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Prevén problemas climáticos que podrían surgir en agosto

Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) en junio de este año, realizando seguimiento a los modelos para ver ocurrencia del fenómeno de El Niño, estableció un 62% de probabilidad de que comience en Bolivia, en agosto 2026 hasta mediados 2027, y la categoría que indican es un “Niño Fuerte”, ya que aún no superó los 2 grados Celsius de la temperatura de las aguas del pacífico, según el investigador y docente de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Lucio Tito.
El mandato de la Constitución Política del Estado (CPE) Art. 407 indica: proteger la producción agropecuaria y agroindustrial ante desastres naturales e inclemencias climáticas, geológicas y siniestros, es por ello que debemos prepararnos y proteger a las 30.000 comunidades del País para afrontar el fenómeno de El Niño 2026-2027, sostiene.
Los análisis del Senamhi y el Enfen confirman que el actual fenómeno de El Niño 2026-2027 igualará la magnitud extrema y destructiva de los históricos mega eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, pero recalca que se asemejará al niño 2015-2016, en este sentido es necesario revisar qué pasó en esta gestión, cómo afectó y prepararnos para afrontarlo, sugiere.
Qué pasó el 2015–2016, donde según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) más de 350 millones dólares de pérdida se registraron.
Sectores
En el sector agrícola, se estimaría una pérdida de 14% del volumen de la producción que se generaría en la siguiente campaña, es decir se estima sembrar en la siguiente campaña agrícola 2026-2027 4.580.000 hectáreas y se generaría un volumen de producción de 23.450.000 tn producción, pero el fenómeno de El Niño nos quitaría 3.283.000 toneladas (14%).
En el tema ganadero, considerando la cantidad de cabezas de ganado en las manchas amarillas (sequías) y azules (inundaciones), estarían en riesgo de muerte 580.000 bovinos, 73.793 camélidos y 287.615 ovinos.

Proyecciones de afectación de cada región

• Altiplano y Valles. En estas regiones el impacto dominante será el déficit de precipitaciones y el aumento de temperaturas. Sequía severa: se prevé una reducción significativa de lluvias desde octubre de 2026, lo que afectaría la disponibilidad de agua para consumo y riego. Agricultura en riesgo: la falta de humedad comprometería cultivos esenciales como la papa y el maíz. Heladas intensas: paradójicamente, las noches despejadas típicas de la sequía pueden provocar heladas más severas que dañan la producción agrícola.
• Chaco. Es una de las zonas más vulnerables debido a su clima ya semiárido. Déficit hídrico extremo: se esperan sequías prolongadas con lluvias muy por debajo del promedio hacia finales de 2026. Calor extremo: las temperaturas podrían superar frecuentemente los 40°C, aumentando el estrés hídrico en la ganadería y los cultivos. Incendios: la combinación de calor y sequedad eleva drásticamente el riesgo de incendios forestales y de pastizales.
• Llanos (Santa Cruz y Beni). Aquí el fenómeno presenta una dualidad entre el calor extremo y lluvias irregulares. Santa Cruz: se proyectan déficits de lluvia cercanos al 40% en algunas zonas productoras, con temperaturas máximas que podrían superar los 40°C desde octubre. Beni: en regiones como Trinidad, se estima una disminución del 30% en las lluvias respecto a lo normal, aunque históricamente El Niño también puede causar inundaciones por desbordes de ríos que bajan de las cuencas altas. Riesgo de incendios: especialmente elevado en la Chiquitania y zonas cercanas al Pantanal.
• Amazonia (Pando y norte del Beni). En esta región, los efectos pueden variar drásticamente según la fase del fenómeno. Lluvias tempranas: entre mayo y julio de 2026, podrían registrarse lluvias por encima de lo normal. Sequía posterior: hacia finales de 2026 y principios de 2027, la región amazónica suele enfrentar sequías intensas que reducen los caudales de los ríos e impactan la biodiversidad y el transporte fluvial. Salud pública: El estancamiento de agua y el calor favorecen la propagación de enfermedades como el dengue, zika y chikungunya.

