InicioSeccionesOpiniónMultilateralismo o injerencia: las lecciones de Panamá para Bolivia

Multilateralismo o injerencia: las lecciones de Panamá para Bolivia

Raúl Palza Zeballos

El LVIº Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), realizado del 23 al 25 de junio en Panamá, dejó un mensaje claro para el continente, en un mundo marcado por la incertidumbre, las tensiones geopolíticas, las crisis económicas y los desafíos transnacionales, el multilateralismo sigue siendo el mejor camino para construir soluciones compartidas.

La reunión hemisférica reafirmó la necesidad de fortalecer los mecanismos de cooperación entre los Estados, promover el diálogo político, defender la institucionalidad democrática y enfrentar de manera coordinada problemas que ningún país puede resolver por sí solo. La migración, el narcotráfico, el crimen organizado, la seguridad alimentaria, el cambio climático y el desarrollo económico exigen respuestas conjuntas y una mayor coordinación regional.

Para Bolivia, la cita de Panamá representa una oportunidad para reflexionar sobre su inserción internacional y el papel que debe desempeñar en el escenario hemisférico. Durante años, la política exterior estuvo marcada por afinidades ideológicas coyunturales que en ocasiones relegaron los intereses permanentes del Estado. Hoy el país necesita una diplomacia moderna, profesional y orientada a resultados concretos para los bolivianos.

El respaldo y la atención que recibe Bolivia en los foros internacionales deben entenderse como una oportunidad para fortalecer la estabilidad política, generar confianza y proyectar una imagen de seriedad institucional. Sin embargo, ninguna señal proveniente del exterior puede sustituir la capacidad de los propios bolivianos para construir acuerdos internos y encarar los desafíos nacionales con responsabilidad.

La estabilidad democrática, la recuperación económica y la cohesión social continúan siendo tareas pendientes que exigen diálogo, concertación y una visión de largo plazo. Los conflictos recientes demostraron que cuando prevalece la confrontación, las pérdidas alcanzan a todos los sectores de la sociedad. Por ello, la búsqueda de consensos debe convertirse en una política de Estado y no en una estrategia circunstancial.

Pero la principal enseñanza de Panamá quizás sea otra: la necesidad de fortalecer la diplomacia profesional. Bolivia no puede seguir considerando las representaciones diplomáticas como espacios de recompensa política o cuotas de poder. Las embajadas y consulados constituyen la primera línea de defensa de los intereses nacionales y requieren funcionarios preparados, con experiencia, conocimiento técnico y capacidad de negociación.

Es tiempo de que el Gobierno priorice la designación de diplomáticos de carrera en las principales representaciones internacionales. La defensa de los intereses nacionales exige profesionalismo, continuidad institucional y una visión estratégica que trascienda los ciclos políticos. Los países más exitosos en el ámbito internacional son aquellos que han construido servicios exteriores sólidos y altamente especializados.

Sin embargo, el fortalecimiento del multilateralismo tampoco debe confundirse con la aceptación irrestricta de cualquier forma de intervención externa. La cooperación entre Estados debe sustentarse en el respeto mutuo, la igualdad soberana y la no injerencia en los asuntos internos de cada nación.

En ese marco, corresponde expresar una posición firme frente a la actuación de determinados grupos y organizaciones que, amparándose en la defensa de los derechos humanos, terminan adoptando posiciones políticas parciales o interfiriendo en decisiones que corresponden exclusivamente a las instituciones democráticas de los Estados. La promoción y protección de los derechos humanos constituye un principio universal que debe ser defendido sin reservas; sin embargo, cuando ciertas organizaciones abandonan la imparcialidad para convertirse en actores políticos, terminan debilitando la legitimidad de las causas que afirman representar.

Bolivia debe mantener abiertas las puertas al diálogo internacional, a la cooperación y a la observación objetiva, pero sin renunciar jamás a la defensa de su soberanía y de su derecho a resolver democráticamente sus propios asuntos. El multilateralismo auténtico no significa subordinación ni tutelaje; significa cooperación entre iguales en función de objetivos comunes.

La Asamblea de Panamá ha recordado una verdad fundamental: los países aislados pierden oportunidades, mientras que aquellos que participan activamente en los espacios multilaterales amplían sus posibilidades de desarrollo y fortalecen su presencia internacional. Pero también ha recordado que la cooperación sólo puede prosperar cuando existe respeto a la soberanía de los Estados y a la voluntad de sus pueblos.

Bolivia tiene ante sí la oportunidad de fortalecer su presencia internacional, recuperar credibilidad y proyectar una imagen de estabilidad y responsabilidad. Para lograrlo necesita una política exterior de Estado, diplomáticos de carrera que defiendan los intereses nacionales con solvencia y una firme convicción de que la cooperación internacional debe caminar siempre de la mano del respeto a la soberanía.

Porque el desafío no es elegir entre multilateralismo o soberanía. El verdadero desafío consiste en ejercer ambos con inteligencia, dignidad y visión de futuro.

 

El autor es diplomático de carrera y politólogo.

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