Se tiene a Bolivia desde su fundación hasta el presente con 68 presidentes, 193 golpes de Estado, sin contar asonadas militares fracasadas (es uno de los países con más golpes de Estado en el mundo).
Nació a la vida independiente con deudas. De una parte, la deuda interna para el funcionamiento del aparato estatal, los gastos de fundación, además las deudas del periodo colonial y los gastos logísticos al Ejército Unido Libertador, situación que tuvo que ser enfrentada con la “emisión de bonos de captación de ahorro local, confiscación de bienes eclesiásticos, imposición de vales fiscales y el restablecimiento del tributo indígena”.
De otra parte, la deuda externa empezó en 1871-1872, contratándose en Londres el controvertido “Empréstito Church” por 1.700.000 libras esterlinas, de las que el país solo recibió una misérrima parte debido a las masivas comisiones de los intermediarios y contratistas británicos, empezando así la triste historia de la deuda externa de la que no puede zafarse Bolivia y hoy proseguimos ahogándonos con préstamos internacionales.
De este modo es una constante la difícil existencia de Bolivia, además arrebatada en su territorio por guerras internacionales inicuas, con una economía tambaleante, convulsiones sociales que nunca faltan, caudillos ambiciosos y muchas veces ignorantes.
Para agravar la situación aparece una facilísima y cómoda “refundación” que niega la República y se instaura supuestamente un Estado “Plurinacional” que agudiza diferencias étnicas y regionales. En la República de Daguestán, para dar solo un ejemplo, con 2.910.249 habitantes y pequeño territorio con más de 40 nacionalidades y más de 30 idiomas diferentes, a nadie se le ocurrió bautizarlo como Estado plurinacional.
Recorriendo esta lamentable historia pasan los gobiernos, la pobreza se mantiene, las clases sociales migran, la clase media se encoge, aparece otra en su reemplazo de origen siniestro.
A más de 200 años de su creación no puede industrializarse, la deuda externa es monstruosa, es mortífera, existen dos clases dominantes parasitarias (oligarquías) que engordan mientras el pueblo tiene hambre y vienen y pasan los gobiernos, el crimen organizado se reafirma y acrecienta, domina la economía, la política, hasta el deporte, nada se salva. Hubo un Roberto Suárez Gómez, capo del narcotráfico, que quiso pagar la deuda externa de Bolivia.
La justicia es un antro penetrado por la politiquería y grupos dominantes. Un parlamento plagado de imberbes, para decir mucho… casi para alabarlos.
Hoy se reproducen paros y bloqueos y la sociedad se quiebra, ¿Quién tiene la razón? Existe la razón de la sinrazón.
Repetida historia, se exige la renuncia del Presidente, ¿para qué? ¿Quién vendría después? ¿Algún estadista? No existe. Pero más allá del caudillismo… no existen partidos políticos, mercaderes comunes venden y alquilan siglas partidarias, líderes políticos cultos han muerto, han sido sustituidos por eunucos intelectuales, un sistema electoral diagramado para el engaño, empezando de sus viles operadores.
¿Quién vendría?… ¡la sucesión constitucional!, coartada perfecta, ¿para qué?, para convocar a nuevas elecciones y el país mendigo pasa el tiempo en el festín electoral para entronizar al próximo fantoche que hará gemir al pueblo y… nuevamente se engañará y latiguear a una ciudadanía hecha ya masoquista del todo, por los artífices de la derecha y de la izquierda.
Un analista político decía que es obligación del Estado “imponer” su fuerza y con ello expresaba exactamente la finalidad que tiene el Estado, “imponer”, obligar, intimidar usando la fuerza bruta, para eso nació, correspondiendo recordar aquello que dijo Unamuno cuando era retirado por la fuerza de su cargo de Rector de la Universidad de Salamanca: «Venceréis, pero no convenceréis» simbolizando que la imposición o la fuerza bruta logran victorias temporales, pero nunca cambian la razón ni persuaden las conciencias.
Mientras tanto, los políticos tropiezan con la misma piedra y como alguien dijo “este es un país donde pasa todo, pero nunca pasa nada”, y lo pobres seguirán pobres y los ricos seguirán ricos, menos mal que por de pronto Bolivia figura en el lugar 81 de la lista de los Estados fallidos o frágiles, no está entre los primeros. Ojalá escapemos de esta miserable situación.
El autor es jurista.
