El exministro y abogado, Guido Añez Moscoso, advirtió que Bolivia atraviesa una de las crisis más graves de su historia republicana y afirmó que el conflicto actual no responde únicamente a una disputa política, sino a una reacción de estructuras criminales que, según su criterio, estuvieron vinculadas al poder durante casi dos décadas.
La posición fue expuesta en un texto de opinión titulado “La única salida”, en el que Añez sostiene que los bloqueos, la presión callejera y la demanda de renuncia del presidente Rodrigo Paz deben analizarse desde la expansión del crimen organizado y no solo desde la protesta social.
“Bolivia atraviesa una de las crisis más profundas de su historia republicana. No se trata de una crisis política ordinaria, de esas que el país ha sabido resolver con pactos, negociaciones y algo de pragmatismo”, señala.
Añez afirma que el país enfrenta una “resistencia organizada” de estructuras criminales que habrían colonizado instituciones estatales. En su criterio, esos grupos sienten amenazados sus espacios de influencia frente a las acciones del actual Gobierno.
El exministro cita como respaldo un informe de la Fundación Milenio sobre economías ilícitas y criminalidad transnacional en Bolivia. Ese documento, advierte sobre el crecimiento del narcotráfico, la minería ilegal y la infiltración del crimen organizado en estructuras estatales.
El reporte de la Fundación Milenio sostiene que Bolivia pasó de ser un territorio de tránsito y producción limitada de cocaína a convertirse en un centro integrado de producción y exportación, con conexiones internacionales más complejas. También menciona la presencia de redes criminales articuladas con organizaciones transnacionales y alerta sobre debilidad institucional, corrupción e impunidad.
En ese contexto, Añez plantea que los sindicatos cocaleros del Chapare, las organizaciones que bloquean carreteras y los dirigentes que movilizan sectores sociales no deben ser entendidos solo como actores políticos o sindicales, sino como parte de una estructura más amplia de protección de economías ilegales.
“Durante veinte años, ese sistema funcionó con una lógica perversa pero coherente: el narcotráfico financiaba la política, la política protegía al narcotráfico, y ambos se cubrían bajo el manto de la lucha por la soberanía y los derechos indígenas”, afirma el exministro en su texto.
Añez también vincula la situación actual con la expulsión de la DEA en 2008, a la que considera un punto de inflexión en el debilitamiento de la cooperación internacional antidrogas. El informe citado por El Deber también menciona la salida de la agencia estadounidense y la reducción de cooperación internacional como factores que habrían favorecido la proliferación de laboratorios y el fortalecimiento de estructuras criminales.
El exministro sostiene que la renuncia del presidente Rodrigo Paz no resolvería la crisis. Por el contrario, afirma que enviaría una señal de que el crimen organizado tiene capacidad de veto sobre los gobiernos democráticamente elegidos.
“Que nadie se engañe pensando que la renuncia del presidente Rodrigo Paz resolvería algo. Al contrario: sería la señal más clara de que en Bolivia el crimen organizado tiene poder de veto sobre los gobiernos”, sostiene.
La advertencia se produce en medio de un escenario de protestas, bloqueos y tensión política. Medios internacionales reportaron que las movilizaciones contra el Gobierno de Paz derivaron en cortes de rutas, enfrentamientos, muertos, heridos y pedidos de renuncia, mientras autoridades bolivianas y estadounidenses denunciaron intentos de desestabilización.
Añez plantea como única salida la cooperación internacional “decidida y sin complejos”. En su texto compara el caso boliviano con la respuesta del presidente ecuatoriano Daniel Noboa frente al crimen organizado, cuando declaró conflicto armado interno y recurrió al respaldo de aliados externos.
El exministro advierte que Bolivia se encuentra ante una encrucijada: avanzar en cooperación internacional y enfrentar el crimen organizado o ceder ante las presiones de grupos movilizados que, según su análisis, buscan debilitar al Gobierno.
En esa línea, defiende la continuidad de la estrategia del Escudo de las Américas, mecanismo regional que expresó respaldo al Gobierno boliviano y preocupación por los bloqueos. Según Erbol, los países miembros de esa iniciativa manifestaron su “profunda preocupación” por protestas y cortes de carretera que, a su juicio, buscaban subvertir el orden constitucional y desestabilizar al Gobierno de Rodrigo Paz.
“Bolivia está en esa encrucijada exacta. Si el gobierno de Paz cede ante la presión de las calles criminalizadas, si retrocede en la cooperación con la DEA, si abandona la estrategia del Escudo de las Américas, el país no volverá simplemente a la normalidad del MAS”, afirma Añez.
El exministro concluye con un llamado a aceptar ayuda externa y a no retroceder frente a las estructuras que, según el exministro, pretenden convertir la presión callejera en un mecanismo de control político.
“La historia no perdona la debilidad en los momentos decisivos. Bolivia necesita hoy lo que más le cuesta aceptar: ayuda externa, cooperación internacional sin eufemismos y la determinación de no rendirse”, señala el texto.
Desde la perspectiva de Añez, la crisis boliviana ya no puede ser tratada únicamente como una protesta social o un conflicto de gobernabilidad. Para el exministro, el país enfrenta una disputa de fondo entre institucionalidad democrática y economías ilícitas con capacidad de presión política.

