Con la victoria de Abelardo de la Espriella de Colombia, se cierra un período de 60 años de expansión comunista y socialista en América del Sur. La historia comenzó cuando Fidel Castro, en diciembre de 1961, se proclamó marxista. Nacionalizó industrias, expropió latifundios y repartió tierras entre los campesinos cubanos. Su liderazgo se convirtió en símbolo de lucha antiimperialista en América Latina. Desde entonces, se expandieron los izquierdismos, que solo los académicos pueden identificar con precisión su contenido teórico: comunismo, marxismo, socialismo, indigenismo, populismo, y otras modalidades influenciadas por ideologías foráneas; adaptadas para derrocar gobiernos de derecha, y encumbrarse en el poder por varios períodos.
Aparecieron los marxistas, trostkistas, castro-comunistas, leninistas, guevaristas, indigenistas, y otras etiquetas progresistas, hasta que Hugo Chávez llegó a la presidencia de Venezuela. Con esa personal interpretación del naciente Socialismo del Siglo XXI, expandió el “bolivarianismo”, aplicado por gobiernos asociados en ejes institucionales: el Foro de Sao Paulo, o el Grupo de Puebla, en México. Un laberinto conceptual que incluye diversas corrientes, todas unidas contra el enemigo común: el imperialismo.
Así sucedió con el kirchnerismo en la Argentina, un movimiento de centroizquierda, desde que Néstor Kirchner subió a la presidencia (2003-2007). Luiz Inácio Lula da Silva que gobernó el Brasil durante dos mandatos consecutivos, entre 2003 a 2010, y luego volvió desde enero de 2023. Un personaje carismático que, en los hechos –al haber sido extraído Nicolás Maduro– resulta ser líder solitario de izquierda que impulsa la herencia ideológica de Fidel Castro y Hugo Chávez.
En Bolivia, el indigenista y dirigente cocalero Evo Morales (2006-2019); encabezó un gobierno que aplicó a rajatabla las enseñanzas de Castro y Chávez. Rompió relaciones con EEUU y se acercó al comunismo capitalista de China.
De esa manera, al comenzar el nuevo siglo, se vino la oleada de gobiernos socialistas. Así pasó también con Rafael Correa, en Ecuador (2007-2017), cuyo programa de gobierno se basó en el Socialismo del Siglo XXI. En Chile, Michelle Bachelet, de 2006 a 2014, con ideología de la centroizquierda progresista.
En esas dos décadas (2003 al 2023), la hermandad comunista-socialista hizo y deshizo el destino de Latinoamérica. Todos aquellos gobernantes se valieron del populismo; ese discurso que divide a la sociedad en dos grupos antagónicos: el pueblo, contra la oligarquía «corrupta y vendepatria».
Hace pocos días, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, lanzó una advertencia al afirmar que el socialismo, debe ser erradicado del continente americano. Dejó en claro que su país no permitirá que este modelo siga expandiéndose en América Latina.
Sin embargo, esa expansión ya está detenida, la regresión histórica comenzó con el actual presidente de Argentina, Javier Milei, (diciembre de 2023), constituyéndose en el faro ideológico de la extrema derecha. Daniel Noboa, en Ecuador, defiende el liberalismo económico, promueve la inversión extranjera, y la apertura comercial.
Rodrigo Paz, en Bolivia, (noviembre, 2025), promueve el libre mercado, la inversión extranjera; “capitalismo para todos”, y las alianzas comerciales. En Chile, el presidente José Antonio Kast, se define como parte de una «derecha profunda»: en otros términos, la derecha radical global.
Keiko Fujimori, ganó las elecciones en Perú, y será posesionada el 28 de julio de 2026. Su modelo económico capitalista reducirá la intervención del Estado, y promoverá la inversión extranjera.
Y como se tiene dicho, Abelardo de la Espriella, el anticomunista de la derecha radical en Colombia; prometió el libre mercado, respetar la propiedad privada, el orden institucional.
En definitiva, «El Escudo de las Américas», conformado por doce países latinoamericanos, es un contrapeso geopolítico, una coalición militar y política para combatir el narcotráfico, el crimen organizado transnacional. El mapa político de América del Sur se transforma radicalmente.
El autor es periodista.
