El Gobierno todavía tiene margen para corregir errores, pero ese tiempo político se reduce rápidamente fue la advertencia del politólogo Franklin Pareja, en entrevista con EL DIARIO.
Consideró que la administración del presidente del Estado, Rodrigo Paz Pereira, aún puede recomponer su rumbo si logra resolver problemas estructurales, construir acuerdos políticos, recuperar capacidad de conducción y mostrar resultados concretos en medio de una crisis económica y social marcada por la escasez de divisas, el desgaste institucional y la conflictividad.
Según el analista, el Ejecutivo enfrenta un escenario complejo, pero no irreversible. A su juicio, aún existe una ventana de oportunidad para ordenar el Gobierno, aunque advirtió que la percepción ciudadana se deteriora cuando las decisiones son lentas, contradictorias o terminan siendo revertidas bajo presión.
“Todavía hay margen para corregir, pero el tiempo pasa rápido y los resultados tampoco se ven”, sostuvo.
Pareja afirmó que uno de los principales errores del Ejecutivo ha sido actuar sin una estrategia política clara pese a no contar con una correlación legislativa favorable. En ese contexto, remarcó que el Gobierno no tiene fuerza parlamentaria suficiente para actuar de forma autónoma y que, por tanto, toda medida importante debe estar precedida por negociación política.
“Es un gobierno que no tiene una fuerza y tampoco una correlación de bancada que le permita ser autónomo en sus decisiones. Todas las decisiones están supeditadas a un proceso de negociación”, afirmó.
El politólogo sostuvo que el primer paso para recuperar gobernabilidad debe ser la construcción de un acuerdo político con las fuerzas realmente vigentes en el escenario nacional. En ese marco, mencionó al PDC, Unidad Nacional, Libre y la organización política de Manfred Reyes Villa como actores con los cuales el Ejecutivo debería comenzar a construir consensos.
“El acuerdo político es sobre lo existente. Eso tiene que haber. Ese es el primer punto de partida”, remarcó.
A criterio del analista, los primeros seis meses de gestión debieron servir para consolidar pactos legislativos orientados a aprobar leyes, designar autoridades por dos tercios, impulsar reformas y garantizar estabilidad política. Sin embargo, observó que el tiempo transcurrió sin que se consolide una base mínima de gobernabilidad.
Pareja también identificó un obstáculo adicional en el rol del vicepresidente, quien constitucionalmente preside la Asamblea Legislativa y debería fungir como articulador político. No obstante, afirmó que el Gobierno se encontró con una situación adversa.
“El arquitecto de esos acuerdos políticos es el vicepresidente. Y el Gobierno se ha encontrado que, en vez de tener un vicepresidente, tiene un opositor”, señaló.
Otro de los cuestionamientos del analista apunta a los retrocesos del Ejecutivo frente a conflictos sociales o presión sectorial. A su juicio, cada marcha atrás debilita la autoridad gubernamental y deja instalada la percepción de que cualquier medida puede revertirse mediante presión o movilización.
“El problema de retroceder una vez y una segunda vez es que pierde credibilidad y además pierde fuerza”, sostuvo.
Para ejemplificar, comparó la coyuntura actual con el Decreto Supremo 21060 aplicado durante el gobierno de Víctor Paz Estenssoro en 1985. Según Pareja, aquella administración no retrocedió pese al conflicto social, mientras que el Gobierno actual transmite una señal distinta: que el repliegue es posible.
En esa línea, consideró que los errores gubernamentales terminan fortaleciendo a sectores radicales y organizaciones que, según dijo, aprovechan las equivocaciones del Ejecutivo para recuperar protagonismo político.
“No es que estén resucitando un muerto, pero sí le están dando la posibilidad de dar la señal de que están resucitando”, afirmó en referencia a sectores movilizados como la Central Obrera Boliviana.
Pareja sostuvo que el país parece atravesar nuevamente un clima político similar al de 2005, caracterizado por conflictividad, polarización y fragilidad institucional. Sin embargo, aclaró que gran parte de esa reactivación responde al aprovechamiento político de los errores oficiales.
El politólogo también hizo énfasis en la percepción social sobre el Gobierno y explicó que esta no es uniforme. Según dijo, existen al menos tres miradas distintas sobre la actual administración.
“Para los pobres, este es el gobierno de los ricos. Para la oposición, es un gobierno corrupto. Y para los analistas, es un gobierno inepto”, resumió.
Explicó que en sectores populares existe la percepción de un Ejecutivo cercano al empresariado; mientras que la oposición cuestiona su transparencia y los analistas lo observan como una gestión lenta, temerosa y con escasa capacidad de decisión.
