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Otro abrazo para la historia

Raúl Ruiz Roca

El encuentro entre cancilleres de Chile y Bolivia en Chungará (Chile) – Tambo Quemado (Bolivia), ha sido presentado como un hito. Y por supuesto que lo es, pero incompleto. Por un lado, la voluntad de normalizar relaciones, modernizar acuerdos comerciales, mejorar la conectividad aérea y coordinar la lucha contra el crimen organizado es un avance real y por demás necesario. Por otro lado, la historia nos enseña que las élites económicas de ambos países siempre han intentado poner la “Integración pragmática” y los “Negocios” por delante del punto central que es la reivindicación marítima. Dichas élites anteponiendo lobbies empresariales por delante del fondo, operan sobre algo que no pueden ocultar “Primero los negocios, después lo otro”. Y lo otro nunca llega. Porque Chile sabe que, si normaliza del todo la relación bilateral sin tocar el tema central, gana todo sin ceder nada.
No se trata de rechazar la cooperación a estas alturas de nuestra historia mutua. Bolivia necesita inversión, tecnología, puertos y mercados. Chile requiere energía, recursos y rutas hacia el Atlántico. Bolivia tiene un dinamismo impresionante que podría atraer a empresarios chilenos, pero el error histórico ha sido pretender que el desarrollo económico reemplaza la solución al enclaustramiento.
Durante décadas, discursos dentro de Bolivia han cedido ante la presión de grupos de poder que priorizan acuerdos puntuales como la salida de minerales por Antofagasta y otros puertos de Chile, el ACE-22, el uso del oleoducto Sica Sica-Arica, el ingreso de mercancías a Bolivia por Zona Extraterritorial Impositiva Chilena y el ingreso de combustible por los puertos chilenos, sin exigir una agenda clara hacia el Pacífico. Eso ha postergado el derecho más elemental que tenemos los bolivianos, recuperar nuestro acceso soberano al mar.
Actualmente, con el presidente Kast en Chile y el presidente Paz en Bolivia, el contexto político es distinto, pero no necesariamente favorable. Chile y el presidente Kast con sus zanjas y su política migratoria agresiva, mantienen su postura de que “Todo está resuelto con Bolivia” vía Tratado de Paz y Amistad de 1904. Bolivia sigue insistiendo que no. El presidente Paz dijo en su discurso del 23 de marzo de 2026, “Que la reivindicación marítima nunca se olvida, siempre estará presente, porque esa es la fuerza que nos motiva a cuidar toda la patria”. El diálogo actual, si bien es positivo, no debe convertirse en un nuevo parche que maquille la ausencia de una solución.
Avanzar en integración física, turismo e inversiones está bien. Ningún vuelo comercial ni renovación de protocolos consulares, devuelve a nuestro Estado su condición de país marítimo. La sentencia en contra nuestra ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya, sigue vigente en el imaginario nacional, por lo que cualquier acuerdo bilateral deberá, tarde o temprano, abordar el tema de fondo.
Cooperar sin ceder no es incompatible. Pero pretender que los pueblos olviden su causa histórica en nombre de la integración pragmática, es repetir los errores del pasado. Bolivia puede y debe avanzar con Chile en lo económico, pero sin dejar de lado lo irrenunciable: “Una salida soberana al Pacífico”.
¡Viva Bolivia, hacia el mar!

El autor es Abogado Geopolítico de Altos Estudios Nacionales en Seguridad, Defensa y Desarrollo y Ex Cónsul de Bolivia en Chile.

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