El ser humano es un animal más entre los seres vivos de la naturaleza, y se diferencia de los demás por su aptitud de razonar, pero a su vez es uno de los seres vivos más ruines, de donde se infiere que su razón le lleva a obrar bien o mal. El premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, cuestionó: ¿Cuál es el animal del que huyen todos los animales? Y se responde: el animal humano. Precisamente para frenar, en alguna manera, los ímpetus perversos de los individuos, fueron creadas las religiones y se organizó el Estado que impone el derecho, es decir las leyes a las que debe sujetarse el individuo en sociedad.
El desarrollo de la sociedad desde la primitiva tribu, a la compleja sociedad actual, es, sin duda, un avance histórico considerable. Sin embargo, aun en la sociedad de este tiempo, el individuo sigue cometiendo actos condenados por la ética y las normas. Se ha demostrado que, en las sociedades más desarrolladas, los niveles de educación son los que determinan los niveles de vida, pues los recursos naturales, pese a su valor económico, no han determinado niveles de vida desarrollados en sus sociedades.
La pasada semana se produjo en el aeropuerto de El Alto, un accidente de una nave militar que transportaba billetes impresos en el extranjero, con destino al Banco Central. El lamentable accidente se habría producido, debido a que la pista estaba con una alfombra de granizo que no permitió a la máquina frenar y se salió de la pista, ocasionando la muerte de dos y media docena de personas y numerosos heridos, la destrucción de numerosos vehículos y el derrame del dinero que transportaba. Esto ocasionó que miles de individuos de los barrios aledaños a la pista, se lancen en procura de hacerse del dinero, echando abajo la valla de seguridad de la pista, pasando por encima de muertos y heridos que estaban en rededor de la nave siniestrada. Incluso al intervenir la policía, destrozaron un vehículo policial y una ambulancia.
Más tarde un numeroso grupo de individuos que se percató de que un vecino había recolectado una buena cantidad de billetes, se fue a su casa y lo amenazó con incendiarla si no les daba el dinero. Éste ante la amenaza, echó el dinero por la ventana a la calle, mientras el tumulto de arrastraba por el suelo para recoger lo que pudiera.
La psicología estudia este comportamiento colectivo, y el derecho penal lo considera como delito colectivo, que se produce cuando cometen delitos grupos de personas, que actúan movidas por intereses momentáneos, como son los de hacerse del dinero público que se derramó en rededor del avión siniestrado. Además del delito colectivo, esos individuos perjudicaron la labor de rescate y atención de heridos, cuando se esperaba que ayuden a la atención de los afectados.
La condenable conducta de los vecinos y otros que se agolparon para asaltar los restos de la nave, tuvo que ser controlada con gases lacrimógenos y se ordenó la quema de los billetes, para evitar su saqueo. La “turbamulta” actuó en este penoso episodio, motivada por la angurria de dinero de acceso fácil, como era el que estaba derramado, no importa que era ajeno, pero estaba al alcance de las manos.
El comportamiento reprobable de algunos miles de individuos de la urbe alteña, no significa que todos los habitantes obren así, más al contrario, seguramente una mayoría poblacional, censura la conducta que comentamos. Este acontecimiento nos debe llevar a reflexionar sobre el bajo nivel de educación en general y la ausencia de valores humanos y ciudadanos, en una parte de nuestra población, que actúa como una turbamulta que arremete contra las leyes, las buenas costumbres, la propiedad privada y pública. Ello tiene que llevarnos a que la buena educación de la población, sea una política de Estado, pues no olvidemos que solo la educación, es el camino al desarrollo humano y el progreso social.
Algunos individuos pretenden justificar la conducta que reprobamos, como si fuera algo normal, incluso un viceministro en una radioemisora, o argumentar que se llevaba el dinero a Santa Cruz, reflejando el odio regional que fue alentado por el régimen que nos gobernó dos décadas, a lo que respondemos ¡NO!, nada justifica la comisión de delitos colectivos ni individuales, pues en un estado de derecho, todos debemos cumplir las leyes, por encima de regiones, grupos sociales o de cualquier índole.
El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.