A partir de ese diagnóstico, Pareja sostuvo que el Gobierno necesita actuar en varios frentes simultáneamente. Si la población lo percibe como un gobierno “pro ricos”, dijo, debe desmontar esa imagen mediante políticas sociales concretas. Si enfrenta acusaciones de corrupción, necesita reforzar mecanismos de transparencia. Y si se lo ve como ineficiente, debe mostrar señales visibles de gestión y resultados. “Hay que atacar en diferentes planos”, afirmó.
El analista cuestionó además la falta de cohesión interna del Ejecutivo y señaló que las distintas áreas del Gobierno parecen funcionar de forma aislada, como “compartimientos estancos” o “islas”, sin una línea común de coordinación política.
“Si forman un archipiélago de decisiones, tiene que haber alguien que genere esa correa de transmisión. Y esos tienen que ser los operadores políticos”, sostuvo.
Consultado sobre si esos operadores existen actualmente, evitó responder de forma categórica, aunque aseguró que los resultados no reflejan una estructura política efectiva. “No sé si existen o no existen, pero los resultados no son buenos”, dijo.
Pareja también fue crítico con la composición del gabinete ministerial. Consideró que el Ejecutivo carece de un gabinete político fuerte y que varias autoridades pueden ser profesionales competentes en sus áreas, pero no necesariamente cuentan con experiencia política ni capacidad de conducción en momentos críticos. “No basta con ser experto en el área. Tiene que ser un gobierno de tecnopolíticos”, afirmó.
Según explicó, un tecnopolítico es alguien que combina conocimiento técnico con capacidad política, lectura estratégica y habilidades gerenciales para tomar decisiones en escenarios complejos.
Desde su perspectiva, el gabinete actual no transmite fortaleza ni cohesión. “Se los ve duplicativos, temerosos y a muchos ni se los conoce”, observó.
Otro de los puntos centrales de su análisis fue la política comunicacional. Pareja afirmó que el Gobierno no solo comunica mal, sino que en realidad no tiene una estrategia comunicacional.
“No existe una política comunicacional”, sostuvo.
Explicó que gobernar no puede reducirse a videos en TikTok, mensajes en X, spots ocasionales o publicaciones en redes sociales. A su juicio, la comunicación gubernamental requiere una línea clara, una narrativa común y un plan país previamente definido. “Todos tienen que hablar el mismo idioma”, afirmó.
El politólogo reconoció, no obstante, que el Ejecutivo recibió un país atravesado por crisis económica, polarización, escasez de dólares y fractura social, lo que hace más difícil resolver problemas de forma simultánea. Sin embargo, advirtió que el argumento de la herencia recibida tiene límites.
“Al año ya se puede hacer una evaluación seria. Ya no se pueden pedir grandes excusas”, señaló.
En el plano económico, Pareja consideró que resolver la escasez de divisas es la tarea más urgente. A su juicio, si el Gobierno logra estabilizar ese frente, la percepción ciudadana podría cambiar significativamente.
“Si resuelven el tema de la escasez de divisas, la percepción puede empezar a cambiar de forma muy notable”, afirmó.
Asimismo, observó que la política monetaria permanece en incertidumbre, situación que —según dijo— genera una especie de “estrés colectivo” porque la población no sabe qué ocurrirá en el corto plazo.
Entre los errores más visibles, mencionó el reciclaje de figuras políticas vinculadas al anterior ciclo gubernamental, lo que, según consideró, afecta la credibilidad del Ejecutivo. “Es una máquina de reciclar masistas”, cuestionó.
También observó la ausencia de una política de austeridad contundente. Según dijo, el presupuesto estatal no refleja un recorte significativo del gasto público, pese a la crisis económica. “No parece haber una política decidida de austeridad”, sostuvo.
En política exterior, criticó la falta de renovación diplomática y la ausencia de embajadores o cónsules en un momento en el que Bolivia necesita reconstruir relaciones internacionales, atraer inversiones y fortalecer vínculos externos.
Finalmente, Pareja insistió en la necesidad de abandonar la práctica de autoridades interinas y avanzar en designaciones por consenso legislativo. “No se puede continuar con las mismas prácticas del pasado: autoridades interinas. Para eso hay que negociar”, afirmó.
En criterio del analista, el Gobierno aún tiene margen para corregir, pero debe hacerlo rápido. Pactar políticamente, resolver la crisis de divisas, profesionalizar su gabinete, transparentar la gestión, ordenar la comunicación y mostrar señales concretas de eficiencia serán factores determinantes para recuperar autoridad antes de que el desgaste termine consolidándose.
“El tiempo pasa rápido y los resultados tampoco se ven”, concluyó.