Tareas a realizar

1) Preparación y gestión del riesgo (transversal)
• Activar alertas tempranas y planes por fases: usar boletines estacionales y climatológicos para pasar de “prevención” a “respuesta” (p. ej., sequía, escasez de agua; luego posible empeoramiento/otros extremos). En la región, FAO y WFP ya trabajan con “anticipatory action” para El Niño (jun 2026–mar 2027), incluyendo alertas y acciones anticipadas.
• Mapear vulnerabilidad y asegurar focalización: identificar comunidades con mayor estrés hídrico, pérdida de cultivos y alta exposición a arbovirosis (dengue/zika/chikungunya).
• Planes de continuidad de servicios: agua potable (operación de plantas/pozos/almacenamiento), salud (referencia y manejo clínico), y emergencias (logística y respuesta).
2) Agua y seguridad hídrica (prioridad alta en sequía)
• Captación y almacenamiento (micro/meso): cosecha de agua de techos, reservorios comunitarios, mejoramiento de aljibes y limpieza/rehabilitación de infraestructura existente.
• Eficiencia y tecnificación del riego:
o riego presurizado/micro-riego donde sea viable,
o programación por turnos según disponibilidad,
o manejo de cobertura del suelo (mulch) para reducir evaporación.
• Gestión de redes y reducción de pérdidas: sectorización, control de fugas y horarios de abastecimiento cuando haya déficit.
• Planes para agua potable: priorizar cloración/aseguramiento de calidad, y rutas logísticas de reposición (si se reduce caudal/aforo de fuentes).
En sequía, la lógica técnica es “asegurar agua para consumo primero y luego producción”, y sostenerlo con almacenamiento y eficiencia.
3) Agricultura y producción (respuesta rápida + ajustes productivos)
a) Medidas “antes y durante” el déficit de lluvias
• Calendarios agrícolas ajustados: reprogramar siembras/trasplantes donde la ventana de lluvias se desplace o se reduzca.
• Semillas y manejo adaptado: promover variedades/técnicas tolerantes a déficit hídrico (y manejo de estrés).
• Cobertura del suelo y conservación: siembra en surcos con barreras vivas, cobertura orgánica, labranza mínima donde aplique.
b) Protección específica por región (alineado a tu descripción)
• Altiplano y Valles (sequía + heladas)
o Gestión de heladas: alertas para helada, coberturas/“mulch” en semilleros, protección de parcelas críticas y manejo de fechas.
o Priorizar cultivos y manejo de humedad: estrategias de conservación de humedad del suelo y riego mínimo (cuando exista posibilidad) para cultivos esenciales.
• Chaco (déficit hídrico extremo + calor + incendios)
o Planes de manejo de forrajes: estrategias para sostener alimentación del ganado (reservas forrajeras donde sea posible).
o Sistemas de riego/abrevaderos focalizados y rutas de abastecimiento de agua.
• Llanos (Santa Cruz y Beni: calor + lluvias irregulares; riesgo de incendios)
o Riego suplementario selectivo para cultivos de alto impacto económico,
o manejo de pastizales para reducir “carga combustible” (en coordinación con prevención de incendios).
c) Seguro, asistencia y protección social (técnico-operativo)
• Transferencias/ayuda anticipatoria vinculadas a alertas climáticas (cuando hay validación institucional).
• Apoyo en efectivo o insumos para re-siembra o ajuste de cultivo, en lugar de solo respuesta tardía.
4) Ganadería (estrés térmico + estrés hídrico + forrajes)
• Plan de agua para hatos: abrevaderos, puntos de carga, y continuidad logística.
• Sistemas de sombra y manejo del estrés: sombra artificial/natural donde sea posible y prácticas para reducir horas de mayor calor.
• Plan forrajero y sanitario: reservas/compra focalizada de alimento, y vigilancia de efectos indirectos (baja condición corporal – mayor susceptibilidad).
5) Incendios y manejo del fuego (Chaco + Llanos)
• Prevención activa:
o quemas controladas solo si hay regulación/planes,
o corta-fuegos en zonas críticas,
o manejo de pastizales y reducción de carga combustible.
• Sistema de vigilancia y respuesta: puntos de observación, coordinación con bomberos/brigadas comunitarias y protocolos de respuesta.
• Comunicación de riesgo: mensajes por temporadas de alto riesgo (calor + sequedad).
6) Salud pública (sequía/agua estancada/calor – arbovirosis; y vigilancia clínica)
• Control de vectores (en época previa y durante): campañas para eliminar criaderos, larvicidas biológicos cuando corresponda y fortalecimiento de vigilancia entomológica/epidemiológica.
• Comunicación de riesgo y participación comunitaria (eliminar agua acumulada, reconocer signos de alarma).
• Capacitación y manejo clínico: asegurar que los establecimientos sepan manejar casos y detectar severidad.
• Plan de vigilancia intensificada (dengue/zika/chikungunya), especialmente donde el calendario histórico y el ambiente cambien con El Niño.
7) Recomendaciones específicas para tu bloque “Amazonía” (variabilidad lluvias–sequía)
• Si hay lluvias tempranas (mayo–julio 2026): reforzar manejo de vectores y vigilancia (más criaderos por acumulación/escorrentía).
• Si luego domina sequía (fin 2026–inicio 2027):
o vigilancia de calidad de agua y abastecimiento,
o preparación para reducción de caudales y efectos en movilidad (transporte fluvial),
o continuidad de respuesta sanitaria en comunidades con acceso difícil.
8) Gobernanza y coordinación (para que sea ejecutable)
• Comités interinstitucionales (clima–agua–agricultura–salud–protección civil) con:
o metas por trimestre,
o responsables por actividad,
o presupuesto y rutas logísticas,
o indicadores (agua almacenada, % riego tecnificado, superficie sembrada ajustada, focos de mosquitos, etc.).
Fuente: Lucio Tito

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