InicioSeccionesOpiniónCompulsar para docente en Bolivia: acumular papeles o quedar fuera

Compulsar para docente en Bolivia: acumular papeles o quedar fuera

Roxana Ichuta Triguero

Acceder a una compulsa de méritos para obtener un cargo docente se ha convertido en un objetivo imposible para la gran mayoría de los maestros normalistas. Haciendo una hipérbole, las compulsas se asemejan a una batalla donde todos son enemigos. Entonces un docente tiene que presentarse con una gran cantidad de papeles, mientras tenga mayor cantidad de documentación, tendrá mejores oportunidades.

La frase “el fin justifica los medios” expresa que para conseguir un propósito uno debe valerse de todo tipo de estrategias y atajos; aunque esto implique abandonar la ética y pasar por encima de los demás con tal de salirse con la suya, lo cual sucede en las compulsas. En la coyuntura educativa actual, los docentes titulados de las Escuelas Superiores de Formación de Maestros –antes Institutos Normales Superiores– buscan plazas dentro del servicio público para poder acceder a un sueldo pagado por el Estado.

De este modo, a mediados de la década de los años 2000 – 2010 surge una modalidad denominada “compulsa de méritos”, que consiste en una competencia de presentación de documentos como títulos, además de otros documentos y quien obtenga el puntaje más alto es designado en un cargo docente. Desde la gestión 2018, en concomitancia con hacer cumplir el Reglamento del Escalafón Nacional DS 4688 se empieza a engrosar el formulario de requisitos, exigiendo “reconocimientos”, “diplomas”, “funciones sindicales”, “función pública” y “cargos jerárquicos”. Ya en el año 2023 se implementa una nueva ficha de calificación de méritos bastante similar con la que se evalúa a los postulantes a direcciones de Unidades Educativas y otros cargos jerárquicos superiores.

En este contexto, los maestros son sometidos a parámetros de evaluación exorbitantes y absurdos, que se circunscriben al Escalafón Nacional DS 4688 del 18 de julio de 1957 –hace casi 69 años–, y conseguir un cargo docente se ha convertido en un calvario de nunca terminar. Por lo cual se puede cuestionar algunos requisitos, como en el acápite IV. Méritos Generales, específicamente el punto número 4, “Por desempeño de funciones públicas y sindicales destacadas y trabajo en comunidades”. Por ejemplo, en el caso de Células Sindicales: esta labor tiene la duración de dos años, por lo que no todos los docentes tendrán la posibilidad de asumir esta responsabilidad. En el caso de jurados electorales, el Órgano Electoral Plurinacional mediante los Tribunales Electorales Departamentales realiza un sorteo aleatorio, donde no todos los docentes serán designados como jurados electorales. Lo mismo pasa con los cargos y carteras sindicales o asociaciones, no todos contarán con algún terreno, propiedad o un bien para desempeñar este tipo de autoridad. Entonces, dichas credenciales no deberían ser consideradas como méritos sino como una responsabilidad ciudadana y no entremezclarse como un logro docente.

En el mismo acápite, punto número 5  denominado “Por desempeño de funciones jerárquicas”, en cuya lista figuran Director de Unidad Educativa o docente de ESFM, Director Distrital y lo más irrisorio y paradójico: Director Departamental, Director General de Educación y Ministro o Viceministro, mostrando un total desconocimiento de la realidad nacional, sabiendo que solamente  hay 9 departamentos y que para acceder a un cargo como Director Distrital o  Director Departamental   se exige haber cumplido tres gestiones consecutivas o discontinuas –es decir 9 años en total–  en cargos jerárquicos, por lo cual se limita oportunidades a las nuevas generaciones de docentes.

La cereza del pastel:  los cargos como Ministro, Viceministro o Director General de Educación son de nombramiento político, por el Gobierno de turno que designa a profesionales de distintas áreas en esta cartera y no sólo a docentes, por lo tanto, serán contados profesores que acumularán puntaje en ese espacio, lo que refleja una brecha abismal para las nuevas generaciones.

Otra tarea pendiente, es analizar por qué hay requisitos como presentación de diplomas, reconocimientos, condecoraciones, premios y distinciones honoríficas. ¿Realmente existe una fuente de verificación para validar dichos méritos en los docentes?, ¿la presencia de estos cartones reflejará un buen desempeño docente? Son interrogantes que llaman a la reflexión y a la autoevaluación.

Rememorando, el formulario de compulsas de méritos para optar cargo docente en la gestión 2015, en el caso de maestros con años de servicio contemplaba 9 parámetros: inscripción al escalafón, título en provisión nacional, categoría, años de servicio, certificados de capacitación, título de licenciado, título de posgrado (diplomado), título de maestría, y otro título universitario. Haciendo una comparación con la ficha disponible en el Sistema de Planillas del Ministerio de Educación (SISEP), a la fecha actual hoy figuran 23 parámetros. Es decir, se incrementaron 14 casillas más para contabilizar los méritos de los profesores.

En síntesis, es positivo que se busque un perfil de docente actualizado; sin embargo, hasta el momento esta hermenéutica en la compulsa de méritos con una ficha exorbitante, estilo postulante a Dirección de Unidad Educativa, no ha dado frutos en lo que, a la calidad educativa se refiere. Ni qué decir de la comisión evaluadora y las pésimas condiciones en las cuales los docentes deben presentar sus documentos: en el suelo y con poca iluminación, lo que pone en tela de juicio un conteo de puntos de manera justa. No obstante, la exigencia más allá de una acumulación de papeles tendría que enfatizar el logro de resultados en el aula.

En consecuencia, la verdadera transformación educativa demanda implementar una nueva modalidad para el acceso a cargos docentes; por ejemplo, el desarrollo de una clase modelo, una entrevista profesional o un examen presencial de conocimientos generales de la especialidad o bien considerar como base el índice académico de los años de formación –promedio general de las notas o calificaciones. Quizá estas otras opciones requieran un mayor presupuesto económico; pero es preciso recordar que la Educación no es un gasto, sino una inversión para el país y que una buena calidad educativa tiene un efecto multiplicador.

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