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Sobre el tema estadounidense

Severo Cruz Selaez

Algunos incondicionales de la declinante corriente socialista, criticaron duramente la presencia económica estadounidense, en la región y el mundo. Se rasgaron las vestiduras, ante esa realidad. Creían tener la razón absoluta y se negaron a escuchar otros puntos de vista. Eran dogmáticos radicales, que rechazaron la crítica, el análisis racional y el debate. Como en los tiempos de la guerra fría, ciertamente. “Yankee go home” (“Yanquis, váyanse a casa”), decían, entonces, a los ciudadanos estadounidenses. La bibliografía política incluye, también, entre sus diferentes títulos, el ensayo “Escucha, Yanki”, pergeñado por un sociólogo, natural de la primera potencia del planeta.
Todo ello es parte de la historia. Hoy la situación es diferente y marca rumbos de integración. El objetivo es vivir apoyándonos, los unos y los otros, en un mundo democrático amplio, incluyente e irrestricto. Los pueblos han reformulado su mentalidad y actitud política, con miras a construir un futuro más llevadero. Los tiempos no pasaron en vano, dejaron indicios de esperanza y optimismo. La apertura económica, señal de entendimiento civilizado, permite la circulación de capitales estadounidenses por el planeta. Pero que no están permitidas en países donde se impone la dictadura socialista. La inversión de otras naciones también se mueve libremente.
El Coloso del Norte, al correr el 2026, lidera estratégicamente la Inversión Extranjera Directa, en el subcontinente. Su capital se mantiene diversificado en áreas como minería, hidrocarburos, tecnología, agroindustria y otras. He ahí la realidad actual. Los discursos antiestadounidenses, se desmoronaron una tras otra. Los pueblos se dignaron construir, con decisión y firmeza, puentes de amistad y fraternidad, por donde transitará la inversión extranjera, dejando vestigios de progreso y prosperidad. Sin que ello signifique el control de los recursos naturales (renovables y no renovables) y de la soberanía nacional, por potencias foráneas, cualquiera sea su tendencia política. Que esto quede grabado en la mente de quienes manejan el adjetivo de “vende patria” o cuestionan la inversión extranjera.
Estados Unidos es el mayor inversionista en la región. Está muy por encima de la Unión Europea y otros competidores. Es uno de los motores financieros que acelera los cambios en el modelo económico de países sudamericanos. Además, debidamente fortalecido y reordenado, para afrontar los retos de su rival, posiblemente el más activo, que es China.
Algunos gobiernos, que por su propensión ideológica son antagónicos a la política internacional del norte, permitieron que sus capitales penetren en la economía local. Aprovecharon los dólares para generar crecimiento con desarrollo sostenible. Para construir estabilidad económica y crear nuevos empleos. Para profundizar el bienestar social y erradicar la pobreza. Brasil, por amplio margen, es el principal receptor de sus capitales.
En suma: he ahí el tema estadounidense, que, ahora más que nunca, deberían conocer los pueblos.

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