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Despedida del Cuerpo Diplomático en honor al Cónsul General de Chile

Tras tres años y diez meses de gestión en el país, el Cónsul General de Chile, embajador Fernando Velasco, y su compañera de vida, Verónica, fueron protagonistas de un acto de despedida organizado por el Cuerpo Diplomático acreditado en Bolivia. El encuentro, encabezado por el Nuncio Apostólico, monseñor Fermín Sosa, fue para reconocer los avances bilaterales logrados durante su misión y desearle éxito en sus nuevos desafíos profesionales.
El momento central del evento llegó con las palabras del embajador Velasco, quien inició su discurso con una sensible mención a la coyuntura del país y un agradecimiento especial a sus colegas, valorando el esfuerzo de acompañarlo en momentos complejos, haciendo un guiño al «preciado combustible» de las últimas semanas.
Con la elocuencia y el carisma que lo caracterizan, el diplomático chileno repasó lo que significó llegar a La Paz hace tres años y diez meses, una experiencia que describió como un inmenso desafío tanto profesional como personal. En el plano íntimo, recordó cómo la compañía de Verónica en La Paz llevó la integración cultural a niveles no vistos cuando ingresó a la fraternidad de la Ferrari para bailar en el Carnaval de Oruro.
En el ámbito profesional, Velasco arrancó risas de complicidad al confesar entre bromas que, al ser esta su primera experiencia como Jefe de Misión, pensó que enviar a un «primerizo» a un puesto tan sensible como Bolivia había sido un error de su cancillería. «Dicho eso, al menos estamos despidiéndonos sin entuertos mayores en la relación bilateral», afirmó con satisfacción, solicitando además el mismo soporte y afecto para su sucesor y compañero de promoción, el embajador Roberto Ruiz.
“Me voy con el corazón lleno por la calidez con la que este país y su gente me recibieron y acogieron… En el entramado de la diplomacia, son los lazos humanos los que sostienen los puentes más firmes”, enfatizó visiblemente emocionado, extendiendo una gratitud especial al Nuncio Apostólico y Decano del Cuerpo Diplomático, Fermín Sosa.
Más allá de los brindis y las felicitaciones, su labor en el país deja un legado de entendimiento mutuo. Guiado por la convicción de que la vecindad es un destino compartido, Velasco impulsó una agenda de «paso a paso» enfocada en la cultura, el comercio, el turismo y la integración fronteriza.
Bajo su liderazgo, se lograron reactivar instancias clave de diálogo bilateral que permanecían congeladas.
Su gestión destacó especialmente por el trabajo conjunto en la optimización fronteriza para facilitar el libre tránsito en los complejos limítrofes, lo que impactó directamente en la calidad de vida de miles de ciudadanos. Asimismo, promovió un notable florecimiento cultural mediante el impulso a iniciativas artísticas y académicas bilaterales, bajo la premisa de que el arte une aquello que la política a veces distancia, y consolidó una gestión migratoria basada en una cooperación vecinal eficiente y respetuosa ante los desafíos transfronterizos complejos.

 

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