Nos robaron la esperanza, durante veinte años. Frustraron nuestras expectativas de mejores días. Nos legaron un país quebrado. Nos aislaron del mundo libre y del mercado libre. Nos contaminaron con ideologías de tendencia socialista. Nos dividieron entre cambas y collas. Nos obsequiaron las cacerolas vacías y los sueldos sin poder adquisitivo. Nos transfirieron el festín de la corrupción. Nos dejaron a quienes amasaron fortuna, con recursos fiscales. Además, sin la posibilidad de recuperar nuestro acceso al océano Pacifico. En el juicio que se ventiló en La Haya, el adversario devastó nuestra reivindicación marítima.
El pueblo tiene memoria y no permitirá el retroceso, ni que nos vuelvan a robar nuestras esperanzas, quienes usufructuaron del Poder. Hoy las cosas han cambiado. Se impone la madurez política, como signo de convivencia civilizada. El tiempo, asimismo, de la reflexión y la unidad inquebrantable. Tampoco permitirá la rearticulación del vandalismo, que, en el pasado, como es de conocimiento público, provocó inmensas pérdidas económicas, al Estado y sector privado. Menos la amenaza de algunos sectores deschavetados.
En ese marco surge la necesidad de asumir una sola dirección política, para fortalecer los objetivos que conlleva la transformación nacional en la coyuntura. Con coraje, consenso y firmeza de todos, sin distinción de clase social, credo religioso o color político, Bolivia logrará arrinconar a los que promueven el retorno de un pasado desastroso, que significa menosprecio a las aspiraciones de mejores días. Y en democracia, recuperada hace más de 40 años. Entretanto, juega un rol negativo la gente que se limita a lanzar críticas, sin proponer algo, en concreto. Pero se impondrá la transformación, pese a quien pesare.
Nos toca protagonizar el destino histórico de Bolivia. En un momento que ella, tiene la salud quebrantada. Hagámoslo deponiendo intereses particulares y guiados tan solo por el interés común. Pensando en el futuro de nuestros hijos y nietos. Desechando cálculo político, oportunismo y demagogia. Sometiéndonos al servicio incondicional de la Patria, que está en crisis. Tratando de cerrar los resquicios regionalistas, que separan a orientales y occidentales. Buscando el crecimiento con desarrollo sostenible. Es decir, con un desarrollo integral. Puesto que es una estrategia de desarrollo, que abarca temas económicos, sociales y ambientales. Uno de sus enunciados se propone acabar con la pobreza. Fenómeno social que golpea a la mayoría de los pueblos latinoamericanos. Permitirá generar empleo, para ofrecer mejores condiciones de vida. Evitará el crecimiento de la informalidad. Tareas que deberán ser encaradas con visión futurista. Con innovación, dinamismo y la incorporación de tecnologías avanzadas.
En suma: no permitamos que nos roben nuevamente la esperanza, quienes se enriquecieron con los recursos fiscales en el pasado reciente.
Nos robaron la esperanza
Severo Cruz Selaez
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