La sociedad boliviana se encuentra atravesando una situación política convulsiva, producto de la acumulación de problemas, desde decenios atrás. Sin embargo, ese movimiento es espontáneo y hasta inconsciente debido a que carece de orientación política, no sabe de dónde viene y a dónde va, defecto que en vez de producir el paso a la normalidad y la gobernabilidad no tiene, al parecer, salida.
Las masas populares movilizadas no saben qué es lo que quieren, dirigentes sindicales no tienen noción de los problemas nacionales y, por tanto, adoptan actitudes demagógicas que conducen a agravar, aún más, la situación política y económica actual y que manifiestamente conducen a una situación de mayor gravedad.
La crisis gira en un círculo vicioso que, en su movimiento, siempre vuelve al mismo punto de partida, incapaz de entrar en espiral. Caen en esa pendiente, los partidos políticos, sus dirigentes y algunas autoridades que, generalmente, seguían por emociones y no por el pensamiento avanzado y, por tanto, se orientan por el subjetivismo.
El levantamiento social actual no tiene dirección ni programa ni metas históricas para el futuro y, en cambio, sus integrantes miran al pasado. Lo mismo sucede con los hoy opositores, que solo pescan en río revuelto.
En efecto, no proponen solución objetiva ante la situación convulsiva, solamente hacen propuestas descabelladas que, finalmente, vuelven al mismo punto de partida. No tienen imaginación para encontrar la salida ante la crisis. Sin embargo, esa crisis existe y se debería buscar la forma de realizar una Asamblea Constituyente que estudie y dicte las medidas necesarias para salir del caótico laberinto en que nos encontramos. Esta medida ineludible comprendería otros aspectos imprescindibles, en su caso.
Esa acción sería la única que permita volver al orden democrático y permitir su desarrollo. De esa forma, el movimiento social convulsivo quedaría sin las condiciones que la alientan, las cuales han sido establecidas por nefastos gobiernos del MAS durante sus veinte años de vigencia. Esa tercera solución, al margen de las violentas protestas sociales y una posible declaratoria de estado de excepción, es aplicable, es decir la convocatoria a una Asamblea Constituyente, porque esa fórmula ya fue experimentada en varios episodios conflictivos de la vida nacional.
