sin una casa propia. Contadísimos son los que trabajaron, de manera desinteresada, a favor del crecimiento de Bolivia. Dijeron que iban a donar sus haberes, pero nunca lo hicieron. De la corrupción hicieron un medio para enriquecerse. A estas alturas de la historia, parece que poquísimos tienen las manos limpias. Los más perdieron su dignidad.
En suma: Bolivia para avanzar requiere unidad, verdad y lealtad, de quienes se dedican a la práctica política, a tiempo completo. Ojalá se haga realidad algún día. Dios quiera.
Los salvadores hoy en día
- Advertisment -
