La crisis económica y social que atraviesa Bolivia profundiza la pobreza y, sin diálogo ni reencuentro, las personas en situación de mayor vulnerabilidad seguirán como las más afectadas, advirtió la Fundación Jubileo, al evaluar el impacto de más de un mes de bloqueos en el país.
Las medidas de presión restringieron la circulación de alimentos, combustibles y medicamentos, y colocaron el abastecimiento de las ciudades en una situación crítica. Según Jubileo, este escenario agrava una crisis multidimensional que Bolivia ya enfrentaba y que hoy se expresa en uno de los episodios inflacionarios más severos de las últimas décadas.
El director de la Fundación Jubileo, Juan Carlos Núñez, alertó que la clase media es una de las principales víctimas de los bloqueos, debido a la pérdida de empleos, la falta de ingresos y la fragilidad económica de miles de hogares.
Núñez advirtió que parte de la clase media podría retornar a la pobreza si la crisis se prolonga. “De cada 10 hogares, siete viven en la economía informal, debido a que no cuentan con seguridad social”, señaló.
El representante de Jubileo también reflexionó que millones de familias podrían encontrarse sin ahorros suficientes para resistir la actual situación de paralización económica.
En la misma línea, el analista económico, Gustavo Machicado, indicó que muchas personas ya habrían agotado sus ahorros e ingresado en una situación de quiebra familiar o empresarial. A su criterio, los bloqueos agravan la economía nacional, profundizan la recesión y podrían duplicar las estimaciones de contracción publicadas por organismos internacionales.
La Fundación Jubileo también advirtió que la inflación de alimentos redujo el poder adquisitivo de la población. Según la institución, este indicador registró un incremento de 30% en 2025 y hasta abril de la presente gestión llegó a 15%.
Los sectores más expuestos son quienes viven del ingreso diario, entre ellos trabajadores informales, transportistas, productores, vendedores y familias rurales. Para Jubileo, los bloqueos dejan sin protección a estos grupos porque interrumpen sus ingresos y limitan su acceso a alimentos, transporte y atención básica.
La institución también alertó sobre un riesgo creciente de inseguridad alimentaria. Los bloqueos impiden que los productores trasladen su mercadería a las ciudades, mientras la producción rural se deteriora por la imposibilidad de comercializar las cosechas.
Jubileo sostuvo que la medida afecta tanto al campo como a la ciudad: unos no pueden vender sus productos y otros no pueden abastecerse. En ese contexto, consideró que los bloqueos aplicados por dirigencias sindicales constituyen un “tiro al pie”, porque golpean simultáneamente al área rural y urbana, por lo que sus promotores deben asumir responsabilidad.
El análisis de Jubileo coincide con el criterio de Machicado en que la recuperación económica tomará tiempo, aun cuando se restablezca la circulación en las rutas.
De acuerdo con el estudio “Pobreza en Bolivia”, elaborado por Fundación Jubileo, el país ya enfrentaba un problema estructural antes del actual conflicto. En 2024, la pobreza moderada afectaba a 37,7% de la población, equivalente a 4,7 millones de personas, mientras que la pobreza extrema alcanzaba a 12,8%, es decir, a 1,6 millones de personas.
Al ajustar las líneas de pobreza al costo real de vida e incorporar la inflación acumulada, la pobreza moderada sube a un rango de entre 44% y 47%, lo que equivale a entre 5,5 y 5,8 millones de personas. Esto significa que entre 800.000 y 1,2 millones de bolivianos adicionales viven en pobreza, aunque no aparecen plenamente reflejados en las cifras oficiales. Informes de Jubileo también alertaron que, al actualizar las líneas de pobreza por inflación, los indicadores pueden ubicarse entre cinco y ocho puntos porcentuales por encima de las cifras oficiales.
La pobreza extrema ajustada por inflación se ubicaría entre 17,5% y 19%, con una afectación de entre 2,2 y 2,4 millones de personas. Según Jubileo, los indicadores oficiales quedaron rezagados frente al aumento del costo de vida, lo que deja fuera del radar estadístico a cientos de miles de familias vulnerables.
La institución también advierte que la denominada clase media es, en gran medida, un sector frágil que vive cerca de la frontera de la pobreza. Un aumento en el precio de los alimentos, la pérdida del empleo, una enfermedad o una crisis económica pueden empujar rápidamente a estos hogares por debajo de la línea de pobreza.
Un bloqueo prolongado representa ese tipo de shock combinado: encarece la canasta básica, interrumpe ingresos y paraliza la actividad de millones de personas. Para un hogar que vive al límite, varias semanas sin trabajar, vender o abastecerse no son solo una incomodidad, sino la diferencia entre comer y no comer.
Esta fragilidad se profundiza en un mercado laboral altamente informal. Jubileo señala que 83,9% de la población ocupada trabaja en la informalidad, sin seguro de salud, sin jubilación ni protección laboral. Reportes vinculados al estudio de la institución también ubican la informalidad en niveles cercanos al 84% en Bolivia, una de las tasas más altas de Sudamérica.
Para Jubileo, hablar de pobreza en Bolivia no es repetir un diagnóstico conocido, sino mirar un problema estructural que, pese a avances parciales y periodos de bonanza, nunca dejó de estar presente.
La institución advierte que la actual combinación de crisis económica, inflación acumulada, alta informalidad, crisis energética, estancamiento productivo y conflictividad obliga a analizar la pobreza no solo como dato estadístico, sino como una situación que afecta directamente a la dignidad humana.
En su diagnóstico, Jubileo remarcó que 1,2 millones de pobres están invisibles en las cifras oficiales, que el consumo de alimentos no saludables se duplicó en tres años, que la clase media puede caer en pobreza ante cualquier shock y que cerca de 84% de los bolivianos trabaja en la informalidad, sin seguro de salud, jubilación ni protección social.
